martes, 15 de julio de 2014

La Miskki Simi y el encholamiento

Evoco con lujo de detalles aquella tarde en que el poeta Carlos Ávila Claure, mi profesor de literatura, leyó La Miskki Simi (La de la boca dulce) de Adolfo Costa du Rels, en voz alta en medio de un grupo de estudiantes que bien pudo ser el que presenció la caída de Joaco, en Uyuni, que consolidó una de las líneas más prolíficas de la literatura nacional: el encholamiento.
Con el paso de los años he vuelto una y otra vez a releer este cuento, que, a mi juicio, es -con El pozo, de Augusto Céspedes- uno de los mejores que se han escrito en el país.
El encholamiento, que es la relación que por lo general entabla un señorito de la élite con una mujer mestiza o chola, conduce, desde el punto de vista del escritor Costa du Rels, a una gradual caída sin retorno. Pero a mí me gusta más la definición del sociólogo Salvador Romero Píttari, incluida en su bella obra Las Claudinas. Libros y sensibilidades a principios de siglo en Bolivia: las heroínas de este subgénero tan particular de la literatura nacional son cholas preponderantemente dominantes y que, en virtud de esa fuerza, se imponen a amantes débiles, por lo general de la élite local, para fundar familias con hijos emprendedores. Es decir, el eje es una relación amorosa entre una chola o mestiza fuerte, la sal de la tierra, con hombres dominados por el pesimismo y poco prácticos para las tareas cotidianas, como el célebre Adolfo Reyes de La chaskañawi del escritor Carlos Medinaceli .
El magnífico crítico cochabambino Luis H. Cachín Antezana ha señalado que las ficciones en derredor del encholamiento conforman una de las grandes ramas -y yo diría que una de las más fuertes- de la literatura boliviana, junto, por ejemplo, con las novelas y cuentos sobre la Guerra del Chaco y el drama de las minas.
En La Miskki Simi, el cochabambino Joaquín Ávila, más conocido como Joaco, descendiente de una ilustre familia valluna, arriba a la entonces activa localidad de Uyuni, que hay que imaginar como un bullente pueblo -un Yukón, aunque algo atenuado, como el que pinta Jack London- donde se han dado cita los que buscan, gracias al afortunado hallazgo de una veta, convertirse en millonarios de la noche a la mañana, la infaltable aunque raquítica burocracia estatal y el comercio que abastece a las minas.
Costa du Rels pinta al poblado andino como un lugar de destierro, alejado de los grandes centros urbanos, pero al cual llegan, paradójicamente, quienes intentan labrarse un mejor futuro, como Joaco, quien busca un golpe de fortuna para volver a Cochabamba y casarse con una novia cuya familia lo ha despreciado porque es pobre. Sin embargo, empujado por la monotonía de la vida provinciana, aunque también por su natural tendencia a la disipación, establece una relación con la bella y desafiante Claudina, la Miskki Simi, que gradualmente lo hunde en el abismo. Sus compañeros son testigos de la debacle y uno de ellos narra los pormenores de esta tragedia.
Joaco paga un alto precio por el encholamiento, porque lo pierde todo, desde su círculo de amigos que valoraba sus antecedentes "nobiliarios”, hasta su trabajo como funcionario aduanero. En oposición, Claudina, que es una "diabla”, no sólo mejora de situación económica y obliga a Joaco a delinquir como aduanero, sino que llegado el momento lo abandona, porque el cochabambino es un caso perdido: no sólo es pusilánime, porque en la relación amorosa ha sido derrotado por la ardiente Claudina, sino que ya ni tiene trabajo. Costa du Rels, en boca del narrador, sentencia que "todo destino telúrico es trágico”. Y una posible moraleja podría ser que el encholamiento es como veneno para los señoritos de la élite. Pero, por supuesto, la narración es mucho más rica. Y el arte del escritor sucrense estriba en construir un mundo alrededor de Joaco y Claudina, que redescubre una veta literaria.
¿Por qué digo que redescubre? Porque el encholamiento, como tema medular de la literatura boliviana, se advierte en un estado -se podría decir así, creo- larval en la novela En las tierras del Potosí, del sucrense Jaime Mendoza, en la cual relata que el joven capitalino Martín Martínez, por idénticas razones que Joaco, deja sus estudios de Derecho para buscar fortuna en las minas, donde no sólo conoce la dura realidad de los obreros, sino que se enamora platónicamente de la palliri Claudina.
Otro hito en la rama literaria del encholamiento fue establecida por el escritor Carlos Medinaceli. Pero, a contramano de Costa du Rels -a quien Medinaceli admiraba-, para el autor de La Chaskañawi el encholamiento no es una caída ni una tragedia, sino un acto fundacional, que es la respuesta al fin de ciclo, al agotamiento del conquistador español y también del indio, porque el resultado es un mestizo, el cholo, que reúne lo mejor de dos grandes grupos sociales. La lectura de la obra de Medinaceli aún puede aportar mucho al país.
Además, fuera de los personajes de Mendoza, Costa du Rels y Medinaceli, hay otras dos Claudinas: la de La estrella de agua, de Óscar Cerruto, y la de la novela Claudina de José S. Oteiza, que según se sostiene es la primera que se escribió en el país.

Costa du Rels confesó que Claudina en realidad existió, aunque con otro nombre. En una carta a los escritores Carlos Coello y Osvaldo Moreno, el autor de La Miskki Simi dice que "Angelina Closa, de 19 años, ha existido, así como Joaquín Ávila, muerto muy joven, víctima de su amor por Angelita”. Y agrega: "Era lindísima y tenía los ojos verdes”. Yo prefiero pensar que era como la chola de ese bello huayño: "Ojos Azules no llores /no llores ni tengas amores…”.

HOJA DE VIDA

Vida Nació en 1891, en Sucre. Falleció en 1980, en La Paz. Fue novelista, poeta, cuentista y dramaturgo. Ganó el Premio Nacional de Cultura (1975).
Obra Publicó las novelas Tierras hechizadas (1940), Laguna H-3 (1967) y otros.

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