miércoles, 15 de noviembre de 2017

Digno homenaje a la Guerra del Chaco con Historias de Oruro

La revista Historias de Oruro, presentó este lunes por la noche su trigésima sexta publicación, misma que está dedicada al conflicto bélico que marcó la historia del país en el siglo XX, la Guerra del Chaco, donde se presentan diferentes artículos que rescatan varios aspectos de este hito histórico de nuestro país y Latinoamérica.

El director general de la revista, Fabrizio Cazorla Murillo, recordó que la revista se publica desde el año 2010, cuando se realizó varios homenajes a fechas, instituciones, y hechos de relevancia de nuestro departamento y del país, por lo que se decidió en este número, rendir un homenaje a la Guerra del Chaco.

"En este caso hemos desarrollado un número especial, dedicado a la Guerra del Chaco, comprendiendo la necesidad que desde Oruro, que ha sido el crisol y el epicentro para la llegada y el arribo de muchos contingentes que llegaban al inicio de la guerra en los años 1932 y 1933, era menester dedicarle un homenaje a estos guerreros, a estos soldados, a estos militares que han tenido una presencia indiscutible y fundamental en la defensa de nuestro territorio", refirió Cazorla.

La portada muestra una fotografía que data de febrero que 1935, tomada por Josermo Murillo Vacareza, de los efectivos próximos a Villamontes durante el conflicto bélico.

Una característica muy particular de este número de Historias de Oruro, es que con cada edición, de regalo vienen dos estampillas de colección, mismas que se utilizaban en la Guerra del Chaco, para la comunicación entre soldados y sus familias.

Relatos, reportajes, cronologías, historias, y diferentes artículos enteramente relacionados con la Guerra del Chaco, es lo que presenta en esta oportunidad la revista Nº 36 de Historias de Oruro.

Esta revista se presentará en varios departamentos de Bolivia, por la importancia de su contenido.

Aprueban reasignación de recursos para Fondo Editorial

El Concejo Municipal de La Paz aprobó ayer la reasignación de Bs 70.000 para el Fondo Editorial “Pensamiento Paceño”, monto que será utilizado en el 2018 para la impresión de tres obra literarias, informó a EL DIARIO, el presidente del ente, Pedro Susz.

“Se aprobó la reasignación de ese presupuesto dado que por las fechas no va ser posible ejecutar en este año ese fondo, puesto que no vamos a tener tiempo para hacer los procesos de contratación de la imprenta. Entonces esos recursos han quedado liberados para ser reasignados”, declaró.

Historia de conductora ganó concurso de cómic

El ilustrador Óscar Zalles ganó el VI Concurso Municipal de Cómic con la historia titulada “Mircy” que trata sobre la conductora del bus PumaKatari. El trabajo resaltó de entre 12 propuestas presentadas, por lo que recibirá un premio de Bs 7.000.

No fue precisamente así, como Mercedes Quispe se convirtió en la primera chofer mujer del Pumakatari, pero la historieta es un recurso de arte visual que permite destacar a personajes y trasladarlos a la ficción. A través de ese medio, el ilustrador Óscar Zalles Sanjinez consiguió el primer lugar del VI Concurso Municipal de Historieta 2017. Su obra “Mircy” resultó ganadora de entre 12 propuestas y por la que recibirá un premio de Bs 7.000.

“Mircy” es la historia de una niña que quiere participar en las carreras de cochecitos sin motor en Munaypata. Ambientada en 1988, cuando el personaje tiene 12 años, la obra también sugiere “a manera de nexo” como la primera mujer conductora del Pumakatari, Mercedes Quispe, pudo llegar a conseguir ese propósito.

“Quise jugar con ambas cosas, los cochecitos y la historia de esa persona, que es algo que rompe esquemas”, argumentó Zalles, quien, si bien no conoce a Quispe en persona, leyó bastante sobre ella en los periódicos. “No sabía mucho de ella, pero me llamó la atención. Como ya tenía un trabajo elaborado y no sabía cómo engancharlo, apareció Mercedes y vi que ambas historias podían relacionarse. El de una niña que tiene interés por los autos, así que decidí unirlas”, dijo Zalles.

En su trabajo, Zalles buscó destacar a un personaje actual, los cochecitos sin motor y las bajadas de las calles de La Paz que, según él, “se asemejan a una pista de carreras”. Asimismo, con la obra buscó romper con la gráfica que maneja usualmente para llegar a más gente.

Aseguró sentirse sorprendido y conforme por el resultado del concurso organizado por la Secretaría Municipal de Culturas. “Esto es un ejercicio. Uno sabe de estos concursos de historieta y piensa que, por las temáticas, son cerrados o limitados, pero es un reto también. Salen cosas buenas”, enfatizó.

El jurado estuvo compuesto por Enrique Prieto (invitado), Alexandra Ramírez (Viñetas con Altura), Luis Fernando Gutiérrez (ganador del 2do lugar del concurso en 2016), Salvador Pomar (ganador del 1er primer lugar del concurso en 2016) y Susana Villegas (artista plástica).

lunes, 13 de noviembre de 2017

Luis Carlos Sanabria presenta una colección de cuentos en la que manda la premisa de la duda.



Un hombre sueña que va a morir, entonces, con toda la tranquilidad del mundo, se dispone a ordenar sus cosas como si en realidad estuviera preparándose para un largo viaje —y quizás de eso se trate la muerte, en el mejor o peor de los casos—. Lo último que sabemos de él es que lo único que al final le queda es la desnudez, una desnudez que invita al lector, ese espectador, ese quizás incrédulo espía, a recordar el jardín del Edén en el que esa maravillosa ficción de la leyenda bíblica nos ha dicho que toda esta aventura de la existencia ha comenzado.

El escritor cochabambino Luis Carlos Sanabria debuta en el género cuentístico con el libro Deus ex machina (Editorial 3600, 2017). Ya antes había ganado, en 2014, el Concurso de Poesía para Jóvenes Poetas Bolivianos, un certamen organizado por la Cámara Departamental del Libro de La Paz y la Fundación Pablo Neruda de Chile. Disección, el poemario con el que ganó el concurso, también fue publicado por la editorial que ahora apuesta por el narrador. Y apuesta bien. Lo que hace Sanabria en su escritura es dudar; lanza una pregunta al aire y se extravía ante la imposibilidad de una sola respuesta. En Mortis Causa, el cuento en el que el personaje sueña que va a morir y despierta en el Edén, por ejemplo, uno llega a preguntarse, gracias al camino elegido por el narrador, en qué tan cierto es aquello del libre albedrío supuesto regalo de un dios que se ha querido construir omnipotente. ¿Hay un camino marcado de antemano y es el territorio del sueño ese insólito lugar donde quizás se encuentre la condena a través de imágenes o percepciones que quizás nunca llegaremos a comprender? Y si llegamos a comprender tan bien el asunto de la condena, ¿tan solo nos queda alistar las maletas para un viaje del que no sabemos nada? Y, sin embargo, ¿será este último viaje el camino hacia la tan esquiva felicidad?

Y de eso es de lo que habla Sanabria, cuando en el cuento que le da título al libro, Deus ex machina, el narrador se propone buscar el nombre de dios, así, con minúsculas, de la búsqueda de la felicidad. ¿Pero se puede llegar a ella a través de la comprensión de lo que nos ha sido negado entender? El árbol del conocimiento, en el jardín del Edén, es el que condena a la humanidad, entonces, ¿por qué el erudito busca ese fruto que ilumine la oscuridad de su ignorancia? Y, a pesar de haber comprendido este hecho, ya preso en una clínica psiquiátrica, el investigador, el erudito, busca, siempre recordando a la mujer perdida, esa misteriosa A., la felicidad a través del conocimiento, y no es que busque la felicidad con estas palabras, sino explicarse el momento en el que el amor significó el derrumbe, el caos, y, a partir del caos, la explicación absurda de un todo cósmico a través de la fe ciega que exige un dios que en realidad se ha hecho omnipotente en la imaginación. Y ya que no se puede atrapar el amor, la felicidad es la paz, y no hay otra paz que la comprensión que, claro, no es otra cosa que la guerra.

Uno podría creer que el silencio es la paz hasta que lee el cuento El silencio, cuando un padre y un hijo emprenden un viaje que duraría 17 horas y en el que podrían contarse uno al otro tantas cosas que han sucedido en sus vidas. Sin embargo, el secreto es más fácil, no decir nada es el mejor camino para no perder. La calma no es la paz. El amor no es aquello que logra totalizarse en el aire y absorberlo todo entre sus brazos, es una construcción que siempre será fallida.

Y esto lo saben también Guzmán y Gutiérrez, protagonistas del cuento Viejos enemigos, que han aguardado toda su vida para declarar la victoria del uno sobre el otro a raíz de que ambos cayeron enamorados de la misma mujer. Uno creería que la ancianidad, la cercanía de la muerte podría calmar las ansias de venganza, pero no, este tipo de fuego es algo que no se apaga con las aguas del tiempo. Y la sorpresa está implícita en el inesperado triunfo final de uno de los contendientes.

Así, los personajes a los que Sanabria da vida en los cuentos reunidos en Deus ex machina son seres hechos de preguntas quizás por siempre inalcanzables, invadidos por la melancolía o el tedio, sofocados, en algunos casos, por el orden social. Caminan en escenarios tan diversos como las carreteras bolivianas, las ciudades, el campo, el territorio de los sueños y el de las ideas, el espacio donde el amor y la soledad se confunden con la locura y el hastío.

Editorial 3600 presentará los libros Deus ex machina de, Luis Carlos Sanabria, y Los decapitados, de Iván Gutiérrez, el lunes 6 de noviembre a las 19.30 en el Centro Cultural de España en La Paz (Camacho, N° 1484).


Camila Urioste debuta con una novela que resulta la ganadora del XVIII Premio Nacional de Novela de Bolivia.

Camila Urioste debuta con una novela que resulta la ganadora del XVIII Premio Nacional de Novela de Bolivia. Soundtrack es un viaje musical y nostálgico, muy experimental, fragmentario, que fue escrito en un proceso que duró nueve meses.
La novela, que será publicada en diciembre, es una exploración a la clase media paceña y a las comunicaciones actuales.

¿Cómo recibiste la noticia de que ganaste el premio?
¡Estoy en shock! Es la verdad. Todavía no lo puedo creer. Es algo muy fuerte.
Vos ya habías ganado en 2005 el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal con El diario de Alicia

¿Cuánto ha cambiado tu literatura desde entonces?
He evolucionado muchísimo en este tiempo. He tenido un crecimiento enorme. Primero, porque empecé a explorar con otros géneros como el teatro, principalmente; y he crecido tanto como persona como escritora. Creo que, en ese sentido, el crecimiento personal es más importante. Yo era muy joven cuando gané el Premio Nacional de Poesía, tenía solo 25 años, y la verdad, también fue muy fuerte ese momento. Era mi primer libro de poesía, y creo que ese momento marcó un camino para mí, donde seguí trabajando muy duro, leyendo mucho, escribiendo, explorando otros géneros, tratando de formarme de la manera que pude, porque yo no estudié literatura, entonces, he tenido que buscar otros caminos para formarme.

¿Cómo ha sido para vos incursionar en esos diferentes géneros literarios? ¿Qué te han dado la poesía, el teatro, ahora la novela?
Para mí es muy importante explorar los géneros. Creo que lo principal para mí no es tanto el formato, sino los temas que me interesan explorar, como el tiempo, la memoria, la infancia, los temas feministas también están ahí. Entonces, encuentro en diferentes formatos, diferentes formas de afrontar esos temas, y para mí están muy relacionados: mi poesía tiene mucho de la voz coral que viene del teatro, mi teatro tiene mucho de la poesía, y en esta primera novela está todo, hay textos poéticos. También es una voz que habla, la dramaturgia también está ahí desde esa voz. Es una exploración constante.

¿Cuál es la historia de Soundtrack, cuál es el hilo que la atraviesa?
Cuando escribí el primer borrador encontré que la música era un tema recurrente, de hecho era como el hilo conductor de la historia, que está contada en fragmentos.
Es una historia totalmente fragmentada.
Luego volví a escribir con eso en mente. Encuentro que la música es un hilo conductor porque uno puede hacerse un mapa de su vida según la música, incluso yendo más atrás, con la música que escuchaba tu padre, la de tus abuelos. Entonces, sí, para mí la música es muy importante y en esta novela se refleja eso.

¿Y cómo ha sido el proceso de escritura de Soundtrack? ¿Cuánto tiempo te tomó escribirla?
En realidad ha sido un trabajo muy intenso de nueve meses. Muy intensos. Cuando empecé a escribirla ya no pude parar. Fue como meterme en un proceso creativo intensísimo y que duró exactamente nueve meses.
Fue prácticamente como tener un hijo...

Claro. Pero también hay textos y hay conceptos que ya estaban explorados o trabajados. Hay cosas que estaban ahí desde antes, pero en el momento de darles forma y de meterme al proceso fueron nueve meses bien intensos.

¿Dónde se ubica la novela?
El jurado dice que se zambulle en la clase media paceña...
Sí, absolutamente. Es un trabajo muy personal en el sentido de que estoy hablando del mundo que yo conozco, que sería la clase media paceña, la ciudad de La Paz, sobre todo la música de los 90, que es la que a mí me ha marcado, pero también la música anterior, como es el rock clásico. Otra cosa que está muy presente ahí es la exploración del momento actual, de todo lo que son los cambios de las redes sociales, cómo lo digital nos transforma de una manera o transforma la manera en que nos comunicamos. También está en la novela la nostalgia por lo que fue, por la ‘no inmediatez’, por la espera, por la duda, que un poco se ha borrado con las redes sociales. Ahora uno nunca espera una carta por dos semanas o ya uno casi nunca recibe una llamada sin saber de quién es. La novela sigue trabajando en lo que a mí me interesa, que es el tema de la memoria, los recuerdos.

¿Cuáles eran las dudas que te asaltaban en el momento de escribir la novela?
La duda que tenía es que yo nunca había leído algo similar a lo que estaba escribiendo. Entonces, no sabía realmente cómo compararlo con otra cosa. Cómo sería que lo escriba alguien que no fuera yo. El formato es similar al de un glosario. Es de la A a la Z, con ideas, conceptos y palabras definidas, y en esa definición se arma la historia. Entonces, no hay un hilo conductor en el tiempo, puedes pasar de una palabra como ‘amor’ a otra que es amarillo, y las ideas son totalmente distintas. Sí tuve dudas en que la persona que leyera esto podría realmente armar la historia con tanto fragmento. Pero al final lo que decidí fue guiarme por una intuición de que lo que yo estaba escribiendo me estaba gustando a mí, de que me gustaría a mí leer lo que yo estaba haciendo.


domingo, 12 de noviembre de 2017

“Así viví”, un libro de Cucho Vargas

La presentación de un nuevo libro es siempre un acontecimiento porque es un aporte a la historia, un enriquecimiento de la cultura y una incitación a la lectura (bella costumbre que tiende a declinar). Mario Cucho Vargas Rodríguez, prestigioso periodista, ha mostrado, una vez más, sus cualidades de ser digno exponente de la cultura deportiva del país y, basado en sus propias experiencias y con un bagaje límpido de realizaciones no solamente en el campo de narrar, comentar, analizar y ser crítico acucioso y consciente del deporte que es medio seguro de fortalecer cuerpo y espíritu, de unir conductas y voluntades al margen de intereses políticos o sectarios entregó su libro como medio seguro de honrar al país y a quienes lo leen y comparten recuerdos y opiniones.

En las primeras páginas de “Así viví” se da un mensaje a los jóvenes mostrándoles caminos en la vida y posibles dificultades para encarar, especialmente desde la comunicación social, el desarrollo de la profesión periodística. En páginas siguientes rememora a su amigo Justo Piernes, periodista y escritor argentino con gran prestigio en el diario “Clarin” de Buenos Aires. Narra, con profusión de detalles, experiencias y anhelos vividos con el amigo y se hacen el propósito, por iniciativa de Piernes, concretar sus experiencias en un libro y, para ello, surge una frase que se hace emblemática para ambos: “¿Yo me hago el artículo?”. Ambos amigos cumplieron su propósito animados por la misma vocación de servicio y amor. El cultivo de esta amistad fue para ellos tal vez decisivo en su vida con el aporte personal de valores y principios coincidentes. Cada sección y cada página de “Así viví” muestra una vida, una entrega y una vocación; es, fundamentalmente, un recordar sincero y con exquisita memoria las diversas páginas de una vida prolífica que, habiendo empezado con una vocación por la música que es armonía y belleza, amor y coraje, servicio y dignificación del ser humano, se asemeja, de algún modo, al periodismo honesta, digna y responsablemente practicado que, a la vez, es ejercicio de la mente, de valores y principios.

Cucho Vargas, consciente de que su vida no podía transcurrir simplemente con los micrófonos o en los estudios de una radio o con el relato y comentario de un partido de fútbol o con las labores de un jefe de páginas deportivas de un diario, cumplía la misión que se impuso y decidió escalar y alcanzar funciones importantes en el periodismo al fundar y dirigir, conjuntamente Dn. Alfredo Alexander Jordán, el diario tabloide HOY; luego, Panorama, Enfoques con la máquina de mirar y después, escribir periódicamente artículos sobre diferentes tópicos de la vida nacional e internacional. Viajero incansable visitó muchos países y en cada uno de ellos dejó huellas de su personalidad; luego, ya en el país, volcó las experiencias recogidas mediante el micrófono y las páginas deportivas de diarios en los que trabajaba.

La importancia de este libro radica también en que Cucho Vargas recuerda a quienes fueron sus amigos, compañeros de labores y deportistas que se han distinguido. Con extraordinaria memoria, resalta, en cortas líneas, la personalidad de sus amigos, de personajes y personalidades de la política, el fútbol y la cultura. En página especial muestra su vocación melómana para honrar a grandes genios de la música y en varias fotografías señala un pasado que fue pleno para él y de lo que guarda recuerdos imborrables. Su familia, empezando por el amor a sus padres y muy especialmente a su mamá a quien idolatraba y a su esposa Mery, muestra lo sensible que es para sus hijos, nietos y bisnietos porque todos ellos son la conjunción de su vida y espera que siempre podrá amarlos y honrarlos.

“Así viví” es un libro que se deja leer porque cada página y cada fotografía es un adentrarse en un pasado que fue pleno, digno e imborrable. Un libro que despierta curiosidad y cada uno de sus temas incita a leer las demás. Cucho Vargas se muestra vital y capaz de seguir produciendo porque las experiencias recogidas en su vida son tantas que sólo con nuevos escritos puede saberse cuántas son o llegar a, un infinito en que se encuentra vida, coraje, amor por la patria, conteniendo material de enseñanza para quienes necesitan saber, aprender y hacer acopio de conocimientos para servir mejor y saber ser mejores.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Rodrigo Urquiola, el “coleccionista” de premios



El paceño Rodrigo Urquiola es una de las figuras destacadas que ha dado la literatura boliviana en los últimos tiempos. Su vigorosa narrativa ha merecido elogios de la crítica especializada por mérito propio, a la par que ha ido acumulando una cantidad de premios sorprendente para su juventud.

Prolífico cuentista, novelista y autor de obras de teatro, piensa a los certámenes literarios como una forma de recompensa económica para el escritor. “A los premios los veo como el sueldo que recibe un obrero cualquiera por un trabajo que realiza; quizás es el único sueldo al que pueda aspirar un escritor”, dice en la siguiente entrevista que concedió a ECOS durante la última edición de la Feria del Libro de La Paz.

ECOS. ¿Qué te mueve a participar en concursos literarios?

Rodrigo Urquiola (RU). Yo a los premios los veo como el sueldo que recibe un obrero cualquiera por un trabajo que realiza; quizás es el único sueldo al que pueda aspirar un escritor. Y bueno, uno necesita dinero y ese es el principal motivo.

No es casual que piense así. Con la humildad de siempre, después de que nada le resultara fácil en la vida, Urquiola (1986) alguna vez sugirió la idea de otorgar becas a los escritores —a partir de proyectos de libros y de fondos concursables, tal vez—, así no tendrían la necesidad de salir a buscar otro trabajo para subsistir.

ECOS. ¿Necesitas escribir a diario?

RU. He trabajado continuamente hasta que gané el Premio Marcelo Quiroga Santa Cruz. Yo trabajaba en la Chocolandia, medio tiempo y, no tenías que usar mucho tu cerebro para vender chocolate... podía pensar, mientras estaba en la tarde, en lo que iba a hacer en la mañana. Eso me sirvió para acabar de escribir (la novela) El sonido de la muralla.

ECOS. A la hora de escribir un cuento, ¿te planteas si será para un concurso o no?

RU. No, no pienso en el premio cuando estoy escribiéndolo, intento pensar en el cuento. Y una vez que ya lo tengo acabado lo mando (al concurso). He mandado varios de mis cuentos a distintos lugares: algunos han tenido suerte, otros no. Pero no pienso en un premio en específico, sino en el desafío que implica cada cuento.

Con él será mejor no competir: a sus 31 años, es un escritor maduro cuyos textos dejan una sensación de absoluta seguridad, de que todo lo tiene controlado. “Intensidad” es una buena palabra para definir su literatura, en la que hilvana cada escena como en una película, o mejor, como en una obra de teatro, subyugando la atención del lector como si fuera un espectador.

Este año obtuvo, finalmente, el Premio Franz Tamayo con “Árbol” (un fascinante cuento en el que reconstruye un mito de Chasquipampa, el sureño barrio de La Paz). “Finalmente” porque lo persiguió hasta que lo consiguió.

ECOS. ¿Cómo recibiste la noticia del Tamayo?

RU. Fue especial por ser el primer concurso que conocí y al que me animé a participar cuando tenía 19 años, y gracias a ese premio publiqué mi primer cuento: ‘Invisible’, en La secta del Félix, cuando ganó Willy Camacho.

Desde entonces me postulé varias veces, algunas saqué menciones y el 2015 un segundo lugar. El 2016 no me presenté porque me lo impedían las bases, pero me hubiera presentado de no ser así.

Cuando tenía 19, 20, 22 años, esperaba la noticia y a veces me entristecía no recibir nada, pero te cuento que este año me olvidé completamente del asunto (se ríe) porque estaba trabajando en La Razón y el trabajo me consumía mucho; renuncié al periódico porque me ponía mal no poder escribir, me empezó a dar una depresión: prefiero morir de hambre que de tristeza, creo que duele menos (vuelve a reírse).

Cuando recibí la noticia estaba en Cochabamba, había participado en el Foro (de Escritores) del (Centro) Patiño y me alegró mucho, era como decir: “Bien renunciado”.

ECOS. ¿Aspiras a vivir de la literatura?

RU. Sí.

ECOS. ¿Crees que es posible en Bolivia?

RU. Bueno, hasta el momento no puedo quejarme, la literatura me ha dado mucho. Yo nunca pensé viajar afuera del país, por ejemplo.

ECOS. Como gran lector que eres, ¿cómo divides tu tiempo entre la lectura y la escritura?

RU. Cuando gané el Quiroga Santa Cruz pude decir: “ahora sí puedo hacer lo que siempre quise”, y me impuse un horario. En las mañanas me levanto y escribo un par de horas, después voy a recoger a las guaguas, hago un poco de ejercicio y en las tardes leo durante una hora. En los minibuses, igual, intento leer; no puedo dejar de leer, es mi droga. Esa es la vida a la que aspiro.

ECOS. ¿Sueles tener anticipadamente la idea completa de lo que vas a desarrollar?

RU. Sí, pero primero la pienso y recién la escribo. “Árbol” lo pensé años, creo, y lo escribí en una o dos semanas. A veces son cosas que te quedan porque ves algo, no lo sé, es muy difícil definir eso.

ECOS. Con la novela, el proceso debe ser más complicado…

RU. Sí, cuando tengo una novela intento trabajarla, trabajarla y, cuando quiero descansar, hago cuento. El cuento me sirve para pensar en otras cosas.

ECOS. ¿Tienes alguna manía u obsesión a la hora de escribir?

RU. En cada libro es distinto. Recuerdo que cuando estaba escribiendo Lluvia de piedra, era una época muy difícil para mí, yo necesitaba el dinero, tenía mi guagua y para escribir esa novela me ponía un abrigo de mi tío; un abrigo viejo que él se compró cuando era chico. Estaba con eso y escribía a mano. Lluvia de piedra y Eva y los espejos (libro de cuentos) los he escrito a mano, en cuadernitos Líder.

Con El sonido de la muralla ya dije: “me acostumbraré a escribir como lo hacen los escritores, a máquina”. Ahí ya me servía mi café con leche y, eso, escribía, escribía, escribía.

Mi abuelita trabajaba como empleada, en la cocina: ella era cocinera, y yo siempre hacía mis tareas en una mesa, cuando era chico, porque vivía con ella cuando estaba en básico, en colegio. En esa mesa, que nos la regaló el jefe de mi abuela, yo escribí Lluvia de piedra y ahora estoy corrigiendo mi última novela. A esa mesa yo la quiero harto.

ECOS. ¿Dejas reposar tus escritos para retomarlos después de un tiempo?

RU. Con esta última novela, sí, la acabé y la dejé reposando, y había muchas cosas que en mi memoria me molestaban. La volvía a hacer, reescribí algunas cosas, quité, puse, y ahora ya me siento un poco más contento, pero siento que en el futuro me va a molestar.

ECOS. ¿Cómo llegaste a la literatura?

RU. Puede sonar un poco pretencioso, pero creo que siempre he sabido que quería dedicarme a esto. En realidad, yo quería ser futbolista, jugué en varios equipos: en (The) Strongest estuve mucho tiempo y me botaban a la piscina por ser bolivarista (se ríe).

Siempre supe que iba a escribir quizás por inutilidad para hacer otras cosas. Mi mamá quería ser escritora; yo pienso que si mi abuelita hubiera tenido más lecturas, ella podría haber sido una muy buena escritora. Esas dos mujeres que me han criado me han dado ese oficio, creo que es un oficio heredado.

Hay cosas que no se pueden explicar con palabras... Cuando era chico recuerdo que mi mamá estaba desempleada y me enseñó a leer y a escribir. Desde entonces me gustaba sobre todo copiar, sentía cierta fascinación por las palabras y devoción por los libros. Yo recuerdo que veía la foto de un escritor y me parecía algo inalcanzable, y pensaba: “¡Cómo lo ha logrado!”.

ECOS. ¿Cuáles fueron los primeros escritores, o los primeros libros, que te han marcado?

RU. Mi mamá tuvo una época muy religiosa y empezó a leer muchos libros de religión; entonces, uno de los primeros libros que leí fue la Biblia; me gustó mucho como ficción. Y el único libro que no era de religión, el que más me llamaba la atención, era Pedro Páramo y El llano en llamas (de Juan Rulfo), los dos en uno, una edición negrita que hasta ahora la tengo; era de mi tío y la guardo con mucho cariño. Yo leí ese libro y no entendí nada, pero me han quedado varias imágenes. Tendría... unos diez años.

ECOS. ¿Crees en el crecimiento, en la superación del escritor?

RU. Yo creo que sí, con el tiempo vas volviéndote más exigente. Ahorita veo mi primer libro Eva y los espejos y me da vergüenza, ya no quiero ni verlo; igual me pasa con Lluvia de piedra un poco, porque ahora lo trabajaría de otra manera. Pero sería falso si me pongo a reescribirla: ese fue un momento espiritual mío, ese Rodrigo murió y, sería como faltarle el respeto al cadáver.

ECOS. ¿Te animas a dar un consejo a alguien que está comenzando a escribir?

RU. Quieras o no quieras ser escritor, leer mucho. Y no solamente se lee cuando agarras un libro, sino también se lee cuando caminas, cuando observas a la gente, cuando tienes amigos. Creo que si no lees, no vives.

En el país, a Rodrigo Urquiola solamente le falta ganar el Premio Nacional de Novela (del que ya obtuvo una Mención de Honor). Pero, exigente consigo mismo como pocos, obrero de la palabra y pertinaz “concursante serial”, no quepa la menor duda de que tarde o temprano lo conquistará. •

Rodrigo Urquiola Flores, sus premios

Rodrigo Urquiola Flores nació el 1 de noviembre de 1986 en La Paz.

Es autor de las novelas “Lluvia de piedra” (Mención de Honor Premio Nacional de Novela, 2010, Bolivia) y “El sonido de la muralla” (Premio Marcelo Quiroga Santa Cruz, 2014, Bolivia; Premio Interamericano Carlos Montemayor, 2016, México), de los libros de cuentos “Eva y los espejos” (2008) y “La memoria invertebrada” (2016) y de las obras de teatro “El bloqueo” (Premio Adolfo Costa du Rels, 2010, Bolivia) y “El retorno” (Premio Municipal de Dramaturgia Cochabamba, 2015).

Es también autor de los cuentos “La caída” (Finalista Premio Copé Internacional, 2010, Perú), “Mariposa nocturna” (Premio Adela Zamudio, 2013, Bolivia), “El pelícano” (Premio Binacional ArBol –Argentina Bolivia–, 2014), “El amante” (2do. Premio Internacional Antonio di Benedetto, 2014, Argentina), “El espantapájaros” (Mención Premio Iberoamericano Julio Cortázar, 2015, Cuba), “Mientras el viento” (2do. Prêmio Cataratas de Foz do Iguaçú, 2015, Brasil), “El cazador” (2do. Premio Franz Tamayo, 2015, Bolivia) y “Árbol” (Premio Franz Tamayo, 2017).

Cuentos suyos fueron traducidos al quechua, al portugués y al bengalí.