Pedro Querejazu ha publicado recientemente tres obras. La primera, acerca de la obra fotográfica de Doménico Gismondi. Las otras dos, en el marco de un proyecto de la fundación EsArt, sobre dos artistas considerados de la Generación de los 90: Guiomar Mesa y Keiko González.
El seguimiento de Querejazu a la producción de Keiko González empieza con su labor de los primeros años, a la que define como la etapa “ecléctica y exploratoria”. Esta definición le permite identificar rasgos fundamentales que, en opinión del crítico, se mantendrán en su obra posterior: el lenguaje expresionista, la gestualidad en la aplicación de la pintura, el uso de colores puros y su cercanía a los trabajos de Wilfredo Lam y Picasso.
El libro enfatiza en las diversas series concebidas por el artista. La primera está dedicada al tema de la muerte y la metamorfosis. De esta serie formaron parte sus exposiciones Memento mori y Contra natura. La primera tiene un fuerte sentido expresionista, en lienzos dominados por el color negro en los que se identifican figuras humanas que Querejazu define como “casi neolíticas” y de fuerte contenido erótico. Por su parte, en Contra natura, González hace constantemente referencia a la muerte y a los cuerpos sepultados y a la vida ulterior.
El libro de Querejazu continúa con las “series intermedias”. En ellas, González abandona el negro e introduce gradualmente el color hasta llegar a las llamadas “series claras”. En éstas se destaca la exposición Vessels integrada por piezas de cerámica. El título de la muestra hace referencia al concepto de nave como recipiente, pero también implica la idea de persona: las piezas son recipientes simbólicos. En el desarrollo de la obra de González, esta serie se complementó con obras pictóricas como Su misma levedad y Apariciones y desapariciones.
En el libro, por otra parte, se muestran varios trabajos de otras exposiciones que responden al mismo espíritu de Vessels. Así se llega a Listen, la segunda de las grandes series “claras” caracterizada por su clave tonal alta y el predominio del color blanco.
El autor, además de recorrer las diferentes series, analiza el lenguaje plástico de González, especialmente, “el estilo y el lenguaje pictórico”, para concluir en el carácter neoexpresionista de su lenguaje.
Para el crítico, Keiko es un artista visceral, que enfrenta la creación de manera espontánea. Es un pintor compulsivo que expone recurrentemente su universo surrealista. Su temática es “aleatoria y oscilante”. Querejazu utiliza este último concepto debido a la oscilación entre la total abstracción y la neofiguración surrealista.
Finalmente, Querejazu incorpora en el libro opiniones de otros autores sobre la obra González. En síntesis, el libro del crítico Pedro Querejazu es fundamental para comprender en aporte del artista plástico Keiko González a la escena del arte boliviano.
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