viernes, 9 de agosto de 2013

Gonzalo Lema y 11 poetas, tras la verdad esencial del día a día

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El autor del libro (Izq.) junto a Antonio Terán Cabero y Ramón Rocha Monroy.
“Este libro busca conocer la opinión de los poetas sobre Bolivia, pero se da modos -y depende del interlocutor- para hablar también de poesía y otros temas”, comenta Gonzalo Lema sobre La verdad esencial, su más reciente obra.

Auspiciado por el diario cochabambino Los Tiempos, este trabajo reúne 11 entrevistas a igual número de vates bolivianos quienes conversan con el narrador de diversos asuntos de la realidad nacional actual.

“Debe quedar claro que lo mío no fue un trabajo específico sobre la poesía contemporánea de Bolivia. Su intención fue siempre otra”, se apresura a señalar Lema que para este proyecto mantuvo extensas charlas con Jesús Urzagasti, Antonio Terán Cabero, Pedro Shimose y Matilde Casazola.

También atendieron a su requerimiento Eduardo Mitre, Norah Zapata, Humberto Quino, Rubén Vargas, Vilma Tapia, María Soledad Quiroga y Benjamín Chávez.

Aunque en esta lista figuran siete hombres y cuatro mujeres, de diversos orígenes como La Paz, Oruro, Sucre, Beni y Cochabamba, el autor de La huella es el olvido se apresura a aclarar que “no tuve nunca un criterio de orden regional, generacional o de género. Al mismo tiempo, sé que algunos poetas de gran calidad no han sido entrevistados”.

- Pero, ¿por qué un libro de entrevistas a poetas?

- Hace dos años presenté La Bolivia que se va, la Bolivia que viene. Entrevistas a líderes políticos bolivianos. En ese libro tomé en cuenta a políticos desde Jaime Paz hasta el presidente Evo Morales.

Luego pensé que me gustaría conocer la opinión de los poetas bolivianos sobre nuestro país y que fuera de acceso para un público grande. Entonces, creo que es una secuencia de un interés muy particular: construir una opinión nutrida de voces y pensamientos sobre nuestro país.

Al comentar La verdad esencial, el narrador Ramón Rocha Monroy señala: “no hay que esperar mucho de los poetas. Su contienda primordial es con la palabra, la niñez, la vida, la muerte, el insomnio, los tigres, tres o cuatro temas que suelen ensimismarlos al borde de la ajenitud sobre la historia del país, de la cual su lectura es episódica e impresionista”.

Y así, qué extraña idea -dirán algunos- hablar del país, de la cotidianidad precisamente con quienes mayor fama tienen de retrotraerse del entorno para vagar por el imaginario de la palabra. Pero en esta arriesgada propuesta es donde debe hallarse el mérito de La verdad esencial: la búsqueda de una perspectiva original y, de pronto, hasta inédita.

“Yo creo -concluye Lema- que la intensidad mayor de nuestras letras está en la poesía. No tenemos una sola época sin un gran poeta. Ese es su prestigio. Y su trabajo mayor ha quedado como testimonio de la vida de los bolivianos. Por otra parte, esta construcción de una opinión sobre Bolivia sigue en marcha, así que en unos años buscaré a ejecutantes de otros oficios”.

Punto de vista
Ramón Rocha MonroyEscritorNo hay que esperar mucho de los poetas. Su contienda primordial es con la palabra, la niñez, la vida, la muerte, el insomnio, los tigres, tres o cuatro temas que suelen ensimismarlos al borde de la ajenitud sobre la historia del país, de la cual su lectura es episódica e impresionista. Pedro Shimose, por ejemplo, es así: fecundo y entrañable en su poesía, parco y hasta reticente en su narrativa oral. El Soldado (Antonio Terán Cabero), cuya amistad frecuento, tiene un hondo escepticismo y oídos propicios para la crítica, no para el elogio de lo cotidiano.

Urzagasti vivía sumergido en el mundo de su niñez, cuando vivía presto a la cosecha del mito y todavía ajeno a las letras.

Mitre tiene aproximaciones insospechadas y positivas a lo cotidiano del tango y los boleros, que también son poesía; es ciudadano de varios mundos y quizá no se siente limitado en ninguno.

En fin, quizá Vilma Tapia es quien con mayor hondura habla de su atisbo temprano de la cultura aymara y la quechua, pero el denominador común es la vida entre la soledad y el aislamiento, la soledad como apuesta voluntaria y el aislamiento provocado por el entorno social.

No olvidemos que incluso Casa tomada de Julio Cortázar o La soledad de Borges admiten también una lectura política basada en la irrupción de los grasitas, de los cabecitas negras del peronismo, que los sume en el aislamiento o en la emigración de por vida.

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