miércoles, 7 de noviembre de 2018

MANDINGO, “PATAYPERRO” CHUQUISAQUEÑO, VUELVE A LA CARGA CON OTRO LIBRO:



Todo comenzó con pequeñas crónicas que Mandingo fue dejando, a manera de pistas, en Facebook y bajo el sugestivo nombre de “Patayperreando”. Refiere él con esa voz popular al callejero, al andarín, como cuando se ocupaba de los “Ñaupa tiempos sucrenses”, en los orígenes del suplemento La Gran Siete de CORREO DEL SUR.

Mandingo es Felipe Medina Espada, un conocido investigador chuquisaqueño, y nos habla de su nuevo libro: “Sucre, crónicas patrimoniales”, con los giros locales que poco a poco se van perdiendo porque, como la bohemia misma, el paso de los años —más las costumbres propias y naturales de las nuevas generaciones— los ha ido borrando de la memoria.

El patrimonio, en crónica

“El libro no estaba entre mis metas de producción literaria”, confiesa Mandingo a ECOS.

“Antes había otro, ‘El sabor de la memoria, crónicas chuquisaqueñas’ (2016), y estoy elaborando una segunda parte, con un 60% de avance ya; son historias breves, acontecimientos de personalidades”. Adelanta que allí aparecerán retratados Antonio José de Sucre, el Che Ratón, Fidel Torricos y el Wallpa Pecho, entre otros.

En sus crónicas patrimoniales hay información siempre valiosa —con referencias bibliográficas y hemerográficas— que se deja leer fácilmente por su formato breve. Es la historia sucinta de 30 edificios, monumentos y sitios emblemáticos de la capital: Las Siete Patas, la Torre Eiffel, la Plaza 25 de Mayo, La Rotonda, el Obelisco de la Plazuela Libertad, el Teatro Gran Mariscal, La Recoleta, el Guereo, el Parque Bolívar, el Rosedal, el Oratorio San Felipe Neri, la Plazuela del Inisterio, la Universidad San Francisco Xavier, por ejemplo.

Enigmático “pueblo fantasma”

Uno de los capítulos se anuncia enigmático. Comienza con la descripción del fatídico 27 de marzo de 1948, cuando la tierra se movió bajo los pies de los sucrenses, para finalizar aterrizando en el “detalle singularísimo” de lo que su autor concibe como un “pequeño pueblito fantasma que en tanto emerge o va desapareciendo producto de la erosión”.

Uno puede figurárselo a Mandingo parado frente al farallón de Cal Orck’o, en pose de contemplación para aguzar su “tercer ojo”, como él mismo se jacta en su texto cuando desvela su capacidad imaginativa mientras descubre “magias raras” en el paisaje salpicado de huellas de dinosaurio.

El formato del libro

Este libro tiene una presentación atractiva desde la tapa (el cuadro “Bicentenario 2009”, de Mamani Mamani), con un tamaño que no es ni grande ni pequeño, papel recubierto; un diseño sencillo, como debe ser para no complicar al lector.

Se trata de un resumen de la ciudad colonial, republicana y también actual, cuando corresponde. Y destacan las fotografías: a todo color y en muy buena resolución.

De los “ñaupa tiempos”

De los “ñaupa tiempos”, Mandingo recuerda que, allá por los años noventa, para La Gran Siete que se publica todos los viernes junto a CORREO DEL SUR, recuperaba textos diversos de los archivos Nacional y de San Francisco Xavier. Después, entre 1999 y el 2002, él, precisamente, se haría cargo del Centro Bibliográfico Documental Histórico (CBDH), el Archivo Histórico Universitario.

“Hay gente que coleccionó esta página de Ñaupa tiempos sucrenses, incluso con empastes. (Yo) Cobraba comisiones ¡y ganaba más por comisión que por mi sueldo!”, dice él, risueño, con la pillería del sucrense de ñaupa tiempos entre los dientes.

Patayperreando desde niño

Una foto de la Catedral que tomó desde la plaza central de Sucre inspiró a Mandingo para escribir un texto con el nombre de “Patayperreando”, según cuenta a ECOS. “Surge de esa manera este producto”, comenta mostrando su libro.

Un patayperro es alguien inquieto, un andariego que por ejemplo retrata un momento inusual en una foto. Mandingo puede ser uno, si lo recordamos por su faceta de caminante o investigador en pos de recuperar al menos algo de lo que se ha ido perdiendo con el paso de los años.

Nacido en Nori Alta, recuerda cómo en su niñez cruzaba a pie desde su barrio “de cinturón” la exestación de trenes y el parque Bolívar para llegar a la escuela Ricardo Mujía, de la calle Loa, y, años más tarde, al colegio Junín. Y cree que en esos tiempos le despertó la curiosidad por todo aquello que ensalza su ciudad natal, a la sazón, “Patrimonio Cultural de la Humanidad”.

“¿Por qué no escarbar la información de esos edificios que veía cuatro veces al día, cuando pasaba a su lado, como siempre digo, ‘saludando a los espíritus’?”, se pregunta Mandingo al resaltar, como un ejemplo, al imponente Tribunal Supremo de Justicia.

De la antigua Corte Suprema menciona que fue “el último palacio (como tal) construido en Sucre. Teníamos el Palacio Arzobispal, que fue destruido, donde actualmente está el Palacio de Gobierno. Pero antes estaba el Palacio Consistorial (actual edificio de la Alcaldía de Sucre); el Palacio Legislativo (Casa de la Libertad) y, el cuarto palacio era el de Justicia, que se empieza a construir en la segunda década del siglo XX”.

Remarca que las obras de mayor impacto fueron levantadas en lo que llama “medio siglo de oro”, más o menos entre 1880 y 1930.

Sucre, de pe a pa

El autor de estas crónicas patrimoniales es tradicionalista, costumbrista, gestor cultural, editor de una gran variedad de publicaciones, un comunicador social apasionado por el periodismo pero, ante todo, alguien que no ha parado de recorrer su ciudad hasta conocerla de pe a pa.

De allí que sus textos contengan un poco de historia y de leyenda urbana, algo de ironía e, incluso, de crítica, sin que nunca pase desapercibida la nostalgia que suelen impregnar los aires de la vieja bohemia chuquisaqueña. “No es letra seca, muerta, sino (procuro) darle un poco de pintura”. Así describe él sus relatos con los que, dice, busca “nacionalizar” a los habitantes de Sucre para afirmar su espíritu de pertenencia.

“Alma de chuquisaqueño”

La crítica literaria María Teresa Lema realza el “alma de chuquisaqueño” y el escritor Homero Carvalho “una maestría de flâneur, caminante que disfruta de las calles y de los paisajes”, en este libro. Ellos son dos de las seis personalidades que valoran “Sucre, crónicas patrimoniales” dedicándole generosas palabras en las primeras páginas.

Las otras cuatro son: los escritores Paz Padilla y Máximo Pacheco, la docente emérita Yamile Hayes y la directora de la Fundación ACLO en Chuquisaca, Roxana Dulón. La nueva obra de Felipe Medina Espada se presentará el próximo miércoles, a las 10:00, en el Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia (ABNB). •

La crítica literaria María Teresa Lema realza el “alma de chuquisaqueño” y el escritor Homero Carvalho “una maestría de flâneur, caminante que disfruta de las calles y de los paisajes”, en este libro. Ellos son dos de las seis personalidades que valoran “Sucre, crónicas patrimoniales”.

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