El pasado 20 de noviembre se presentó "Páginas Escogidas" del filósofo, periodista, criminólogo y servidor público Huáscar Cajías Kauffmann en el auditorio de la Casa Marcelo Quiroga Santa Cruz. El libro es el primer tomo que preparan sus hijos y nietos con textos escritos por el polifacético Cajías para revistas especializadas o para cursos y seminarios locales como internacionales.
Cajías es autor de los clásicos textos de criminología y de penología, pero sus miles de editoriales publicados durante tres décadas en el matutino católico "Presencia" y sus innumerables escritos para conferencias se encuentran sólo en bibliotecas.
La Fundación Cultural Huáscar Cajías K, presidida por el historiador Fernando Cajías de la Vega, se propuso recopilar y editar esas páginas que revelan a un sabio, con un profundo pensamiento católico y aristotélico, un profesional honesto y un ser humano pleno de conocimientos para dar consejos y guías a las nuevas generaciones.
El acto contó con la participación del abogado y ex presidente de la Corte Suprema de Justicia Armando Villafuerte, el ex director de "Presencia" Armando Mariaca y autoridades de la Facultad de Humanidades de la Universidad Mayor de San Andrés, donde Cajías enseñó por medio siglo.
Huáscar Cajías Kaufmann nació en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, el 7 de julio de 1921 y murió en La Paz, el 2 de octubre de 1996. Terminó sus estudios secundarios en Buenos Aires, Argentina, y estudió Derecho Y Filosofía y Letras en universidades bolivianas. Permanentemente amplió sus conocimientos en Europa, Estados Unidos y América Latina. Fue profesor universitario por más de tres décadas y autor de textos clásicos sobre Criminología y Derecho Penal. Dirigió el periódico católico Presencia por 40 años, colocándolo en la lista de los más prestigiosos diarios del continente. Fue diplomático. Presidió la Corte Electoral, apodada de "los notables" durante su gestión.
Verdad y libertad
Huáscar Cajías Kauffmann
En otras palabras, pese a las influencias ideológicas y por sobre ellas, los medios de comunicación pueden y deben buscar y transmitir la verdad. De ahí derivan algunas obligaciones para quienes trabajan en los medios de comunicación social.
Ante todo, hay que partir de la fundada convicción de que si bien la verdad completa está lejos, podemos acercarnos a ella y estamos en el deber de intentar esa tarea. La objetividad completa es inalcanzable, pero es deber del periodista tratar de liberarse de cuanto puede dificultarle acercarse a ese ideal. Este amor por lo objetivo y lo verdadero es algo que es exigible a todos.
La objetividad implica necesariamente el dejar de lado toda influencia perturbadora de la capacidad de captar y transmitir la verdad, lo objetivo. No se trata solamente de eliminar toda deformación intencional, pues eso se supone. Más peligrosas, por lo insidiosas, por la facilidad con que pueden escapar al control de la conciencia, son las tentaciones derivadas del dinero, la posición social, los intereses personales o de grupo, el ansia de brillo y de alabanza, los odios, simpatías y antipatías, las ideologías, los prejuicios. Cuán probable es que, a través de complicados mecanismos psíquicos, lleguemos a que esas trabas a la verdad se nos presenten como algo digno de respeto, hasta ser guías de conducta.
No buscaremos la verdad, por otro lado, si no tenemos conciencia real, efectiva de nuestra falibilidad que nos lleva al error. Sin esa conciencia, caeremos en el empecinamiento, en lo falso y negaremos algo que debe ser evidente para toda conciencia clara: que los demás, los que se nos oponen, tienen tantas posibilidades como nosotros de llegar a la verdad. No sólo hay que estar dispuesto a recibir críticas ajena, a autocriticarse y enmendarse sino también a admitir con alegría las verdades que otros han descubierto. El maniqueísmo impide tomar estas actitudes y suele ser consecuencia de las ideologías políticas y de afiliaciones de otro tipo.
Fluye de lo anterior que los medios de comunicación social tienen que abandonar la tendencia de algunas ideologías de considerar al pueblo como un conjunto de menores de edad que tienen que ser tutelados. Si esto se admite, los medios de comunicación transmitirán sólo lo que las ideologías han digerido antes y juzgan que, presuntamente, no es dañino al pueblo, a ese pueblo al que dice que anhelan proteger y salvar. Esta actitud puede explicarse sólo si se piensa que el pueblo no es capaz de crítica y que esta capacidad se halla monopolizada por los dirigentes. Son éstos, entonces, los llamados a pensar, decidir y actuar; el pueblo debe mantener una actitud pasiva. Esta es la actitud dictatorial que lleva a transmitir sólo lo que los de arriba juzgan que no dañará al pueblo. Si es necesario, la verdad será desnaturalizada y falsificada para adaptarla a los intereses y propósitos de las ideologías que se hallan detrás de los medios.
La única solución ante este peligro consiste en la libertad de expresión: que haya una libertad responsable para transmitir noticias, opiniones, diversiones. Que el pueblo vea reconocido su derecho a tener acceso incensurado a la verdad por desagradable que sea; pero, al mismo tiempo, que se le dé una educación que le permita usar responsablemente de su libertad de juicio. Sólo son admisibles las ideologías políticas que predican y practican esta libertad y esta verdad. Por principio, son rechazables las ideologías que propugnan o alientan el monopolio informativo y formativo, aquellas que se creen dueñas únicas de la verdad y por tanto, con derecho a impedir que los disidentes se expresen.
Aunque se diga lo contrario, esta posición implica ciertamente temor a la verdad, desconfianza en el ser humano, menospreciando por el pueblo y una vanidad infundada en quienes dirigen estas ideologías y las aplican. Verdad y libertad marchan juntas. Por eso, por el deber de llegar a la verdad a través de los medios de comunicación social, es imprescindible que éstos gocen de libertad; que todo el que desee pueda manifestarse a través de ellos.
Al fin y al cabo, tenemos que admitir la validez de un gran principio: Sólo la verdad nos hará libres.
martes, 17 de diciembre de 2013
Precursores de la literatura infantil y juvenil boliviana
En Bolivia no se tienen claros antecedentes históricos de cuándo surgió el primer libro de literatura infantil ni quién fue el primer escritor que se dedicó a cultivar este género literario, consciente de que era necesaria la creación de una literatura destinada exclusivamente a los niños y jóvenes.
Sin embargo, si rastreamos algunos libros de principios del siglo XX, encontraremos algunas pautas que conducen hacia ciertos autores que, motivados por su labor de educadores, escribieron textos, tanto en verso como en prosa, destinados a los alumnos de las escuelas y los colegios, en un intento por apartarlos de los libros didácticos y acercarlos al puro placer estético de la recreación literaria.
Entre los pioneros de la literatura infantil y juvenil boliviana están Emilio Finot Franco, quien publicó en dos volúmenes su "Antología boliviana para escuelas y colegios", con textos que expresan su sensibilidad didáctica y estética, y su interés por explorar el mundo de los niños, no en vano su vocación por la enseñanza le llevó a presentarse a un concurso para optar al profesorado de Gramática y Literatura en la Escuela Normal de Sucre. Otro pionero es Ramón Fuentes Bonifaz, un poeta poco conocido en el ámbito literario, pero que escribió un libro didáctico para la enseñanza de la lectura y escritura inicial y una serie de poesías infantiles reunidas en su libro "Literatura infantil". Ahí tenemos también a Benjamín Guzmán, quien, como todo profesor que se dedica con tesón a la educación primaria, escribió más de quince textos escolares, pequeñas piezas teatrales y el libro "Poesías para el hogar y la escuela".
Estos escritores, con mayores o menores aciertos, constituyen los precursores de la literatura infantil y juvenil boliviana, aunque sus obras, debido a factores extra literarios, no tuvieron la repercusión que se merecían. De todos modos, se atrevieron a desafiar las normas establecidas en una época en la cual la literatura infantil tuvo una consideración escasa y peyorativa entre los maestros y padres de familia, ya que este tipo de literatura, según sus opiniones, no contribuía a la formación intelectual de los niños y que su lectura era una "pérdida de tiempo".
Por suerte, los tiempos han cambiado y la concepción equívoca sobre la literatura infantil y juvenil está definitivamente superada. Ahora, gracias a los avances en las ciencias humanas y el estudio integral de los niños, se sabe que la lectura de "pasatiempo", a la que corresponde gran parte de la literatura infantil y juvenil, contribuye a la formación y creatividad del individuo; es más, se convierte en un goce espiritual y en un elemento potencial que estimula el hábito a la lectura, a diferencia de la literatura en la que predomina la intención didáctica y se caracteriza por una mínima dosis de creatividad, y en la que, por razones obvias, está ausente la fantasía.
Uno de los autores nacionales más destacados de principios del siglo pasado y que con mayor acierto dedicó una parte de su creación literaria a los niños y jóvenes es, sin lugar a dudas, Antonio Díaz Villamil, cuyos libros, por decreto ministerial, se leen y estudian en escuelas y colegios, donde tienen una amplia recepción debido a su carácter patrimonial. Valga este espacio para hacer una sucinta presentación de la vida y obra de este hombre de letras que, acaso sin saberlo él mismo, pasó a ser uno de los principales precursores de la literatura infantil y juvenil boliviana.
Reseña biográfica
Antonio Díaz Villamil nació en La Paz el 13 de junio de 1897 y falleció en la misma ciudad el 21 de mayo de 1948. Cuentista, novelista, dramaturgo, tradicionista, historiador y educador. A muy temprana edad quedó huérfano de padre y su infancia, algo triste, transcurrió amparada sólo por el cariño de su madre. Estudió la primaria en el Colegio San Calixto, donde aprendió a leer y escribir, y terminó la secundaria en el Colegio Nacional Ayacucho. Después prosiguió sus estudios en el Instituto Normal Superior de Maestros, de donde egresó, con excelentes calificaciones, como profesor de Historia y Geografía.
Se cuenta que desde pequeño mostró interés por los libros de aventuras, por el estudio de la historia universal y la investigación, hasta que en un libro, empolvado por el tiempo y el olvido, encontró su propia historia, que era la historia de su país. Desde entonces se enorgulleció de ser boliviano y empezó a escribir lo que le dictaba el corazón y la conciencia. Su obra, siempre expresiva y cuestionadora, revela el estilo literario de un autor con ansias de manifestar las angustias e inquietudes que le provocaban las tragedias que le tocó vivir al país desde su pasado histórico.
Participó en la Guerra del Chaco, en cuya zona de operaciones dirigió "La Trinchera", el único medio de comunicación que distraía y estimulaba el valor de los soldados bolivianos. Trabajó en varias instituciones educativas, llegó a ser Director General de Instrucción Secundaria y desempeñó la función de vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, fue fundador de la Sociedad Boliviana de Autores Teatrales y Director de la Escuela Nacional de Artes. Asistió como delegado al Primer Congreso Indigenista Interamericano, que se llevó a cabo en México, en 1940. Aunque viajó por Europa, becado por su labor educacional, jamás pensó abandonar Bolivia y buscar residencia en otro país. Lo que hace suponer que siempre se sintió un hombre de esta tierra a la que tanto amó a lo largo de su vida.
Como dramaturgo ha tenido una amplia resonancia, motivado por el interés de darnos a conocer algunos de los episodios dramáticos de nuestra historia. Ahí tenemos su primera obra teatral, "La hoguera", ambientada en la Guerra del Pacífico, que le valió el primer premio en el Concurso Nacional de Teatro, lo mismo que "Plácido Yáñez", que, además de haber sido muy aplaudida y comentada en la prensa, le hizo merecedor de un premio importante en La Paz. Sin embargo, una de sus obras más difundidas, que le procuró el reconocimiento del público en general, es la novela "La niña de sus ojos", cuyo tema, donde las virtudes y los vicios del mestizaje aparecen encarnados en su protagonista, conmueve los sentimientos más profundos del lector.
En enero de 1947 es designado por el Comité Pro IV Centenario de la Fundación de La Paz como coordinador de las "Monografías de La Paz en su IV Centenario 1548 – 1948", una gran obra que no llegó a ver publicada, porque la muerte se le anticipó. El gobierno declaró duelo departamental y el país se vistió de luto. Su cuerpo fue velado en el Colegio Ayacucho y, posteriormente, exhumado en el Mausoleo de Notables del Cementerio General de La Paz.
Este fecundo escritor, que vivía para cultivar las letras y educar a los estudiantes, se ganó el respeto de todos quienes se acercaron a leer sus obras con curiosidad y cariño. Nadie ha quedado indiferente ante sus temas que expresan el espíritu más genuino de la nación boliviana, donde la diversidad cultural forma un mosaico de riquezas humanas y naturales que la hacen única ante los ojos del mundo.
A pesar de que no fue un escritor dedicado exclusivamente a la literatura infantil y juvenil, es natural deducir que en su condición de educador, se vio impulsado a escribir algunos libros destinados a los niños y jóvenes, no sólo como una forma de contribuir a la cultura nacional y promover el sentimiento patrio, sino también con el fin de estimular en ellos el hábito a la lectura. Así nació el "Nuevo teatro escolar boliviano", declarado texto oficial para su uso en las escuelas y los colegios de Bolivia.
Antonio Díaz Villamil supo recoger la memoria viva de su pueblo, con la que compuso gran parte de sus relatos, novelas, leyendas y obras de teatro, así escribió su libro de cuentos "Khantutas", en los cuales se funden la realidad y la fantasía concediéndoles un toque sobrenatural a los temas tratados, ya que la intención del autor era despertar la atención de los pequeños lectores en torno a los mitos y creencias que caracterizan a los pueblos originarios, con los que se sintió identificado desde siempre. No en vano escribió su conocida obra "Leyendas de mi tierra", que es un puñado de relatos arrancados del acervo cultural boliviano, como "La leyenda de la coca", en la que se critica la violencia de los conquistadores españoles contra los habientes del imperio incaico y en cuya parte final se lanza una advertencia que convoca a la reflexión de propios y extraños. Este libro, debido a la fuerza telúrica y la magia atrapadas en sus páginas, sigue siendo un texto de lectura obligatoria para los estudiantes de escuelas y colegios.
Datos bibliográficos
Novela: El tesoro de los Chullpas (1930); Plebe (1943); La niña de sus ojos (1948). Cuento: Khantutas (1922); Tres relatos paceños (1945). Tradición: Leyendas de mi tierra (1929); El Ekheko (1945). Teatro: La herencia de Caín (1921); La voz de la quena (1922); El nieto de Túpac Katari (1923); La hoguera (1924); La Rosita (1928); El traje del señor diputado (1930); Cuando vuelva mi hijo… (1942); El hoyo (1942); Plácido Yañez (1945); El vals del recuerdo (1947); Gualaychos (1947); Nuevo teatro escolar boliviano (1947); Las dos multas (1989); El tirano Melgarejo y los estudiantes (1989). Historia: Curso elemental de historia de Bolivia (4 v., 1936-1944).
Sin embargo, si rastreamos algunos libros de principios del siglo XX, encontraremos algunas pautas que conducen hacia ciertos autores que, motivados por su labor de educadores, escribieron textos, tanto en verso como en prosa, destinados a los alumnos de las escuelas y los colegios, en un intento por apartarlos de los libros didácticos y acercarlos al puro placer estético de la recreación literaria.
Entre los pioneros de la literatura infantil y juvenil boliviana están Emilio Finot Franco, quien publicó en dos volúmenes su "Antología boliviana para escuelas y colegios", con textos que expresan su sensibilidad didáctica y estética, y su interés por explorar el mundo de los niños, no en vano su vocación por la enseñanza le llevó a presentarse a un concurso para optar al profesorado de Gramática y Literatura en la Escuela Normal de Sucre. Otro pionero es Ramón Fuentes Bonifaz, un poeta poco conocido en el ámbito literario, pero que escribió un libro didáctico para la enseñanza de la lectura y escritura inicial y una serie de poesías infantiles reunidas en su libro "Literatura infantil". Ahí tenemos también a Benjamín Guzmán, quien, como todo profesor que se dedica con tesón a la educación primaria, escribió más de quince textos escolares, pequeñas piezas teatrales y el libro "Poesías para el hogar y la escuela".
Estos escritores, con mayores o menores aciertos, constituyen los precursores de la literatura infantil y juvenil boliviana, aunque sus obras, debido a factores extra literarios, no tuvieron la repercusión que se merecían. De todos modos, se atrevieron a desafiar las normas establecidas en una época en la cual la literatura infantil tuvo una consideración escasa y peyorativa entre los maestros y padres de familia, ya que este tipo de literatura, según sus opiniones, no contribuía a la formación intelectual de los niños y que su lectura era una "pérdida de tiempo".
Por suerte, los tiempos han cambiado y la concepción equívoca sobre la literatura infantil y juvenil está definitivamente superada. Ahora, gracias a los avances en las ciencias humanas y el estudio integral de los niños, se sabe que la lectura de "pasatiempo", a la que corresponde gran parte de la literatura infantil y juvenil, contribuye a la formación y creatividad del individuo; es más, se convierte en un goce espiritual y en un elemento potencial que estimula el hábito a la lectura, a diferencia de la literatura en la que predomina la intención didáctica y se caracteriza por una mínima dosis de creatividad, y en la que, por razones obvias, está ausente la fantasía.
Uno de los autores nacionales más destacados de principios del siglo pasado y que con mayor acierto dedicó una parte de su creación literaria a los niños y jóvenes es, sin lugar a dudas, Antonio Díaz Villamil, cuyos libros, por decreto ministerial, se leen y estudian en escuelas y colegios, donde tienen una amplia recepción debido a su carácter patrimonial. Valga este espacio para hacer una sucinta presentación de la vida y obra de este hombre de letras que, acaso sin saberlo él mismo, pasó a ser uno de los principales precursores de la literatura infantil y juvenil boliviana.
Reseña biográfica
Antonio Díaz Villamil nació en La Paz el 13 de junio de 1897 y falleció en la misma ciudad el 21 de mayo de 1948. Cuentista, novelista, dramaturgo, tradicionista, historiador y educador. A muy temprana edad quedó huérfano de padre y su infancia, algo triste, transcurrió amparada sólo por el cariño de su madre. Estudió la primaria en el Colegio San Calixto, donde aprendió a leer y escribir, y terminó la secundaria en el Colegio Nacional Ayacucho. Después prosiguió sus estudios en el Instituto Normal Superior de Maestros, de donde egresó, con excelentes calificaciones, como profesor de Historia y Geografía.
Se cuenta que desde pequeño mostró interés por los libros de aventuras, por el estudio de la historia universal y la investigación, hasta que en un libro, empolvado por el tiempo y el olvido, encontró su propia historia, que era la historia de su país. Desde entonces se enorgulleció de ser boliviano y empezó a escribir lo que le dictaba el corazón y la conciencia. Su obra, siempre expresiva y cuestionadora, revela el estilo literario de un autor con ansias de manifestar las angustias e inquietudes que le provocaban las tragedias que le tocó vivir al país desde su pasado histórico.
Participó en la Guerra del Chaco, en cuya zona de operaciones dirigió "La Trinchera", el único medio de comunicación que distraía y estimulaba el valor de los soldados bolivianos. Trabajó en varias instituciones educativas, llegó a ser Director General de Instrucción Secundaria y desempeñó la función de vicepresidente del Consejo Nacional de Educación, fue fundador de la Sociedad Boliviana de Autores Teatrales y Director de la Escuela Nacional de Artes. Asistió como delegado al Primer Congreso Indigenista Interamericano, que se llevó a cabo en México, en 1940. Aunque viajó por Europa, becado por su labor educacional, jamás pensó abandonar Bolivia y buscar residencia en otro país. Lo que hace suponer que siempre se sintió un hombre de esta tierra a la que tanto amó a lo largo de su vida.
Como dramaturgo ha tenido una amplia resonancia, motivado por el interés de darnos a conocer algunos de los episodios dramáticos de nuestra historia. Ahí tenemos su primera obra teatral, "La hoguera", ambientada en la Guerra del Pacífico, que le valió el primer premio en el Concurso Nacional de Teatro, lo mismo que "Plácido Yáñez", que, además de haber sido muy aplaudida y comentada en la prensa, le hizo merecedor de un premio importante en La Paz. Sin embargo, una de sus obras más difundidas, que le procuró el reconocimiento del público en general, es la novela "La niña de sus ojos", cuyo tema, donde las virtudes y los vicios del mestizaje aparecen encarnados en su protagonista, conmueve los sentimientos más profundos del lector.
En enero de 1947 es designado por el Comité Pro IV Centenario de la Fundación de La Paz como coordinador de las "Monografías de La Paz en su IV Centenario 1548 – 1948", una gran obra que no llegó a ver publicada, porque la muerte se le anticipó. El gobierno declaró duelo departamental y el país se vistió de luto. Su cuerpo fue velado en el Colegio Ayacucho y, posteriormente, exhumado en el Mausoleo de Notables del Cementerio General de La Paz.
Este fecundo escritor, que vivía para cultivar las letras y educar a los estudiantes, se ganó el respeto de todos quienes se acercaron a leer sus obras con curiosidad y cariño. Nadie ha quedado indiferente ante sus temas que expresan el espíritu más genuino de la nación boliviana, donde la diversidad cultural forma un mosaico de riquezas humanas y naturales que la hacen única ante los ojos del mundo.
A pesar de que no fue un escritor dedicado exclusivamente a la literatura infantil y juvenil, es natural deducir que en su condición de educador, se vio impulsado a escribir algunos libros destinados a los niños y jóvenes, no sólo como una forma de contribuir a la cultura nacional y promover el sentimiento patrio, sino también con el fin de estimular en ellos el hábito a la lectura. Así nació el "Nuevo teatro escolar boliviano", declarado texto oficial para su uso en las escuelas y los colegios de Bolivia.
Antonio Díaz Villamil supo recoger la memoria viva de su pueblo, con la que compuso gran parte de sus relatos, novelas, leyendas y obras de teatro, así escribió su libro de cuentos "Khantutas", en los cuales se funden la realidad y la fantasía concediéndoles un toque sobrenatural a los temas tratados, ya que la intención del autor era despertar la atención de los pequeños lectores en torno a los mitos y creencias que caracterizan a los pueblos originarios, con los que se sintió identificado desde siempre. No en vano escribió su conocida obra "Leyendas de mi tierra", que es un puñado de relatos arrancados del acervo cultural boliviano, como "La leyenda de la coca", en la que se critica la violencia de los conquistadores españoles contra los habientes del imperio incaico y en cuya parte final se lanza una advertencia que convoca a la reflexión de propios y extraños. Este libro, debido a la fuerza telúrica y la magia atrapadas en sus páginas, sigue siendo un texto de lectura obligatoria para los estudiantes de escuelas y colegios.
Datos bibliográficos
Novela: El tesoro de los Chullpas (1930); Plebe (1943); La niña de sus ojos (1948). Cuento: Khantutas (1922); Tres relatos paceños (1945). Tradición: Leyendas de mi tierra (1929); El Ekheko (1945). Teatro: La herencia de Caín (1921); La voz de la quena (1922); El nieto de Túpac Katari (1923); La hoguera (1924); La Rosita (1928); El traje del señor diputado (1930); Cuando vuelva mi hijo… (1942); El hoyo (1942); Plácido Yañez (1945); El vals del recuerdo (1947); Gualaychos (1947); Nuevo teatro escolar boliviano (1947); Las dos multas (1989); El tirano Melgarejo y los estudiantes (1989). Historia: Curso elemental de historia de Bolivia (4 v., 1936-1944).
Manifiesto de poesía visual para niños
Una de las primeras formas de expresión en los niños está dada en el dibujo, aún en sus manifestaciones más simples (como el garabato en la arena a la señal que deja su aliento en los vidrios) es un elemento que les permite descubrirse a sí mismos y afianzar su aprehensión de la realidad. Más tarde utilizando carbón, lápiz o tiza pintarán los pizarrones, las paredes y las calles, o si les place, las nubes, el cielo y las estrellas, es decir: pintarán su mundo. Cuando ingresan a la escuela la maestra les enseña a "dibujar" en forma de letras y, por una especie de sortilegio, se les abre las puertas a un reino que antes desconocían, en el que a través de un nuevo código -con variadas formas y valoraciones también distintas, pueden captar y comunicarnos un mundo que a partir de entonces adquiere un nuevo significado.
En las aulas de cualquier escuelita de barrio los niños aprenden la mágica fórmula Abecedaria, la misma que memorizan de pe a pa y que la señorita (la llaman así sea casada, mayor o tenga hijos), manejando la regla con ademanes de batuta, hilvanando unas letras a otras, les hace repetir en tono de recitación o declamación. Y los polluelos, como buenos alumnos, la repiten como el padrenuestro o el avemaría, mientras en su febril imaginación cobran animosidad y de pronto las letras marchan como soldados, peces de colores o bandadas de golondrinas. Rememorando una de sus primeras y más elementales artes creativas, les dan formas, volúmenes y colores, hasta conseguir la silueta de seres, animales o cosas. Así la O es un sonriente sol, la S un hermoso cisne, la e un perfil de media luna. De igual manera los números: el 6 es un ratón echado, el 2 es un patito o cisne, etc.
Las primeras letras en el pizarrón de la alborada infantil son las vocales y para facilitar la enseñanza, la profesora les da a veces en forma de versos y canciones sencillas que graban fácilmente: "Sale la a con la mamá, sigue la e con el bebé, busca la i en el maní, llega la o con el yoyó, duerme la u con el arrurú" ("Nana de las vocales" de Hugo Molina Viaña). Y es que si se sabe aprovechar esa disposición del alma infantil, la identidad de los dibujos y letras facilita la enseñanza. Y no es que la señorita esté distrayendo a los niños, porque en esa edad se relaciona el estudio al juego (que es su principal actividad en aquella tierna edad); por el contrario, esa actitud puede convertir el ejercicio pedagógico en un juego que contribuye e influye de manera determinante en el aprendizaje. Se advierte, pues, que un contenido valioso en el proceso enseñanza-aprendizaje de aquellos años, se encuentra en el dibujo-poesía, como un medio psicológico y social derivado en otras áreas en la vertiente artística y utilitaria.
De lograr la educación en las aulas asimilar los recursos del lenguaje poético y visual, de hecho nos aproximaría a un método didáctico más adecuado, que parta ya no de los esquemas a los cuales nos vamos habituando de manera insensible los adultos, sino de la realidad que el niño palpa fundado en la necesidad de iniciarse en los recursos de la autoexpresión, tan necesarios como indispensables en su formación integral. De esta manera, teniendo como telón de fondo las letras, un lenguaje que traduzca sus motivaciones en colores, líneas, formas y volúmenes puede originar una pedagogía en la cual se fusionan las ilustraciones a las letras, con las habilidades y destrezas que conllevan, y no como sucede hasta hoy que tanto el profesor, como el poeta e ilustrador trabajen en compartimentos aislados e incomunicados.
Aunque la poesía visual tiene una larga tradición desde tiempos remotos, es a mediados del siglo pasado que recién empieza a estructurarse como corriente literaria, resultando una innovación aplicada al mundo de la pedagogía en nuestro tiempo. Si la poesía visual en algún momento se inspiró y fundamentó en el mundo lúdico del niño convirtiéndose entre los adultos en simple instrumento de especulación, ya es tiempo para que en un nuevo contexto estimulando la capacidad imaginativa, la observación e intuición infantil, pueda adquirir su verdadera significación.
En las aulas de cualquier escuelita de barrio los niños aprenden la mágica fórmula Abecedaria, la misma que memorizan de pe a pa y que la señorita (la llaman así sea casada, mayor o tenga hijos), manejando la regla con ademanes de batuta, hilvanando unas letras a otras, les hace repetir en tono de recitación o declamación. Y los polluelos, como buenos alumnos, la repiten como el padrenuestro o el avemaría, mientras en su febril imaginación cobran animosidad y de pronto las letras marchan como soldados, peces de colores o bandadas de golondrinas. Rememorando una de sus primeras y más elementales artes creativas, les dan formas, volúmenes y colores, hasta conseguir la silueta de seres, animales o cosas. Así la O es un sonriente sol, la S un hermoso cisne, la e un perfil de media luna. De igual manera los números: el 6 es un ratón echado, el 2 es un patito o cisne, etc.
Las primeras letras en el pizarrón de la alborada infantil son las vocales y para facilitar la enseñanza, la profesora les da a veces en forma de versos y canciones sencillas que graban fácilmente: "Sale la a con la mamá, sigue la e con el bebé, busca la i en el maní, llega la o con el yoyó, duerme la u con el arrurú" ("Nana de las vocales" de Hugo Molina Viaña). Y es que si se sabe aprovechar esa disposición del alma infantil, la identidad de los dibujos y letras facilita la enseñanza. Y no es que la señorita esté distrayendo a los niños, porque en esa edad se relaciona el estudio al juego (que es su principal actividad en aquella tierna edad); por el contrario, esa actitud puede convertir el ejercicio pedagógico en un juego que contribuye e influye de manera determinante en el aprendizaje. Se advierte, pues, que un contenido valioso en el proceso enseñanza-aprendizaje de aquellos años, se encuentra en el dibujo-poesía, como un medio psicológico y social derivado en otras áreas en la vertiente artística y utilitaria.
De lograr la educación en las aulas asimilar los recursos del lenguaje poético y visual, de hecho nos aproximaría a un método didáctico más adecuado, que parta ya no de los esquemas a los cuales nos vamos habituando de manera insensible los adultos, sino de la realidad que el niño palpa fundado en la necesidad de iniciarse en los recursos de la autoexpresión, tan necesarios como indispensables en su formación integral. De esta manera, teniendo como telón de fondo las letras, un lenguaje que traduzca sus motivaciones en colores, líneas, formas y volúmenes puede originar una pedagogía en la cual se fusionan las ilustraciones a las letras, con las habilidades y destrezas que conllevan, y no como sucede hasta hoy que tanto el profesor, como el poeta e ilustrador trabajen en compartimentos aislados e incomunicados.
Aunque la poesía visual tiene una larga tradición desde tiempos remotos, es a mediados del siglo pasado que recién empieza a estructurarse como corriente literaria, resultando una innovación aplicada al mundo de la pedagogía en nuestro tiempo. Si la poesía visual en algún momento se inspiró y fundamentó en el mundo lúdico del niño convirtiéndose entre los adultos en simple instrumento de especulación, ya es tiempo para que en un nuevo contexto estimulando la capacidad imaginativa, la observación e intuición infantil, pueda adquirir su verdadera significación.
"Hablando a solas o sólo hablando" es la nueva obra de Jorge Encinas
En un acto especial en el mezanine del Club Oruro, se presentó de manera oficial la nueva obra del reconocido escritor orureño, Jorge Antonio Encinas Cladera "Hablando a solas o sólo hablando", una colección de monólogos bien elaborados, que pueden ser llevados fácilmente al teatro.
La obra reúne monólogos sobre diferentes aspectos de la vida propia, haciendo referencia al trabajo, la violencia femenina, las personas desadaptadas, soñadoras, quijotes de este año, de este siglo y de este día, reflejando en cada uno de los fragmentos, experiencias propias del autor plasmadas en este libro.
Según Encinas, estos monólogos pueden ser tomados como novelas cortas o bien se pueden utilizar para ser presentadas con un público, este género se caracteriza por tener un solo personaje, el que habla y da a conocer la obra, siendo una recopilación de varios escritos que tenía el autor y los recuperó para imprimir la obra, con el objetivo de hacer reaparecer esta especialidad del teatro.
"Queriendo hacer aparecer nuevamente este género, que prácticamente muy poco se lo conoce dentro lo que es en la producción literaria y en la dramaturgia, nosotros siempre hemos intentado ir un poquito más adelante, porque en las ferias de libro que hemos estado, vemos que no existen textos sobre teatro, más existe poesía, novela, pero hemos visto una falencia grande en cuanto a teatro", destacó.
Dentro el texto, el autor destaca el monólogo titulado "Pasión o la dama del misterio", que se refiere a la violencia femenina que es un tema muy recurrente en nuestra sociedad, donde se enfoca la violencia sexual, laboral, psicológica y económica, que son los temas recurrentes para acosar a la mujer, extracto que quiere llamar a la reflexión.
Muchos de los libros que escribió Encinas, fueron dedicados para diversas personas, incluyendo a sus familiares, pero está en particular la dedica a la "Soledad, el amor imposible con quien no me casé", destacando que los personajes que están dentro la obra luchan contra la soledad.
Para los primeros meses del 2014, Jorge Encinas tiene el compromiso para seguir aportando en la literatura nacional, pero con textos específicamente dedicados al teatro.
La obra reúne monólogos sobre diferentes aspectos de la vida propia, haciendo referencia al trabajo, la violencia femenina, las personas desadaptadas, soñadoras, quijotes de este año, de este siglo y de este día, reflejando en cada uno de los fragmentos, experiencias propias del autor plasmadas en este libro.
Según Encinas, estos monólogos pueden ser tomados como novelas cortas o bien se pueden utilizar para ser presentadas con un público, este género se caracteriza por tener un solo personaje, el que habla y da a conocer la obra, siendo una recopilación de varios escritos que tenía el autor y los recuperó para imprimir la obra, con el objetivo de hacer reaparecer esta especialidad del teatro.
"Queriendo hacer aparecer nuevamente este género, que prácticamente muy poco se lo conoce dentro lo que es en la producción literaria y en la dramaturgia, nosotros siempre hemos intentado ir un poquito más adelante, porque en las ferias de libro que hemos estado, vemos que no existen textos sobre teatro, más existe poesía, novela, pero hemos visto una falencia grande en cuanto a teatro", destacó.
Dentro el texto, el autor destaca el monólogo titulado "Pasión o la dama del misterio", que se refiere a la violencia femenina que es un tema muy recurrente en nuestra sociedad, donde se enfoca la violencia sexual, laboral, psicológica y económica, que son los temas recurrentes para acosar a la mujer, extracto que quiere llamar a la reflexión.
Muchos de los libros que escribió Encinas, fueron dedicados para diversas personas, incluyendo a sus familiares, pero está en particular la dedica a la "Soledad, el amor imposible con quien no me casé", destacando que los personajes que están dentro la obra luchan contra la soledad.
Para los primeros meses del 2014, Jorge Encinas tiene el compromiso para seguir aportando en la literatura nacional, pero con textos específicamente dedicados al teatro.
"Pueblo y Arte" presenta libro que resalta las virtudes de la Quinua
Como parte de los festejos de clausura del Año Internacional de la Quinua, con el apoyo del Gobierno Autónomo Departamental de Oruro (Gador), el programa educativo y cultural Pueblo y Arte presenta el libro "Quinua, historia, leyenda y tradición", como aporte a este acontecimiento, además de resaltar las virtudes del grano de oro.
Todo el proceso de consolidación del libro nació dentro de este programa cultural, que comenzó un concurso intercolegial, el cual se denominó I Festival Nutricional y Alimenticio de la Quinua, donde varios establecimientos educativos participaron, aportando en la investigación y rescatando los beneficios alimenticios.
El director general del programa educativo cultural "Pueblo y Arte", Grover Véliz, explicó que esto comenzó como un sueño el cual se fue plasmando de a poco, con el apoyo de varias instituciones y su equipo de trabajo, que no dejó de recabar la información hasta concretar este libro que va en beneficio de la sociedad orureña en particular.
"Para nosotros y para Oruro muy fundamentalmente es muy especial, porque estamos contribuyendo, apoyando, en el consumo de este grano de oro, especialmente en toda la juventud y personas a nivel departamental y nacional, puesto que a través de nuestros medios hemos difundido la importancia de la quinua y es eso lo que se trasluce en este libro", remarcó.
Si bien esta aspiración comenzó con el apoyo del Gobierno Autónomo Municipal de Oruro (GAMO), quien apoyó durante el proceso del concurso, el Gobierno Autónomo Departamental de Oruro (Gador) mediante el Proyecto Fortalecimiento Productivo a la Seguridad Alimentaria, pudo conseguir los recursos para entregar este material durante los actos de clausura del Año Internacional de la Quinua.
Este libro de 240 páginas contiene la historia de la quinua, además de sus leyendas, junto a sus tradiciones y costumbres del pueblo Salinas de Garci Mendoza, lugar enigmático donde para muchos nace el grano de oro, pero también se puede apreciar todo lo compilado durante el programa televisivo, con las recetas de todos los colegios participantes.
El compromiso de Véliz es entregar este material bibliográfico a todas las bibliotecas y unidades educativas, para compartir el maravilloso trabajo que logró su equipo conformado por: Jhonny Saravia, Verónica Velarde, Carla Gonzáles, Cristhian Véliz, Elmer Valente y Vera Lucía Tito.
Todo el proceso de consolidación del libro nació dentro de este programa cultural, que comenzó un concurso intercolegial, el cual se denominó I Festival Nutricional y Alimenticio de la Quinua, donde varios establecimientos educativos participaron, aportando en la investigación y rescatando los beneficios alimenticios.
El director general del programa educativo cultural "Pueblo y Arte", Grover Véliz, explicó que esto comenzó como un sueño el cual se fue plasmando de a poco, con el apoyo de varias instituciones y su equipo de trabajo, que no dejó de recabar la información hasta concretar este libro que va en beneficio de la sociedad orureña en particular.
"Para nosotros y para Oruro muy fundamentalmente es muy especial, porque estamos contribuyendo, apoyando, en el consumo de este grano de oro, especialmente en toda la juventud y personas a nivel departamental y nacional, puesto que a través de nuestros medios hemos difundido la importancia de la quinua y es eso lo que se trasluce en este libro", remarcó.
Si bien esta aspiración comenzó con el apoyo del Gobierno Autónomo Municipal de Oruro (GAMO), quien apoyó durante el proceso del concurso, el Gobierno Autónomo Departamental de Oruro (Gador) mediante el Proyecto Fortalecimiento Productivo a la Seguridad Alimentaria, pudo conseguir los recursos para entregar este material durante los actos de clausura del Año Internacional de la Quinua.
Este libro de 240 páginas contiene la historia de la quinua, además de sus leyendas, junto a sus tradiciones y costumbres del pueblo Salinas de Garci Mendoza, lugar enigmático donde para muchos nace el grano de oro, pero también se puede apreciar todo lo compilado durante el programa televisivo, con las recetas de todos los colegios participantes.
El compromiso de Véliz es entregar este material bibliográfico a todas las bibliotecas y unidades educativas, para compartir el maravilloso trabajo que logró su equipo conformado por: Jhonny Saravia, Verónica Velarde, Carla Gonzáles, Cristhian Véliz, Elmer Valente y Vera Lucía Tito.
PREMIAN A CONCURSOS LITERARIOS
Al igual que el año pasado, el Ministerio de Culturas y Turismo realizará una gala literaria con motivo de la premiación y presentación de los tres ganadores de tres concursos literarios.
El XV Premio Nacional de Novela: Pasado por sal, de Cé Mendizábal; el primer Premio Nacional de Literatura Juvenil: El día más triste de la soberana más bella, de César Espada; y el II Premio Nacional de Literatura Infantil: Un zapato llamado Dere, de Ruddy Terceros, serán presentadas al público.
El acto se realizará el jueves 19 en el patio cultural del Ministerio de Culturas (calle Ayacucho, esquina Potosí), a las 19.30.
220 mil bolivianos es la suma que alcanzó este año la premiación a cuatro certámenes literarios.
El XV Premio Nacional de Novela: Pasado por sal, de Cé Mendizábal; el primer Premio Nacional de Literatura Juvenil: El día más triste de la soberana más bella, de César Espada; y el II Premio Nacional de Literatura Infantil: Un zapato llamado Dere, de Ruddy Terceros, serán presentadas al público.
El acto se realizará el jueves 19 en el patio cultural del Ministerio de Culturas (calle Ayacucho, esquina Potosí), a las 19.30.
220 mil bolivianos es la suma que alcanzó este año la premiación a cuatro certámenes literarios.
Escritores Edmundo Paz Soldán y Liliana Colanzi confirman para Feria del Libro de Viña del Mar
La Nacion / Celebrando su convocatoria número 32 y como la segunda feria del libro más antigua junto a FILSA en Santiago, la Feria del Libro de Viña se internacionaliza internacionaliza con la participación de los autores Edmundo Paz−Soldán y Liliana Colanzi (ambos de Bolivia) , Iván Thays de Perú y desde Argentina el ilustrador Guillermo Decurgez, más conocido como Decur, quien, además, es el responsable de la lúdica gráfica de esta nueva versión.
La Feria Internacional del Libro Está programada de l 9 al 26 de enero en el Liceo Bicentenario , ubicado en Avenida 2 Norte 752, y también contempla en su programa cultural la participación de destacados autores nacionales.
Entre ellos Pedro Lemebel, Pablo Simonetti, Alejandra Matus, Esteban Abarzúa, Pedro Engel, Camila Gutiérrez, Nicolás Copano , el ilustrador Malaimagen , además de otros pertenecientes al Círculo de escritores de la Región de Valparaíso.
En tanto la editorial Edaf confirmó la participación del artista argentino Leandro Taub , conocido por su trabajo como escritor y conferencista quien presentará en Viña su libro La Mente Oculta . Además, la feria tendrá entre otras actividades cuentacuentos a cargo de la Fundación Mustakis, la participación de la banda de música de la Armada de Chile y talleres de juguetes, las cuales se suman a la oferta de 40 stands de las editoriales , librerías y distribuidores más importantes de Chile.
El horario de funcionamiento de la 32ª Feria Internacional del Libro de Viña del Mar será de lunes a domingo, de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 23:00 horas. Entrada liberada.
La Feria Internacional del Libro Está programada de l 9 al 26 de enero en el Liceo Bicentenario , ubicado en Avenida 2 Norte 752, y también contempla en su programa cultural la participación de destacados autores nacionales.
Entre ellos Pedro Lemebel, Pablo Simonetti, Alejandra Matus, Esteban Abarzúa, Pedro Engel, Camila Gutiérrez, Nicolás Copano , el ilustrador Malaimagen , además de otros pertenecientes al Círculo de escritores de la Región de Valparaíso.
En tanto la editorial Edaf confirmó la participación del artista argentino Leandro Taub , conocido por su trabajo como escritor y conferencista quien presentará en Viña su libro La Mente Oculta . Además, la feria tendrá entre otras actividades cuentacuentos a cargo de la Fundación Mustakis, la participación de la banda de música de la Armada de Chile y talleres de juguetes, las cuales se suman a la oferta de 40 stands de las editoriales , librerías y distribuidores más importantes de Chile.
El horario de funcionamiento de la 32ª Feria Internacional del Libro de Viña del Mar será de lunes a domingo, de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 23:00 horas. Entrada liberada.
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