lunes, 17 de noviembre de 2014

Maximiliano Barrientos escritor 'Este mes publico otra novela'

Es sin duda uno de los escritores más jóvenes del país, pero con un gran talento. Este don lo ha sabido aprovechar muy bien Maximiliano Barrientos, ya que recientemente ha participado en la antología "Disculpe que no me levante", que trata de la muerte que siempre ha estado presente en la literatura latinoamericana. El escritor comenta sobre sus proyectos, habla de la muerte y sus máximas inspiraciones.

P. ¿Cómo se da su participación en 'Disculpe que no me levante'?

Paula Roses, la editora de Demipage, me escribió contándome que estaba armando una antología de la literatura latinoamericana contemporánea. El tema era los entierros, la muerte. Justo por esos días había escrito un cuento que bordeaba esa temática y le dije que participaría.

P. ¿ De qué trata 'Moscas'?

Es un cuento en el que uno de los personajes emprende un viaje para encontrar la tumba de un amigo que se mató corriendo en moto a fines de los años '90. El personaje es Esteban, quien ya había aparecido en algunos relatos de "Diario" y de "Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer". Emprende ese viaje días antes de abandonar el país, se va a vivir a Estados Unidos.

P. ¿Por qué escribir sobre la muerte?

Porque es uno de los grandes temas, porque no hay forma de no temerle. Porque nuestras vidas se ordenan alrededor de la anticipación de la muerte propia o del luto de la muerte de la gente que amamos.

P. ¿Qué obras que abordan esta temática lo han inspirado?

"Los muertos", de James Joyce. "Mientras agonizo" y "El sonido y la furia", de William Faulkner. "El periodista deportivo", de Richard Ford. "El año del pensamiento mágico", de Joan Didion.

P. ¿Cómo se encara la muerte en Bolivia? ¿Imagino que hay diferencias al respecto entre el oriente y el occidente?

No soy un antropólogo y por lo tanto no puedo especificar cómo las diferentes culturas se aproximan a la muerte. Soy un escritor, cuento historias y lo hago de la forma más intuitiva posible. Ni siquiera yo sé con certeza por qué tengo la necesidad de escribir sobre ciertas cosas y por qué otras me resultan indiferentes.

P. En el futuro inmediato ¿a qué proyectos literarios está abocado?

Estoy a punto de sacar una novela llamada "La desaparición del paisaje". Lo haré con la editorial española Periférica, que es la misma que sacó los otros dos títulos: "Hoteles" y "Fotos tuyas cuando empiezas a envejecer". Sale a fines de mes y espero que pronto se distribuya en Bolivia y toda Latinoamérica.

Salió libro basado en la Chiquitania

“Michi, allá en la Chiquitania”, de Hélèn Mayer, es el primer número de la colección Chiki’tin Cuentos Infantiles de la Editorial Itinerarios, de Cochabamba. El objetivo principal de esta serie de literatura para niños es revalorizar la cultura e identidad boliviana.
La iniciativa parte también ante la necesidad de crear un libro con la iconografía propia de una parte de la cultura la población Chiquitana, además de los valores y visiones que identifican a esta región. En futuras ediciones se explotarán otras poblaciones de Bolivia.
“La colección como objetivo tiene la preocupación de rescatar la iconografía y la cultura de este país, pero sin encerrarlo en algo sino más bien abriendo el diálogo intercultural con tema universal, con la identidad del niño y al mismo tiempo temas actuales”, aseguró
Además, la propuesta surge, según la autora, a raíz de la necesidad de contar con literatura infantil adaptada a la realidad de los niños y porque no hay editoriales que exploten este campo de manera permanente, salvo algunas excepciones.
“No hay mucho, a veces es muy complicado para los niños el lenguaje muy difícil, la cosmovisión es muy complicada también, no hay mucha editorial que se dedique a sacar literatura de niños”, resalta Mayer.
Con este libro se pretende llegar a lugares públicos, a las escuelas, sobre todo de los lugares aislados donde es más difícil acceder a ellos y también llegar a las comunidades donde se inspiró la autora.
“Michî, allá en la Chiquitania” narra la historia de un niño (Michî) que no podía crecer en tamaño y de ahí que la población chiquitana lo ignoraba al considerarlo demasiado débil o pequeño.

Se clausuró ayer la Feria del Libro

La cuarta Feria Nacional del Libro Potosí 2014 concluyó ayer después de permanecer abierta al público desde el miércoles 12 de noviembre con una variedad de ofertas literarias. El lema de este año fue “La lectura es cultura”.
Más de 40 puestos fueron ocupados por editoriales, empresas, distribuidoras, instituciones y actores literarios de Potosí; estuvieron presentes el Ministerio de Culturas, Vicepresidencia del Estado, la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia y la Cámara Nacional del Libro.
La feria también tuvo actividades paralelas como elencos de títeres, entre ellos El Pilpinto, Del Rio, Caléndula, Trapitos y Botones y Elwaki; hubo cuenta cuentos con Hugo Revollo y la Universidad Privada Domingo Savio; y también se presentaron los poemarios de Paola Andreina Herrera y Nelson Jaliri y los libros “Estudios bolivianos en homenaje a Gunnar Mendoza” y “Páginas dispersas”, a cargo del Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia.
El único escritor presente en la feria, entre los expositores, fue el potosino Cristóbal Corso Cruz que aprovechó de promocionar su libro “Potosí tradicional”, presentado el viernes 14 de noviembre.
El secretario de Turismo y Cultura de la Gobernación de Potosí, Osvaldo Cruz, informó que los expositores le felicitaron por hacer la feria en ambientes cerrados del Centro Cultural IV Centenario. Dijo que no se cobró nada porque la feria fue parte del Festival Internacional de Cultura.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Cuando la palabra censura logró asomar entre las letras

Una polémica, como no se veía en mucho tiempo en el mundo de la literatura nacional, se dio esta semana, luego del incidente ocurrido en la segunda jornada del Festival Internacional Literario Santa Cruz de las Letras. Los protagonistas fueron, por un lado, los escritores cubanos Wendy Guerra y William Navarrete, dos de los 22 invitados internacionales de esta primera versión del encuentro; por otro, algunos de los organizadores: la APAC, la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, el Ministerio de Culturas y el Centro de la Cultura Plurinacional Santa Cruz, donde se llevó a cabo la inédita cita el 7 y 8 de noviembre.

Censura fue la palabra que más fuerte sonó desde que Guerra y Navarrete indicaran que la organización no les permitió dar la conferencia Cuba por dentro y por fuera. Homero Carvalho fue el primero en negar tal afirmación en una nota publicada en EL DEBER en la que indicaba que su persona, junto a la directora de la APAC, Cecilia Kenning, observaron que la conferencia de los autores cubanos se salía de la temática literaria y abordaba la política del país centroamericano.

A partir de allí, la controversia saltó a las redes sociales, especialmente al Facebook, donde los muros de escritores, periodistas, organizadores del evento y gente interesada en la temática intervenían de una y otra forma aprobando y desaprobando lo hecho por los actores de la polémica.

Desde fuera
Los hechos se caldearon aún más con la publicación de Guerra y Navarrete titulada Santa Cruz de los miedos y difundida en el blog Habáname, del diario español El Mundo. Allí se preguntaron: ¿puede existir un festival de las letras en un país donde la frontera entre libertad de expresión y la censura es puro limbo?

Mientras la autora cubana era señalada por gente a la que le tocó acompañarla como soberbia y prepotente, otro diario internacional, El Nuevo Herald, de Miami, titulaba: “Escritores cubanos censurados por Evo Morales en festival literario”.

Carvalho, que intentaba aclarar el asunto en los muros de varios internautas que cuestionaban su labor, habló con EL DEBER.

En la entrevista reiteró que lo sucedido el sábado 8 no fue censura y dijo que la experiencia lo “hizo reflexionar sobre lo que estamos haciendo como gestores culturales”, a la vez que acusaba a Guerra y a Navarrete de ser enviados por el Gobierno de EEUU y cuestionaba cierta actitud desintegradora de algunos autores bolivianos, aludiendo que existe un grupo encabezado por Edmundo Paz Soldán que se aisló de los ‘viejos’ en el encuentro.

Cecilia Kenning lamentó lo sucedido, pero confirmó que el festival tendrá una segunda versión, la cual probablemente sea bianual. A la vez dijo que la polémica deja algo positivo.

“Es una pena, pero, salvando los problemas, los cubanos nos han hecho mucha propaganda en el exterior, sin querer el festival se ha dado a conocer más allá de donde pensábamos”, expresó Kenning

Santa Cruz de las Letras, el desafío de la proyección



“Cada vez es más interesante el movimiento literario en Bolivia. Hace años era algo más pacífico; hoy hay escritores más vibrantes”, evaluó el mexicano Jorge Luis Volpi, cuya quinta visita al país se debió al lanzamiento del festival Santa Cruz de las Letras.

Más allá de los gafes de una primera versión y de la cancelación a último momento de la conferencia Cuba por dentro y por fuera, a cargo de los cubanos Wendy Guerra y William Navarrete —quienes articularon la visita de muchos de los invitados internacionales y que luego denunciaron una censura—, la cita sirvió para identificar las preocupaciones actuales de los escritores bolivianos e iberoamericanos, enfrentados a nuevos retos que comienzan con empezar a leerse entre sí.

“Es un momento muy interesante y caótico. Esto muestra la variedad de propuestas y de generaciones de nuestro continente”, continúa el ganador del Premio Planeta-Casa de América. “En general las tendencias, aquí y en el resto del continente, son muy variadas: van desde lo político a lo intimista, o como en el caso de México, a situaciones muy específicas, como la que está en torno a la literatura del narcotráfico”.

Esta diversidad de cristales desde los que se aborda la escritura se enriquece con el conocimiento de la producción contemporánea. “Tenemos que agradecer a las redes sociales que te permiten ver lo que está produciendo el otro. Nos debemos a la voluntad de querer leer al otro, es el compromiso con el arte, que pasa por conocer qué sucede con tu campo cultural”, agrega la cruceña Giovanna Rivero. “Debemos ver qué tipo de apuestas estéticas e ideológicas se están haciendo. En Bolivia estamos atravesando líneas paralelas de crecimiento que no siempre son contingentes; eso me gusta mucho porque es coherente con la heterogeneidad del país, no podríamos entendernos si no es a través de nuestras propias contradicciones”.

Y es a través de estas contradicciones que se hace importante el entablar redes de lectura y de gestión. “El oficio del escritor es un trabajo íntimo. Por eso escuchar a los ponentes y leerlos, más que todo, es muy importante. Tenemos que leernos ente nosotros”, expone la autora chuquisaqueña Rosario Barahona. “Es un evento de exposición grande e importante para nosotros”.

A Rodrigo Urriolagoitia, el ganador del Concurso Plurinacional de Novela Marcelo Quiroga Santa Cruz, le llamó la atención el que siempre sale a colación el intento de definir qué es la novela boliviana. “Para la literatura no importan las fronteras. Y uno no deja de ser boliviano fácilmente. También depende de qué quiere decir ‘ser boliviano’: en mi primer libro quería alejarme un tanto de lo que Bolivia significaba en historia literaria nacional; en la última novela quería concentrarme en lo que es mi país”, expone.

La idea de una literatura “boliviana” va mucho más allá de la evidencia político-social y del costumbrismo. “El momento político se refleja en nuestra literatura. Varios autores nacionales estuvieron invitados a la Filba (Festival Internacional de Literatura). Quizá el momento político es el motivo o quizá están buscando en Latinoamérica otros tipos de expresión, y Bolivia tiene mucho que dar al mundo”, agrega el autor paceño.Editoriales. Barahona nota además que los cambios políticos han hecho más accesible la publicación y la circulación de las obras más allá del eje troncal. “Hay gran facilidad para publicar, lo que no ocurría hace diez o cinco años atrás; nos resta poner manos a la obra. Desde Sucre era muy difícil publicar, pero eso ha cambiado: nos estamos abriendo nuevos espacios, como el Festival Arí, que reunió a poetas y narradores”.

Ya apuntando al festival, el escritor cochabambino Edmundo Paz Soldán valoró el trabajo de gestión en esta primera versión. “Se requiere de un esfuerzo notable y los organizadores de APAC tienen una tradición y credibilidad que lo ha sacado adelante. El objetivo es convertirlo en una referencia internacional”.

El precio de Bs 50 para las manillas de ingreso ha sido un impedimento —según algunos autores— para que no haya tanta asistencia, calculada en 600 personas por la organización. Sin embargo, rescatan la calidad de las intervenciones. “No ha sido un público pasivo, ha sido muy intenso, hubo un diálogo.

Cuando son tantos escritores que presentan tantas ponencias, se llega más a un muestrario de varios temas importantes. Y se ha planteado el momento actual de la literatura latinoamericana, la relación con otros géneros, el auge de la autoficción, la importancia del cómic, el retorno de la ciudad al campo después de muchos años de obsesión por lo urbano... todos esos temas son puntos neurálgicos de la literatura iberoamericana”, evaluó el autor de la novela Iris.

“Los festivales literarios han ido cobrando auge en los últimos años y poco a poco han ido generando mucho interés en los lectores; es la oportunidad no solo para que los escritores se conozcan, sino para intercambiar ideas y conocer nuevos lectores”, agregó la española Lola Salvador.

“Sabía que iba a ser un festival importante y que los temas a discutir eran de mucha relevancia: merecen ser discutidos para conocer nuestra problemática y plantear soluciones”, opinó José Adiak Montoya, de Nicaragua. “Es importante el diálogo frontal con el público y satisfacer inquietudes que van más allá del libro”.

El colombiano Juan Sebastián Cárdenas encontró que los países de la región son cada vez más cosmopolitas. “Yo siento que Colombia se ha roto mucho, para bien y para mal: Cabe mucha gente. Hay una sensación constante de extranjería y se está abriendo la idea provinciana de la ciudad”.

“La gente que ha llegado es de altísimo nivel y los contactos que queríamos para nuestros escritores se han conseguido, estamos llenos de orgullo”, concluye Sara Mansilla, que desde la organización ha visto su labor satisfecha.

Jornadas

FestivalEl evento se realizó del 7 al 8 de noviembre en el Centro de la Cultura Plurinacional Santa Cruz.

Invitados

ActividadesParticiparon de los coloquios y talleres 17 autores internacionales y 22 escritores nacionales.

Viaje

PromociónEl 9 y 10 de noviembre, los invitados pudieron visitar las misiones jesuíticas de San Javier y escuchar el coro.

Gonzalo Lema gana el premio Kipus

EL ESCRITOR BOLIVIANO | ACABA DE GANAR EL PREMIO KIPUS, UN LOGRO MÁS QUE SE SUMA A SU IMPORTANTE CARRERA LITERARIA. OH! CONVERSÓ CON ÉL.

OH!: ¿Hace cuánto tiempo descubrió su pasión por la literatura?

Hace no más de veinte años, aunque mi primer libro tiene treinta y cuatro. Mi primera pasión fue la lectura, no tengo dudas. Su influencia me derivó a la escritura. Luego ambas (lectura, escritura) comenzaron a caminar juntas. Con los años advertí que yo miro el mundo desde la literatura, no desde lo ideológico (política) ni desde la fe (religión). Tengo “tomada” la vida por la ficción. Curiosamente, es lo más real que alcanzo a distinguir en mí.



OH!: ¿Sobre qué trata “Siempre fuimos familia”, la novela con la que ganó el premio internacional Kipus?

Trata del desaliento que tiene el ser humano debido a carencias en su espiritualidad y en su propia materia, que le impiden ser feliz. Ese es el tema central de la novela. Los miembros de una familia buscan el sentido de la existencia o razones ciertas para ser felices. Esas razones, vistas de afuera, se ven extravagantes y excéntricas… La novela narra el afán que tiene cada uno por encontrar el sentido de la existencia y una razón para ser feliz.



OH! ¿Cuál es el sentido de su existencia? ¿Qué lo hace inmensamente feliz?

Inmensamente feliz… Puedo afirmar que me he formado para ser inmensamente pleno, no feliz. La búsqueda del sentido de la existencia ha ocupado el interés de mi vida. La literatura es mi instrumento fundamental: narrar personajes y situaciones me ha derivado en la reflexión permanente y vasta. He desarrollado cierto talento para “leer” el alma de las personas y los temas. Todo esto, con gran licencia literaria, por supuesto. Quiero decir: no desde la ciencia.



OH! ¿En que se inspiró para construir esa obra?

Hace treinta años, mi madre tuvo la ocurrencia de regalarme un cajón grande lleno de revistas Vanidades, Cosmopolitan, Buen Hogar… Me dijo que era importante vulgarizar mi lectura de libros para condimentarla, para hacerla sabrosa. El primer resultado fue mi “encontrón” con Carolina de Mónaco, mujer que fijé en mi mente. Desde entonces, hasta ahora, escribí cuatro intentos (fallidos) de una historia de amor. Mi novela “Siempre fuimos familia” comenzó entonces. Años después, una amiga me regaló la historia de su abuela: una mujer que vestía de pollera o vestido de acuerdo a su ánimo. Otra historia más antigua y menos sorpresiva, por ejemplo, es la del papá, un exnarcotraficante que se convierte en constructor de edificios, algo bastante común en nuestro país. También está la historia del hijo gay que estudia sociología. Otro miembro de la familia es la hija casada con un abogado que pretende ser escritor, y la historia de Juana, que es la cocinera de la familia.

En conjunto se nota que todos ellos buscan la ansiada felicidad. No lo dicen, no lo verbalizan, pero se nota que la vida no les muestra el sentido que tiene su existencia. Uno de ellos llega a afirmar que la vida es una pasión inútil (Sartre), y que tal vez el problema mayor de la existencia es que uno se muere y no trasciende, salvo el creyente, pero en esta casa parecen competir en herejía. La novela narra lo esencial, la búsqueda de la felicidad, las razones que justifican la existencia, mientras se desarrolla la vida familiar.



OH! ¿Por qué razón le tiene un cariño especial a esta novela?

Quizás porque me retrotrae a ese período tan particular de mi vida: el fin de la universidad (abogacía), las lecturas nuevas, mi madre viva, y el enfrentamiento con la realidad. Muchos años después, la narración fluyó: un escritor ya maduro empezó a narrar los esquivos temas de su juventud. El resultado es esta novela premiada. Me conmueve todo el ciclo.



OH! ¿Cuál cree que es la importancia de la familia en la sociedad?

Es decisiva. La antigua familia era una caverna donde se hallaba refugio ante el peligro externo (los mastodontes, por ejemplo). La familia contemporánea (donde queda en pie) es un refugio de los valores éticos, es (debería ser) un depósito de los contenidos democráticos. Allí se forma la gente, la ciudadanía… A mí me molesta que se espere todo del juez y no se practique censura social. O que se espere todo del Estado, y no se construya sociedad desde el individuo. Por último: que se espere todo del alcalde y no se construya ciudad desde la casa misma. La familia es la gran aliada para vivir mejor, pero ni un solo discurso del presidente interpela a la familia. Con buenas familias tendríamos mejor país.

Las familias bolivianas contienen, en forma natural, el amor de los papás, de los abuelos, hijos, nietos y eso es suficiente para que pensemos que existe. Es la vieja caverna donde es posible contar las penas y las alegrías. Creo que no le damos el valor que efectivamente tiene y va a tener más aún porque la vida tiende a desagregarlas. A veces, por ejemplo, por falta de reflexión, los padres mandan a estudiar a sus hijos al extranjero, y ellos ya no vuelven. ¿Acaso no sería mejor que salieran después? Así se irían más formados, y los padres los disfrutarían más...



OH! ¿Háblenos sobre los últimos premios que ganó?

Bueno: el premio de novela Kipus Internacional. He leído que se presentaron catorce países y muchas novelas bolivianas. Llegaron a ser como cincuenta. El premio consistió en la publicación del libro con ese prestigio, eso es lo importante, lo más lindo. Además, un cheque por 20.000 dólares.

En nuestra realidad latinoamericana, debido al monto, ha pasado a ser un premio más que importante. Cuba, que tiene un premio tradicional, el Casa de las Américas, con más de medio siglo, premia con tres mil dólares y la publicación del libro.

En Bolivia había un premio de 10.000 dólares, el premio Alfaguara, que yo gané en la primera versión en 1998.

También es importante reconocer la validez de los premios municipales. Cochabamba tiene en novela el premio Marcelo Quiroga Santa Cruz (lo obtuve el 2012) y Santa Cruz tiene el premio Santa Cruz de la Sierra, que lo he ganado una semana después del Kipus.



OH! ¿Cómo ve la literatura en Bolivia?

Es muy interesante nuestra literatura. A veces acompaña el proceso social (la guerra del Chaco, la revolución del 52, la retoma de la democracia, etc.) y, a veces, acompaña la vida. Tenemos una serie de libros hermosos desde los primeros años de la fundación. Yo no la disfruto por grupos etáreos, a mí me interesan los buenos libros, de los abuelos o de los nietos. Esto se debe a que diferencio la buena literatura de la astucia del mercadeo.

Hoy, la literatura boliviana está más nutrida, con más novelistas, cuentistas, poetas, ensayistas, críticos. Se diría que tenemos más personal. Nos falta reseñistas, ése es nuestro déficit. El periodismo cultural, salvo alguna excepción muy notable, es todavía muy débil.

Perfil

Gonzalo Lema

Nació en Tarija en 1959, estudió tres años en el Colegio Don Bosco (1965-68), se graduó del colegio Laredo (1969-76) y estudió Ciencias Jurídicas y Políticas en la Universidad Mayor de San Simón (1985). Fue vocal y Vicepresidente (1987-1991) y presidente del organismo electoral cochabambino (1995-2001). Fue vocal del organismo electoral nacional (2001-2003). Fue concejal, vicepresidente y presidente del concejo municipal de Cochabamba (2005-2010).

Sus novelas publicadas son: Este lado del mundo (1983, premio Guttentag), El país de la alegría (1987), La huella es el olvido (1993), Ahora que es entonces (1998), La vida me duele sin vos (1998, Primer premio Alfaguara), Los labios de tu cuerpo (2004), Dime contra quién disparo (2004), Contra nadie en la batalla (2007), El mar, el sol y MariSol (2007), Si tú encuentras a MariJo (2007), Los días vacíos del Raspa Ríos (2012, premio Marcelo Quiroga Santa Cruz) y Siempre fuimos familia (2014, premio Kipus Internacional).

Armando Soriano, el último caballero de Gesta Bárbara

Comienza la década de los años 50 del siglo XX en la ciudad de La Paz, que se ha convertido en la primera urbe de Bolivia. En ella una clase dominante conservadora marca la tendencia del arte y la literatura, que se precia de su gran influencia europea. Los autores nacionales son apenas reconocidos.
En la terraza del Domec, una confitería ubicada en pleno centro paceño, en la avenida 16 de Julio -hoy conocida como El Prado- un grupo de jóvenes está reunido sosteniendo una efusiva conversación que llama la atención del resto de los clientes.
Se trata de algunos de los miembros de la segunda generación de Gesta Bárbara, un movimiento de intelectuales, literatos y artistas creado a principios de siglo XX, en Tupiza, Potosí, bajo el liderazgo de Carlos Medinacelli, autor de la emblemática novela boliviana Chaskañawi. El movimiento estaba guiado por el sentido de revalorización de la producción literaria y cultural boliviana. Su fuerza fue tal que llegó hasta La Paz.
En el grupo de jóvenes en la terraza del Domec están Mario Miranda, Julio de la Vega, Gustavo Medinacelli, Óscar Alfaro, José Federico Delós, Jacobo Liberman y Valentín Abecia, que años después serán reconocidos y recordados como los más grandes poetas y escritores de Bolivia. Entre ellos también se encuentra Armando Soriano Badani, un joven de casi 30 años, estudiante de Derecho, y Filosofía y Letras en la Universidad Mayor de San Andrés.
La charla del grupo es espontánea y gira en torno a diferentes temas. A momentos de política, en otros de economía, religión... pero el tema ineludible es el cultural y el literario, en lo que están involucrados todos ellos.
No faltan las declamaciones de versos, poemas y sonetos de amor o de exquisita sátira contra la política y sus representantes...
Armando Soriano ya tiene escrito un libro de poesía: Alba rota, que años después se convertiría en una de sus mayores obras. La concibió en sus años de estudiante.
Ahora está cultivando la poesía amatoria, ésa de tinte erótico que le fascina. También está escribiendo Escondida entre mis sueños, una novela en primera persona que describe la experiencia de Gesta Bárbara y los acontecimientos que se dan en la carrera de Filosofía, donde él estudia.
Soriano nació en Cochabamba en 1921, pero radica en La Paz desde muy niño. Es el séptimo de los siete hijos de María Badani, viuda de Soriano. Después de salir bachiller, del colegio La Salle, siguió, simultáneamente, las carreras de Derecho y Filosofía y Letras.
A principios de los años 50, concluidas las dos carreras, logró una beca de estudio en París, donde se especializó en seguridad social, pero, al mismo tiempo, siguió cursos de estética e historia del arte.
Salió de Bolivia con sus amigos Julio de la Vegas y Mario Miranda, con los que compartió esa experiencia de vivir tres años en "esa libertad extraordinaria” de la Ciudad Luz, donde conoció los museos más famosos del mundo y asistió a diferentes eventos culturales de la época, lo que le representa "una fuente nutriente de enriquecimiento espiritual extraordinario”.
A su regreso a Bolivia, junto a Julio de la Vega y Mario Miranda y otros poetas y escritores, llega a formar parte de la segunda generación de Gesta Bárbara.
Pese a que el principal sentido del movimiento era revalorizar la literatura boliviana, Armando Soriano y sus amigos estaban muy influenciados e inspirados en escritores de la época, que representan al cubismo literario, una corriente vanguardista que se originó en París alrededor de 1908.

MEDIO SIGLO DESPUÉS
Hoy, más de medio siglo después, una ola de recuerdos empapa a Armando Soriano, el último de los caballeros de Gesta Bárbara. Verbaliza sus recuerdos en medio de la euforia que desata la nostalgia. Describe los momentos junto a sus amigos ya fallecidos, evoca los momentos junto a ellos y hasta recita sus poemas con emoción.
"Éramos una familia espiritualmente reunida que se tomaba sus pequeñas licencias nocturnales para escribir, decir poemas y tertuliar como uno de los símbolos más seductores del intercambio de ideas. Formaron parte de esa familia poetas estupendos que dejaron su obra importante”, evoca.
"Cada quien guardaba su independencia, no sólo de pensamiento y conducta. Todos éramos absolutamente libres, tanto que si bien algunos teníamos nuestras inclinaciones izquierdistas, habían otros con inclinaciones diferentes, pero todos éramos respetados, éramos igual queridos”, añade este hombre casi centenario, dueño de una intacta memoria, una elegante estampa y un trato caballeroso y galante, propio de los caballeros de Gesta Bárbara.
Soriano se detiene en su amigo Gustavo Medinacelli. "Era un personaje con gran fuerza y entereza, con una personalidad medio extravagante. Era un espíritu completamente libre, el líder de todos nosotros, el fundador”, dice.
Recuerda que Medinacelli siempre solía sorprender. "A veces, cuando teníamos alguna obra en la que tenía que aparecer, no salía al escenario. ¡De pronto aparecía en algún rincón entre el público!, ¡inuscitadamente!, creando una verdadera sorpresa”. Gustavo Medinacelli fue el primer miembro de la segunda generación de Gesta Bárbara que murió.
En seguida se le viene a la mente José Federico Delós, "un gran poeta crítico de las autocracias militares”. Para evocar su memoria declama uno de sus poemas, Sarjam: -"Qué quereís en la cumbre, las eternas nieves ciegan aquí a las alimañas, lo lobos deben ir a las cavernas, sólo el águila habita las montañas. No os queremos aquí, ir a hundiros en el cero mismo de la nada, abajo, más abajo, no los queremos aquí, ¡sarjam carajo!”-.
También recuerda a Óscar Álfaro "con su poesía política absolutamente aguerrida, pese a ser un poeta absolutamente de espíritu manso y quieto”.
"Era un niño, por eso se convirtió en el poeta de los niños de Bolivia. Tenía un poema que hablaba de él mismo”, dice y comienza a declamarlo: -"Desde adentro, desde el fondo de mí mismo sale corriendo a mi encuentro un niño que soy yo mismo”-.

EXALTADORES de la cultura boliviana
Pero el movimiento Gesta Bárbara no sólo era un espacio en el que este "grupo original de extravagantes” encontraba la motivación para escribir poesía, cuentos, novelas o crítica literaria -afirma Armando Soriano- sino que promovía y organizaba actividades públicas para "mover el ambiente anquilosado de la cultura”.
Cada semana organizaban recitales en el Teatro Municipal, en el Salón Municipal, de la Cañada Strongest, o en cualquier otro local "de lo más conocido o desconocido”.
En esos espacios los miembros de Gesta leían sus poemas en actuaciones presentadas por Gustavo Medinacelli, "que hacía y decía sus locuras”.
Pero la pluma de los miembros de Gesta Bárbara también alcanzó a los periódicos más destacados de la época. En diarios, como La Razón y Última Hora, eran los encargados de las páginas de cultura, donde escribían críticas sobre la producción cultural en nuestro medio.
"Éramos absolutamente exaltadores y amantes de la literatura boliviana, porque había muchas expresiones un poco falaces, algunos escritores que tenían sus grandes laureles y prestigios, pero eran de una gran modestia creadora. Todo eso nos inducía a tratar de exaltar lo que verdaderamente era una expresión genuina de nuestra cultura”, comenta Armando Soriano.
El autor se regocija al recordar que el grupo llegó a ser estimado por generaciones más antiguas de grandes figuras de la literatura boliviana, como Carlos Medinacelli, Armando Alba y otros grandes escritores.
"Era un estímulo para nosotros. Éramos irreverentes por una rebeldía que nace más de la juventud que de una actitud racional, pero nuestro contacto con esta gente tenía un gran valor en nuestra producción”, expresa.
El GERMEN DE LA POESÍA
Si Gesta Bárbara fue un estímulo para cada uno de sus miembros, para Armando Soriano fue el germen que lo convirtió en uno de los mayores conocedores del cuento boliviano y en un maestro de la poesía amatoria.

En su incursión por el cuento, este barón de las letras bolivianas se coronó como un especialista, que prácticamente sembró la definición de ese género literario. En 1964 publicó El cuento boliviano, una obra en la que recopiló y analizó todo lo producido hasta entonces por los autores nacionales.
"Ahí afloran la mayoría de los que comenzaron a escribir sus libros de cuentos”, explica.
Ese exitoso trabajo cruzó las fronteras, porque desde Argentina le pidieron escribir una antología del cuento boliviano, que fue impresa en 30.000 copias, que llegaron hasta bibliotecas de Estados Unidos.
En 1989 Soriano escribió su primer cuento, Rumbo de la fatalidad, inspirado en la represión política de la época. Señala que como cuentistas desarrolló el estilo del "desenlace desconcerante que destruye la intriga”.
Y el trabajo de Armando Soriano sigue y suma, porque también escribió sobre autores bolivianos analizando y criticando su obra. Entre esos trabajos destaca Elogio a La Paz, donde se dedicó a revisar el trabajo de los intelectuales y literatos paceños.
En cuanto a Soriano como el maestro de la poseía amatoria, él mismo considera que de sus más de 30 libros y decenas de ensayos, su obra más exitosa fue la que escribió hace casi 75 años, pero que publicó en 1960: Alba rota, un compendio de sus poemas escritos en el colegio y dedicados a "esos amores que aparecían y desaparecían de repente”.
"Lo publiqué regañadientes, pero fue muy bien recibido. Es un libro nutrido de sonetos, una de mis inclinaciones porque es una de las formas poéticas más encantadoras, armoniosas y difíciles”, comenta.
Pero Soriano no sólo cultivó el verso libre, sino la mayoría de las manifestaciones poéticas clásicas que hoy son un gran patrimonio de la poesía boliviana.
Por eso, al referirse al verso de este último caballero de Gesta Bárbara, Jacobo Liberman, su amigo de siempre , ya fallecido, lanzó una profecía: "Soriano, por favor, y no digo nada original, no está para otoños, él es un poeta condenado a escribir un siglo de poesía y su lugar en la lírica boliviana se encumbra a la altura de esta tierra”.






Éramos una familia espiritualmente reunida que se tomaba sus pequeñas licencias nocturnales para escribir, decir poemas y tertuliar .