jueves, 8 de noviembre de 2012
Presentan la nueva obra 'Sombra de mí'
La Hoguera presentará la nueva obra literaria "Sombra de mí" elaborada por la joven escritora Gabriela Cortez Radosevic. El lanzamiento se realizará el próximo lunes a partir de las 20:00 en el centro Café Lorca (calle René Moreno esquina Sucre). La autora, con sus 23 años de edad, ya incursiona dentro de la narrativa cruceña que trata de una novela escrita en primera persona donde se enfoca en el relato de la vida de Álvaro, el gran amor de juventud de la narradora, quien ha muerto y la explicación del incidente aparece por escenas como una película donde el pasado, el presente y a veces el futuro se van mezclando. Como un voyeur, la narradora tratará de justificar su muerte, repasando cada vieja y reciente escena, hasta preguntarse si era a ella a quien él efectivamente amaba y no a su viuda.
La novela viene acompañada de 10 ilustraciones creadas por la artista Mariana Ferreira Ichaso, una joven artista quien también por primera vez muestra su arte.
Concurso de dramaturgia para jóvenes escritores
Ahora los jóvenes escritores, tienen la oportunidad de participar en el concurso de dramaturgia y el teatro de bolsillo que es organizado por la Escuela Nacional de Teatro, la Fundación Repsol, la Universidad Carlos III de Madrid y la Aecid.
Para participar al teatro de bolsillo, en primer lugar tienen que ser bolivianos o con residencia en el país, mayores de edad y que justifiquen una mínima trayectoria teatral. Asimismo, las obras deben ser originales e inéditas, por otro lado, deben estar en formato de teatro breve en un acto, escrita en lengua castellana, de un máximo de 35 páginas y mínimo 15, tamaño de hoja A4, tipografía times 14 interlineado 1,5. Las obras deberán ser enviadas en forma de manuscrito a la Escuela Nacional de Teatro Casilla de Correos N° 1088 Santa Cruz de la Sierra - Bolivia. En soporte digital PDF al correo electrónico: escuelateatrosz@gmail.com. La entrega es hasta el 15 de noviembre 2012 junto con fotocopia de Cédula de Identidad.
Para participar al teatro de bolsillo, en primer lugar tienen que ser bolivianos o con residencia en el país, mayores de edad y que justifiquen una mínima trayectoria teatral. Asimismo, las obras deben ser originales e inéditas, por otro lado, deben estar en formato de teatro breve en un acto, escrita en lengua castellana, de un máximo de 35 páginas y mínimo 15, tamaño de hoja A4, tipografía times 14 interlineado 1,5. Las obras deberán ser enviadas en forma de manuscrito a la Escuela Nacional de Teatro Casilla de Correos N° 1088 Santa Cruz de la Sierra - Bolivia. En soporte digital PDF al correo electrónico: escuelateatrosz@gmail.com. La entrega es hasta el 15 de noviembre 2012 junto con fotocopia de Cédula de Identidad.
miércoles, 7 de noviembre de 2012
Homenaje a la escritora orureña Gladys Dávalos
Gladys se fue a un lugar inalcanzable para nuestro cuerpo. Un lugar apacible, lejos del sufrimiento. Los chicos “de la calle” que se adelantaron porque murieron más jóvenes que ella la esperaron para escuchar otra vez, o por primera vez, las historias de “Ururi y los sin chapa”.
Nos dejó una valiosa reconstrucción de Cochabamba en los años 35 del siglo pasado, años de guerra y de orfandad por el Chaco. “Los Pozos del Lobo” novela narrada desde los ojos de los niños huérfanos que hoy se quedan todavía más solos.
Aunque Cecé, ya no tiene la madre narradora que realizaba los viajes maravillosos, al paraíso de los Qala-pagos o al rincón del tigre azul sin salir de la habitación, tiene los libros más hermosos que una hija puede tener.
Muchos niños de la Paz, de Bolivia, se quedaron sin el “Helado de Chocolate” y hasta “La Muela del Diablo”, desde su cima hoy - que se fue su escritora - hace su soliloquio sobre el destino de los seres humanos.
Sus amigos, los escritores del PEN-Bolivia, los que pudimos tenerla como responsable del área de La Paz, los que pudimos darle, hace unos días, un pequeño regalo de reconocimiento por su aporte a la narrativa boliviana, pensamos, acongojados, sobre lo ineludible de la muerte y sobre el poder de la palabra impresa que perdura después del humo de la carne y del espíritu.
PEN-BOLIVIA. NOVIEMBRE 2012
(*) Luego de luchar durante un año contra el cáncer, la escritora orureña Gladys Dávalos falleció la noche del pasado viernes en La Paz, ciudad en la que residía hace varios años.
Nos dejó una valiosa reconstrucción de Cochabamba en los años 35 del siglo pasado, años de guerra y de orfandad por el Chaco. “Los Pozos del Lobo” novela narrada desde los ojos de los niños huérfanos que hoy se quedan todavía más solos.
Aunque Cecé, ya no tiene la madre narradora que realizaba los viajes maravillosos, al paraíso de los Qala-pagos o al rincón del tigre azul sin salir de la habitación, tiene los libros más hermosos que una hija puede tener.
Muchos niños de la Paz, de Bolivia, se quedaron sin el “Helado de Chocolate” y hasta “La Muela del Diablo”, desde su cima hoy - que se fue su escritora - hace su soliloquio sobre el destino de los seres humanos.
Sus amigos, los escritores del PEN-Bolivia, los que pudimos tenerla como responsable del área de La Paz, los que pudimos darle, hace unos días, un pequeño regalo de reconocimiento por su aporte a la narrativa boliviana, pensamos, acongojados, sobre lo ineludible de la muerte y sobre el poder de la palabra impresa que perdura después del humo de la carne y del espíritu.
PEN-BOLIVIA. NOVIEMBRE 2012
(*) Luego de luchar durante un año contra el cáncer, la escritora orureña Gladys Dávalos falleció la noche del pasado viernes en La Paz, ciudad en la que residía hace varios años.
LIBRO sobre danzas folklóricas será presentado el viernes
En pocos días se presentará el segundo tomo de la publicación ‘No se baila así nomás, danzas autóctonas y folklóricas de Bolivia’, de los investigadores Salazar y Sigl.
El viernes, en el Patio Colonial del Museo San Francisco, se presentará el segundo tomo del libro No se baila así nomás, de los investigadores David Mendoza y Eveline Sigl.
Este material bibliográfico abarca la segunda parte de los estudios realizados en el campo de las danzas autóctonas y folklóricas de Bolivia, en el que se explica el significado cultural de los bailes practicados en el país.
Mendoza explicó que el libro comprende un “estudio que reúne 240 danzas folklóricas y autóctonas en un solo texto. Además incluye expresiones de danza de casi todo el territorio nacional”.
El amplio enfoque que plantean los autores permite visualizar la compleja interrelación entre las danzas provenientes de varios ámbitos sociales y regionales.
La obra
El tomo se divide en dos partes, la primera constituida por danzas folklóricas y la segunda por danzas autóctonas.
Las danzas folklóricas están ordenadas alfabéticamente, entre ellas se destacan la cueca, los caporales, la diablada orureña, los doctorcitos, la morenada y las wawa wacas, entre otras.
Cada expresión cuenta con una descripción detallada de su origen, personajes, historia, significado, etcétera.
La segunda da cuenta de las danzas autóctonas, organizadas geográficamente por departamentos y provincias. De la misma forma se ofrece una detallada descripción de cada danza.
En ambas secciones se alcanzan a analizar 240 danzas.
Los autores
David Mendoza es sociólogo. Escribió varios libros en los que estudia con profundidad danzas y fiestas folklóricas, entre otros asuntos antropológicos y de tipo cultural del país.
Eveline Sigl es austriaca, bioquímica y genetista de profesión. Sin embargo, se dedica a la antropología y al estudio de danzas bolivianas, tiene en su haber varias publicaciones en revistas especializadas, además de una copublicación con Mendoza.
Presentación
El acto de presentación del libro se llevará a cabo desde las 19.00, con la participación de la Fraternidad Artística y Cultural La Diablada, los Diablillos Rojos Novenantes a Chuchulaya, el grupo Ayllu Chakana y el elenco de baile Comunidad Iskay, quienes brindarán al público una muestra del acervo boliviano.
DATOS
• Las dos partes del libro reúnen el estudio de 240 danzas, folklóricas y autóctonas, extensamente descritas.
• En danza autóctona, La Paz inscribe 138 danzas, Beni 15, Potosí 12, Oruro 10, Chuquisaca 9, Santa Cruz 6, Cochabamba 5 y Tarija 3.
• Los autores son investigadores culturales y la danza es su campo de mayor estudio.
• Bailes típicos acompañarán la presentación del libro, el viernes a las 19.00, en el Museo San Francisco.
El viernes, en el Patio Colonial del Museo San Francisco, se presentará el segundo tomo del libro No se baila así nomás, de los investigadores David Mendoza y Eveline Sigl.
Este material bibliográfico abarca la segunda parte de los estudios realizados en el campo de las danzas autóctonas y folklóricas de Bolivia, en el que se explica el significado cultural de los bailes practicados en el país.
Mendoza explicó que el libro comprende un “estudio que reúne 240 danzas folklóricas y autóctonas en un solo texto. Además incluye expresiones de danza de casi todo el territorio nacional”.
El amplio enfoque que plantean los autores permite visualizar la compleja interrelación entre las danzas provenientes de varios ámbitos sociales y regionales.
La obra
El tomo se divide en dos partes, la primera constituida por danzas folklóricas y la segunda por danzas autóctonas.
Las danzas folklóricas están ordenadas alfabéticamente, entre ellas se destacan la cueca, los caporales, la diablada orureña, los doctorcitos, la morenada y las wawa wacas, entre otras.
Cada expresión cuenta con una descripción detallada de su origen, personajes, historia, significado, etcétera.
La segunda da cuenta de las danzas autóctonas, organizadas geográficamente por departamentos y provincias. De la misma forma se ofrece una detallada descripción de cada danza.
En ambas secciones se alcanzan a analizar 240 danzas.
Los autores
David Mendoza es sociólogo. Escribió varios libros en los que estudia con profundidad danzas y fiestas folklóricas, entre otros asuntos antropológicos y de tipo cultural del país.
Eveline Sigl es austriaca, bioquímica y genetista de profesión. Sin embargo, se dedica a la antropología y al estudio de danzas bolivianas, tiene en su haber varias publicaciones en revistas especializadas, además de una copublicación con Mendoza.
Presentación
El acto de presentación del libro se llevará a cabo desde las 19.00, con la participación de la Fraternidad Artística y Cultural La Diablada, los Diablillos Rojos Novenantes a Chuchulaya, el grupo Ayllu Chakana y el elenco de baile Comunidad Iskay, quienes brindarán al público una muestra del acervo boliviano.
DATOS
• Las dos partes del libro reúnen el estudio de 240 danzas, folklóricas y autóctonas, extensamente descritas.
• En danza autóctona, La Paz inscribe 138 danzas, Beni 15, Potosí 12, Oruro 10, Chuquisaca 9, Santa Cruz 6, Cochabamba 5 y Tarija 3.
• Los autores son investigadores culturales y la danza es su campo de mayor estudio.
• Bailes típicos acompañarán la presentación del libro, el viernes a las 19.00, en el Museo San Francisco.
Salió libro de Bolivia en Guinness
En el salón de los Espejos de la Gobernación de Potosí, ayer se presentó el libro “Bolivia en los Record Guinness” del investigador Napoleón Gómez Silva, un material que resume las principales actividades culturales patrimoniales reconocidas como únicas y primeras a nivel mundial.
El libro, que es la tercera producción de Gómez, muestra los acontecimientos culturales musicales y de danza que ostenta el reconocimiento e ingreso en el libro mundial de Guinness.
Este material muestra los records de Bolivia, los que tienen certificado oficial, entre ellos el mayor conjunto de zampoñistas, el charango más grande del mundo, el mayor conjunto de trompetistas, el corazón humano más grande, la orquesta del charango más grande del mundo y la calculadora humana.
Entre los records sin certificado están la estación de ferrocarril más alta, el soldado más joven, la virgen más pequeña y el espejo natural más grande.
Napoleón Gómez fue el impulsor de varios eventos a nivel mundial como los Caporales y del Tinku en muchas ciudades del mundo con el objetivo de promocionar como actividades propias de Bolivia y protegerlos del plagio de otros países.
El libro de 164 páginas y fotografías de gente y muchos lugares en el mundo se venderá en la Casa de Moneda a Bs. 20.
El libro, que es la tercera producción de Gómez, muestra los acontecimientos culturales musicales y de danza que ostenta el reconocimiento e ingreso en el libro mundial de Guinness.
Este material muestra los records de Bolivia, los que tienen certificado oficial, entre ellos el mayor conjunto de zampoñistas, el charango más grande del mundo, el mayor conjunto de trompetistas, el corazón humano más grande, la orquesta del charango más grande del mundo y la calculadora humana.
Entre los records sin certificado están la estación de ferrocarril más alta, el soldado más joven, la virgen más pequeña y el espejo natural más grande.
Napoleón Gómez fue el impulsor de varios eventos a nivel mundial como los Caporales y del Tinku en muchas ciudades del mundo con el objetivo de promocionar como actividades propias de Bolivia y protegerlos del plagio de otros países.
El libro de 164 páginas y fotografías de gente y muchos lugares en el mundo se venderá en la Casa de Moneda a Bs. 20.
En obra escrita Elvira Cárdenas honra altruismo de Zenón Dalence
"Las Ambulancias de la Guerra del Pacífico", de Elvira Cárdenas Román, es un trabajo recomendado por la Academia Boliviana de la Historia Militar, ya que es un documento que narra la obra altruista de Zenón Dalence, un médico que se dedicó íntegramente a su tierra natal, Oruro, desde su profesión, la política y en el campo de batalla.
Este manuscrito será presentado hoy en el Salón de Banderas del Gobierno Autónomo Departamental a partir de las 11:00 horas, con la presencia de autoridades castrenses y gubernamentales.
Cárdenas, explicó que en sus años como bibliotecóloga y archivóloga, pudo encontrar muchos documentos que le llamaron la atención, en especial el caso del médico Zenón Dalence, quien fue hijo del ilustre jurisconsulto Pantaleón Dalence.
La historia de este personaje es singular puesto que él realizó sus estudios y especialización fuera de Bolivia, al regresar a su tierra natal, se encontró con un nosocomio desorganizado y pobre, además que no brindaba los servicios necesarios.
Dalence propuso a la autoridad municipal de entonces que él donaría todo su sueldo al hospital San Juan de Dios para que éste contará con medicamentos, esta actitud llamó mucho la atención de Cárdenas, desde ese momento fue escudriñando en los archivos municipales y de otras instituciones para conocer un poco más sobre este desinteresado orureño.
Entre más fue averiguando, se sorprendió del trabajo que realizó, puesto que ocupó cargos políticos de mucha importancia fue concejal, prefecto, además de diputado por este departamento.
Luego fundó la Cruz Roja, al igual que la benemérita Sociedad 10 de Febrero, su trabajo en todos los ámbitos fue destacado y por ello ganó la confianza de las autoridades del gobierno central y militares dirigiendo las Ambulancias de la Guerra del Pacífico.
En este periodo de la vida de Zenón Dalence se cuenta con correspondencia donde narra la difícil situación de los paramédicos en el frente de batalla, ya que en muchas oportunidades eran asaltados por las tropas enemigas chilenas, quienes secuestraban a los moribundos y heridos como rehenes de guerra.
La historia de este personaje orureño es fascinante y apasionante, por este motivo el trabajo de investigación de Cárdenas fue comentado por el historiador Fernando Cajías, quien compara su trabajo con el género que manejó Gabriel René Moreno, entre muchos otros ilustres escritores.
Este manuscrito será presentado hoy en el Salón de Banderas del Gobierno Autónomo Departamental a partir de las 11:00 horas, con la presencia de autoridades castrenses y gubernamentales.
Cárdenas, explicó que en sus años como bibliotecóloga y archivóloga, pudo encontrar muchos documentos que le llamaron la atención, en especial el caso del médico Zenón Dalence, quien fue hijo del ilustre jurisconsulto Pantaleón Dalence.
La historia de este personaje es singular puesto que él realizó sus estudios y especialización fuera de Bolivia, al regresar a su tierra natal, se encontró con un nosocomio desorganizado y pobre, además que no brindaba los servicios necesarios.
Dalence propuso a la autoridad municipal de entonces que él donaría todo su sueldo al hospital San Juan de Dios para que éste contará con medicamentos, esta actitud llamó mucho la atención de Cárdenas, desde ese momento fue escudriñando en los archivos municipales y de otras instituciones para conocer un poco más sobre este desinteresado orureño.
Entre más fue averiguando, se sorprendió del trabajo que realizó, puesto que ocupó cargos políticos de mucha importancia fue concejal, prefecto, además de diputado por este departamento.
Luego fundó la Cruz Roja, al igual que la benemérita Sociedad 10 de Febrero, su trabajo en todos los ámbitos fue destacado y por ello ganó la confianza de las autoridades del gobierno central y militares dirigiendo las Ambulancias de la Guerra del Pacífico.
En este periodo de la vida de Zenón Dalence se cuenta con correspondencia donde narra la difícil situación de los paramédicos en el frente de batalla, ya que en muchas oportunidades eran asaltados por las tropas enemigas chilenas, quienes secuestraban a los moribundos y heridos como rehenes de guerra.
La historia de este personaje orureño es fascinante y apasionante, por este motivo el trabajo de investigación de Cárdenas fue comentado por el historiador Fernando Cajías, quien compara su trabajo con el género que manejó Gabriel René Moreno, entre muchos otros ilustres escritores.
Gonzalo Mendieta, Robert Brockmann y Fernando Molina
Ingresar en la biblioteca de la familia Aramayo es entrar en la boca del tiempo. Añeja, con el polvo de las décadas, la habitación duerme intacta, en una residencia de atmósfera campestre con tintes victorianos.
La que fuera antes la mansión de Carlos Víctor Aramayo, barón del estaño, el tercero en una dinastía de empresarios mineros, es hoy la cuidada residencia del embajador de Brasil. Sus muros resguardan en la planta baja un templo de lectura que, desde hace 60 años, es invaluable herencia protegida por uniformados brasileños.
Vidas encuadernadas nos observan, en tres soberbios estantes. Múltiples ejemplares se imponen, como un árbol de incontables anillos. Emana un olor a somnolencia en la sala, soleada y acogedora, a las diez y media de la mañana.
Tres ávidos lectores, de vasta producción intelectual, afinan sus sentidos para revisar los ejemplares. Gonzalo Mendieta, Robert Brockmann y Fernando Molina se reúnen un viernes, sin saber con qué se encontrarán, al llegar a este domicilio de piedra y verdor, de la avenida Arce. Alegre y cariñosa, la esposa del embajador, Rosalee Biato, nos recibe. Sus tacones resuenan en el piso de madera como el segundero de un reloj, mientras nos da la bienvenida, para llevarnos al rincón, junto a Manuel Montenegro, que cordial nos indica la entrada.
Reminiscencias de Luis XV en un mobiliario, combinado con esculturas y asientos modernos, una chimenea con dos centinelas en un cuadro colonial, un escritorio y grandes anaqueles que acomodan los libros, catalogados y ordenados, nos esperan.
Con la curiosidad de los niños que entran en una juguetería, miramos boquiabiertos la cantidad de escritos que reposan como patrimonio. Libros que datan desde el siglo XVI hasta principios del XX son una antigüedad que se hace desear, en cubiertas de cuero misteriosas.
El cuadro de una francesa nos espía a la entrada. Debajo, un bargueño colonial, con cerraduras y cajones hacia quién sabe dónde, es un atractivo visual. A la derecha, la ventana ofrece el inmenso edén de tesoros botánicos y florales de la casa.
Despiertan los libros
Nuestros pasos desatan un tumulto de voces en la sala. Los libros despiertan del sueño en que estaban; se sacuden, extienden sus hojas, respiran y nos hablan en inglés, francés, latín y español. Todos quieren ser escuchados a la vez, y empiezan a platicarnos, como si nos conocieran.
Fernando se detiene y toma uno, Historia de Europa: Crónicas periodísticas. 1849. El libro recita las costumbres, tratados, fundaciones y batallas del viejo continente. Marco Tulio Cicerón agita las velas de su nave de papel en latín y Fernando también se aproxima hacia él, para escuchar sus reflexiones.
Gonzalo bromea, al encontrar novedades de Europa, en un boletín, que como un canillita del siglo XIX, recita titulares: “el Reader’s Digest de su época, miren. Tom Morton Magazine, 1851”. Fernando escucha los clamores de batallas de Europa en unos libros que cimbran cañonazos a fuego abierto, y se combinan con el dictado de palabras en inglés y sus significados, en un diccionario Johnson, el favorito de Jorge Luis Borges.
En otro punto del despacho, los cartagineses, fenicios y macedonios intentan hablarnos de su origen. No les prestamos demasiada atención.
Voltaire se dirige a Gonzalo en francés y le habla de su correspondencia, sus teorías y planes, en varios tomos. Los fantasmas de Quevedo, Lope de Vega, Shakespeare, Poe, Víctor Hugo y Lord Byron llueven sus voces cantadas, como nubarrones sobre mi cabeza.
Los científicos de una expedición francesa cuentan a Robert, en otro punto del cuarto, sobre un viaje que realizaron con Napoleón Bonaparte hacia las ruinas de la cultura egipcia, en Viajes a Egipto.
Nicolás Suárez escoge a Robert como a su interlocutor. Anotaciones y documentos: Sobre la campaña del alto Acre es la novedad que toma en sus manos. “Suárez editó este libro en España. El Gobierno boliviano lo prohibió, porque tenía los colores invertidos de la bandera. Hay pocos ejemplares. Es difícil encontrarlo”, comenta.
Y se entusiasma con un mapa del Acre, que aparece en la parte trasera. El Renacimiento coquetea ilegible con Fernando. Desde 1596, un tal Conradus Erefachio, en un idioma extraño, farfulla frases que apenas podemos deletrear. En otro lado, científicos ilustran a Gonzalo las fábulas de los viajeros exploradores, en un libro de 1770, Historia de los trópicos.
Un marcapáginas es el gesto más romántico que florece, de pronto, en una biografía del siglo XIX. En la primera página, el rojo rubí de una rosa diminuta salpica como sangre sensual, en el nombre de “Los Tudor”, poderosos que reinaron en Inglaterra por siglos.
Al otro extremo, Tomás Moro, en un atlas de historia, ofrece un testimonio de su condena cuando escoge ser un mártir, antes que aceptar el perdón divino. Escuchamos sus últimas palabras.
Tras una hora en el estudio, percibimos que esta biblioteca es demasiado universal. “Es el alma de un coleccionista, antes que la de un lector”, advierte Gonzalo. “No hay un interés específico”, asiente Fernando.
La fisonomía de una dama virgen y jamás tocada se nos perfila en esta metáfora del caos. “Sólo el tiempo parece haber leído estos libros”, puntualizo yo, mientras veo las escasas marcas de uso en sus páginas y su poca relación con Bolivia.
Cuando Fernando se pregunta por La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, y el anfitrión jamás aparece, casualmente Robert toma en sus manos una semblanza de Félix Avelino Aramayo, el padre de Carlos Víctor.
Visualizamos al responsable de estas ediciones. Robert complementa que era muy interesante, afecto a la cultura europea, ya que vivió por años en París y en Londres. Su biblioteca se nos antoja un azar tan variado y disperso, como sus pasiones. Esta herencia, llena de contradicciones, es una réplica de sus búsquedas, que jamás se unieron. Probablemente quiso abarcarlo todo, sin llegar a ser el lector que pudo haber sido, si hojeaba unos cuantos libros.
La que fuera antes la mansión de Carlos Víctor Aramayo, barón del estaño, el tercero en una dinastía de empresarios mineros, es hoy la cuidada residencia del embajador de Brasil. Sus muros resguardan en la planta baja un templo de lectura que, desde hace 60 años, es invaluable herencia protegida por uniformados brasileños.
Vidas encuadernadas nos observan, en tres soberbios estantes. Múltiples ejemplares se imponen, como un árbol de incontables anillos. Emana un olor a somnolencia en la sala, soleada y acogedora, a las diez y media de la mañana.
Tres ávidos lectores, de vasta producción intelectual, afinan sus sentidos para revisar los ejemplares. Gonzalo Mendieta, Robert Brockmann y Fernando Molina se reúnen un viernes, sin saber con qué se encontrarán, al llegar a este domicilio de piedra y verdor, de la avenida Arce. Alegre y cariñosa, la esposa del embajador, Rosalee Biato, nos recibe. Sus tacones resuenan en el piso de madera como el segundero de un reloj, mientras nos da la bienvenida, para llevarnos al rincón, junto a Manuel Montenegro, que cordial nos indica la entrada.
Reminiscencias de Luis XV en un mobiliario, combinado con esculturas y asientos modernos, una chimenea con dos centinelas en un cuadro colonial, un escritorio y grandes anaqueles que acomodan los libros, catalogados y ordenados, nos esperan.
Con la curiosidad de los niños que entran en una juguetería, miramos boquiabiertos la cantidad de escritos que reposan como patrimonio. Libros que datan desde el siglo XVI hasta principios del XX son una antigüedad que se hace desear, en cubiertas de cuero misteriosas.
El cuadro de una francesa nos espía a la entrada. Debajo, un bargueño colonial, con cerraduras y cajones hacia quién sabe dónde, es un atractivo visual. A la derecha, la ventana ofrece el inmenso edén de tesoros botánicos y florales de la casa.
Despiertan los libros
Nuestros pasos desatan un tumulto de voces en la sala. Los libros despiertan del sueño en que estaban; se sacuden, extienden sus hojas, respiran y nos hablan en inglés, francés, latín y español. Todos quieren ser escuchados a la vez, y empiezan a platicarnos, como si nos conocieran.
Fernando se detiene y toma uno, Historia de Europa: Crónicas periodísticas. 1849. El libro recita las costumbres, tratados, fundaciones y batallas del viejo continente. Marco Tulio Cicerón agita las velas de su nave de papel en latín y Fernando también se aproxima hacia él, para escuchar sus reflexiones.
Gonzalo bromea, al encontrar novedades de Europa, en un boletín, que como un canillita del siglo XIX, recita titulares: “el Reader’s Digest de su época, miren. Tom Morton Magazine, 1851”. Fernando escucha los clamores de batallas de Europa en unos libros que cimbran cañonazos a fuego abierto, y se combinan con el dictado de palabras en inglés y sus significados, en un diccionario Johnson, el favorito de Jorge Luis Borges.
En otro punto del despacho, los cartagineses, fenicios y macedonios intentan hablarnos de su origen. No les prestamos demasiada atención.
Voltaire se dirige a Gonzalo en francés y le habla de su correspondencia, sus teorías y planes, en varios tomos. Los fantasmas de Quevedo, Lope de Vega, Shakespeare, Poe, Víctor Hugo y Lord Byron llueven sus voces cantadas, como nubarrones sobre mi cabeza.
Los científicos de una expedición francesa cuentan a Robert, en otro punto del cuarto, sobre un viaje que realizaron con Napoleón Bonaparte hacia las ruinas de la cultura egipcia, en Viajes a Egipto.
Nicolás Suárez escoge a Robert como a su interlocutor. Anotaciones y documentos: Sobre la campaña del alto Acre es la novedad que toma en sus manos. “Suárez editó este libro en España. El Gobierno boliviano lo prohibió, porque tenía los colores invertidos de la bandera. Hay pocos ejemplares. Es difícil encontrarlo”, comenta.
Y se entusiasma con un mapa del Acre, que aparece en la parte trasera. El Renacimiento coquetea ilegible con Fernando. Desde 1596, un tal Conradus Erefachio, en un idioma extraño, farfulla frases que apenas podemos deletrear. En otro lado, científicos ilustran a Gonzalo las fábulas de los viajeros exploradores, en un libro de 1770, Historia de los trópicos.
Un marcapáginas es el gesto más romántico que florece, de pronto, en una biografía del siglo XIX. En la primera página, el rojo rubí de una rosa diminuta salpica como sangre sensual, en el nombre de “Los Tudor”, poderosos que reinaron en Inglaterra por siglos.
Al otro extremo, Tomás Moro, en un atlas de historia, ofrece un testimonio de su condena cuando escoge ser un mártir, antes que aceptar el perdón divino. Escuchamos sus últimas palabras.
Tras una hora en el estudio, percibimos que esta biblioteca es demasiado universal. “Es el alma de un coleccionista, antes que la de un lector”, advierte Gonzalo. “No hay un interés específico”, asiente Fernando.
La fisonomía de una dama virgen y jamás tocada se nos perfila en esta metáfora del caos. “Sólo el tiempo parece haber leído estos libros”, puntualizo yo, mientras veo las escasas marcas de uso en sus páginas y su poca relación con Bolivia.
Cuando Fernando se pregunta por La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, y el anfitrión jamás aparece, casualmente Robert toma en sus manos una semblanza de Félix Avelino Aramayo, el padre de Carlos Víctor.
Visualizamos al responsable de estas ediciones. Robert complementa que era muy interesante, afecto a la cultura europea, ya que vivió por años en París y en Londres. Su biblioteca se nos antoja un azar tan variado y disperso, como sus pasiones. Esta herencia, llena de contradicciones, es una réplica de sus búsquedas, que jamás se unieron. Probablemente quiso abarcarlo todo, sin llegar a ser el lector que pudo haber sido, si hojeaba unos cuantos libros.
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