En la decimonovena versión de la Feria Internacional del Libro de La Paz se presentarán más de 80 nuevas publicaciones, entre títulos de autores nacionales y extranjeros.
A efectuarse entre el 30 de julio y el 10 de agosto, la actividad se realizará en el Campo Ferial Chuquiago Marka, de Bajo Següencoma, y tendrá como país invitado a Uruguay. Además, el laureado escritor cochabambino, Edmundo Paz Soldán, recibirá un homenaje por su trayectoria.
"La Paz lee" es el lema que acompañará la feria literaria, cuya presentación se hará el viernes 18 en la Embajada de Uruguay (San Miguel), donde se dará a conocer todo el programa cultural.
nueva imagen. "Hasta ahora son más de 80 libros los que se presentarán", aseguró la gerente de la Cámara del Libro de La Paz, Patricia Navarro. Sin mencionar aún títulos, se informó que nuevas publicaciones de autores como Homero Carvalho, Maximiliano Barrientos, Eduardo Scott, Edmundo Paz Soldán y Ramiro Sánchez, entre otros, serán parte de la oferta.
Si bien la información completa se dará a conocer en la presentación, Navarro adelantó que una de las novedades será el lanzamiento de una nueva imagen de la Feria y la Cámara. "Mostraremos una nueva marca para que de aquí en adelante se posicione mejor la Feria". El encuentro literario se realizará en las dos plantas del pabellón Rojo, mientras que las salas de conferencia estarán en el pabellón Amarillo del Campo Ferial.
Habrá más de 180 expositores, aunque aún se evalúan nuevas solicitudes, por lo que en dos semanas se sabrá el número preciso.
De acuerdo con Navarro, el propósito de este año es fortalecer el tema de la lectura a través del libro legal. "Siempre queremos que se deponga el libro pirata, no en competencia con el libro digital, pero sí que se conciencie".
Asimismo, la organizadora demandó la activación del Comité Plurinacional del Libro y la Lectura, creado el año pasado.
jueves, 3 de julio de 2014
miércoles, 2 de julio de 2014
Cochabamba se llenará de literatura a partir de hoy
Escritores de renombre internacional como el español José Ovejero, ganador del Premio Alfaguara de Novela 2013; el mexicano Mario Bellatin; Jorge Eduardo Benavides, de Perú, y los bolivianos Claudia Peña, Juan Pablo Piñeiro y Homero Carvalho reflexionarán sobre la inventiva en sus novelas, a partir de hoy en el VIII Encuentro de Escritores Iberoamericanos, de Cochabamba.
El encuentro, organizado por el Centro Cultural Simón I. Patiño, se celebrará del 2 al 5 de Julio; y se centrará en la obra de cada uno de los invitados. “Los escritores hablarán sobre su proceso creativo”, destaca Jackeline Mejía, responsable del área de literatura del centro cultural, que explica: “La idea es dar a conocer cómo ellos van armando sus novelas”.
El encuentro tendrá un formato cercano y participativo, con el fin de lograr una mayor cercanía entre los escritores y el público lector.
Vía streaming
Una de las innovaciones de este encuentro es la colaboración con la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, que se convierte en coorganizador de esta actividad, haciendo posible su retransmisión en vivo por streaming, lo que permitirá la participación a través del chat y de Twitter. Además, con este convenio se pretende realizar actividades paralelas al encuentro en las ciudades de Sucre y La Paz, como el taller para escritores bolivianos que José Ovejero impartirá en la sede de Gobierno. Todo ello para facilitar el intercambio entre los autores y sus lectores.
El encuentro, que se lleva desarrollando bianualmente desde 1998, facilita un espacio para el diálogo entre escritores nacionales e internacionales, propiciando un acercamiento con sus lectores en torno a la literatura contemporánea. Con todo esto, Cochabamba se ha establecido como una de las ciudades literarias por excelencia, ya que estos encuentros la han ubicado en el circuito literario de Iberoamérica, a la par de urbes como Buenos Aires o Bogotá.
Además de los autores mencionados, también participarán Xavier Jordán, Alba Balderrama y Carmen Ruiz, como moderadores
El encuentro, organizado por el Centro Cultural Simón I. Patiño, se celebrará del 2 al 5 de Julio; y se centrará en la obra de cada uno de los invitados. “Los escritores hablarán sobre su proceso creativo”, destaca Jackeline Mejía, responsable del área de literatura del centro cultural, que explica: “La idea es dar a conocer cómo ellos van armando sus novelas”.
El encuentro tendrá un formato cercano y participativo, con el fin de lograr una mayor cercanía entre los escritores y el público lector.
Vía streaming
Una de las innovaciones de este encuentro es la colaboración con la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, que se convierte en coorganizador de esta actividad, haciendo posible su retransmisión en vivo por streaming, lo que permitirá la participación a través del chat y de Twitter. Además, con este convenio se pretende realizar actividades paralelas al encuentro en las ciudades de Sucre y La Paz, como el taller para escritores bolivianos que José Ovejero impartirá en la sede de Gobierno. Todo ello para facilitar el intercambio entre los autores y sus lectores.
El encuentro, que se lleva desarrollando bianualmente desde 1998, facilita un espacio para el diálogo entre escritores nacionales e internacionales, propiciando un acercamiento con sus lectores en torno a la literatura contemporánea. Con todo esto, Cochabamba se ha establecido como una de las ciudades literarias por excelencia, ya que estos encuentros la han ubicado en el circuito literario de Iberoamérica, a la par de urbes como Buenos Aires o Bogotá.
Además de los autores mencionados, también participarán Xavier Jordán, Alba Balderrama y Carmen Ruiz, como moderadores
martes, 1 de julio de 2014
“Bioquímica Clínica: Valores de Referencias, Información Clínica, Síndromes y Citología”.
PRESENTACIÓN DE LIBRO | AUDITORIO UNICEN
Oscar Luján Wilstermann y Juan José Sandoval Cornejo presentaron el pasado miércoles en el auditorio de la Universidad Central su libro “Bioquímica Clínica: Valores de Referencias, Información Clínica, Síndromes y Citología”. A la presentación asistieron autoridades de la UNICEN y médicos cochabambinos. Osvaldo Maldonado de la Sociedad de Historia de la Medicina y Humberto Espada son coautores del libro.
El rector de la Universidad Central, Ramiro Bustamante, ofreció unas palabras en referencia a este aporte científico.
Oscar Luján Wilstermann y Juan José Sandoval Cornejo presentaron el pasado miércoles en el auditorio de la Universidad Central su libro “Bioquímica Clínica: Valores de Referencias, Información Clínica, Síndromes y Citología”. A la presentación asistieron autoridades de la UNICEN y médicos cochabambinos. Osvaldo Maldonado de la Sociedad de Historia de la Medicina y Humberto Espada son coautores del libro.
El rector de la Universidad Central, Ramiro Bustamante, ofreció unas palabras en referencia a este aporte científico.
Juan José Sandoval, Ramiro Bustamante y Oscar Luján
• 2. Eduardo Luján, Oscar Luján y Jaime Sabath
• 3. Oscar Luján autografiando un libro
• 4. Sergio Salaverry, José Polo, Ramiro Bustamante, José Bustamante y Fernando Molina
• 5. Percy Zegarra, Fanny Guamán, Juan José Sandoval y Alan Zapata
• 6. Osvaldo Maldonado, Ana María de Maldonado e Isabel Diez de Medina
• 7. Oscar Luján y Osvaldo Maldonado
• 8. Oscar Luján junto a su familia.
Centro Bibliográfico e Histórico “Carlos Canelas Canelas”
APORTE | EL NOMBRE DEL CENTRO BIBLIOGRÁFICO SE DEBE AL HOMBRE QUE REIMPULSÓ LOS TIEMPOS A PARTIR DEL AÑO 1967, Y QUE TENÍA PRECISAMENTE LA INQUIETUD DE QUE EL PERIÓDICO CONTARA CON UN ESPACIO DE ESTAS CARACTERÍSTICAS ABIERTO A LA POBLACIÓN EN GENERAL.
Han pasado muchos años, pero finalmente el sueño de Carlos Canelas Canelas, uno de los impulsores de Los Tiempos, el periódico más importante de Cochabamba y un referente a nivel nacional, se ha cumplido. En los altos del edificio ubicado en la plazuela Quintanilla, se está trabajando en la creación del Centro Bibliográfico e Histórico que llevará el nombre de don Carlos, y que ya ha publicado su primer documento que resume toda la información que se tiene en el periódico sobre la Guerra del Chaco.
Carlos Arce, responsable de este emprendimiento que quiere estar al servicio de todos quienes necesiten información, que sobra en el periódico, explica que el centro se creó en 1991 con el de fin de prestar información inmediata a investigadores y estudiosos en determinados campos, y que ahora se está trabajando para abrir el espacio a todo aquel que lo necesite.
“Hoy todavía el acceso al centro es restringido, pero existe el firme propósito de los hermanos Canelas de que hasta fin de año se creen las condiciones espaciales y materiales para acoger a potenciales usuarios”, dice Arce.
DE TODO UN POCO
El Centro Bibliográfico e Histórico “Carlos Canelas Canelas” alberga en su fondo a una biblioteca, una hemeroteca, un archivo histórico y objetos históricos.
La biblioteca general posee enciclopedias, diccionarios bibliografías especiales, publicaciones especiales, obras de filosofía (están las obras completas de Platón y Aristóteles, por mencionar algunas), de religión, de ciencias sociales (sociología, educación, política, economía), ciencias exactas, ciencias aplicadas, literatura (desde literatura universal –en sus diversos géneros: poesía, teatro, prosa, cartas—hasta literatura latinoamericana y –por supuesto—boliviana), y por último historia, biografías y geografía. Hasta el momento se tienen catalogadas digitalmente 4.100 obras.
LA GUERRA DEL CHACO
“Una de las fortalezas de la biblioteca, lo cual no es casual ya que Don Demetrio Canelas fue ministro de guerra en el gobierno de Daniel Salamanca, es el tema de la Guerra del Chaco, lo cual me ha llevado –como responsable de impulsar este centro—a realizar una guía bibliográfica sobre todos los libros que existen en nuestro fondo referidos al conflicto bélico que se suscitó entre Bolivia y Paraguay entre los años 1932 y 1935”, dice Carlos Arce.
Como una primera actividad de promoción de la biblioteca, se han impreso 2.000 ejemplares de esta guía bibliográfica, con 90 títulos aproximadamente, que fue presentada el 13 de junio en el marco de una serie de actividades conmemorando los 79 años del cese de hostilidades de la Guerra del Chaco. Esa guía es de distribución gratuita.
En el período de la Guerra del Chaco, Don Demetrio Canelas fue Ministro de Guerra del presidente Daniel Salamanca. En virtud de esa relación estrecha que existió entre estos dos personajes, el centro cuenta con los archivos personales de Demetrio Canelas y Daniel Salamanca, los cuales contienen información fundamental sobre decisiones importantes que se tomaron en la Guerra del Chaco.
LA HEMEROTECA
Arce también explica que se han concentrado en el periódico Los Tiempos, desde que empezó a circular, allá, en septiembre de 1943, hasta la actualidad otras publicaciones de la Editorial Canelas, como el periódico Gente, la Revista OH!, la revista H & M, y otras, como Facetas, que aparecieron en la década de los 80.
“Una tarea pendiente es digitalizar todo este material, empezando por las ediciones más antiguas, con el fin de hacer más accesible la información a través de una base de datos y de conservar los periódicos impresos, sobre todo las primeras ediciones”.
"Se crea el Centro Bibliográfico e Histórico de Los Tiempos, con el propósito fundamental de facilitar un instrumento de servicio a investigadores en particular y al público en general"
“VOLUNTAD DE SERVICIO”
*Juan Cristóbal Soruco, director de Los Tiempos.
Pese a los varios ataques que a lo largo de su vida ha sufrido Los Tiempos, siempre los accionistas y ejecutivos han hecho esfuerzos por mantener una biblioteca de consulta tanto como apoyo a los periodistas –hombres y mujeres—en su labor cotidiana, como para la ciudadanía interesada en acceder a documentos y libros.
Gracias a ese esfuerzo es que hoy contamos con el Centro Bibliográfico e Histórico Carlos Canelas Canelas, ubicado en el último piso del Edificio Los Tiempos, y que nos permite, este año y gracias a su responsable, Carlos Arce, publicar la Guía Bibliográfica sobre la Guerra del Chaco.
Se trata de una iniciativa que expresa, también en este campo, nuestra voluntad de servicio a la comunidad cochabambina no sólo como un acto de responsabilidad social sino de reciprocidad a su lealtad y confianza, lo que es posible por la asunción de este compromiso por parte de los accionistas de Editorial Canelas S.A.
Han pasado muchos años, pero finalmente el sueño de Carlos Canelas Canelas, uno de los impulsores de Los Tiempos, el periódico más importante de Cochabamba y un referente a nivel nacional, se ha cumplido. En los altos del edificio ubicado en la plazuela Quintanilla, se está trabajando en la creación del Centro Bibliográfico e Histórico que llevará el nombre de don Carlos, y que ya ha publicado su primer documento que resume toda la información que se tiene en el periódico sobre la Guerra del Chaco.
Carlos Arce, responsable de este emprendimiento que quiere estar al servicio de todos quienes necesiten información, que sobra en el periódico, explica que el centro se creó en 1991 con el de fin de prestar información inmediata a investigadores y estudiosos en determinados campos, y que ahora se está trabajando para abrir el espacio a todo aquel que lo necesite.
“Hoy todavía el acceso al centro es restringido, pero existe el firme propósito de los hermanos Canelas de que hasta fin de año se creen las condiciones espaciales y materiales para acoger a potenciales usuarios”, dice Arce.
DE TODO UN POCO
El Centro Bibliográfico e Histórico “Carlos Canelas Canelas” alberga en su fondo a una biblioteca, una hemeroteca, un archivo histórico y objetos históricos.
La biblioteca general posee enciclopedias, diccionarios bibliografías especiales, publicaciones especiales, obras de filosofía (están las obras completas de Platón y Aristóteles, por mencionar algunas), de religión, de ciencias sociales (sociología, educación, política, economía), ciencias exactas, ciencias aplicadas, literatura (desde literatura universal –en sus diversos géneros: poesía, teatro, prosa, cartas—hasta literatura latinoamericana y –por supuesto—boliviana), y por último historia, biografías y geografía. Hasta el momento se tienen catalogadas digitalmente 4.100 obras.
LA GUERRA DEL CHACO
“Una de las fortalezas de la biblioteca, lo cual no es casual ya que Don Demetrio Canelas fue ministro de guerra en el gobierno de Daniel Salamanca, es el tema de la Guerra del Chaco, lo cual me ha llevado –como responsable de impulsar este centro—a realizar una guía bibliográfica sobre todos los libros que existen en nuestro fondo referidos al conflicto bélico que se suscitó entre Bolivia y Paraguay entre los años 1932 y 1935”, dice Carlos Arce.
Como una primera actividad de promoción de la biblioteca, se han impreso 2.000 ejemplares de esta guía bibliográfica, con 90 títulos aproximadamente, que fue presentada el 13 de junio en el marco de una serie de actividades conmemorando los 79 años del cese de hostilidades de la Guerra del Chaco. Esa guía es de distribución gratuita.
En el período de la Guerra del Chaco, Don Demetrio Canelas fue Ministro de Guerra del presidente Daniel Salamanca. En virtud de esa relación estrecha que existió entre estos dos personajes, el centro cuenta con los archivos personales de Demetrio Canelas y Daniel Salamanca, los cuales contienen información fundamental sobre decisiones importantes que se tomaron en la Guerra del Chaco.
LA HEMEROTECA
Arce también explica que se han concentrado en el periódico Los Tiempos, desde que empezó a circular, allá, en septiembre de 1943, hasta la actualidad otras publicaciones de la Editorial Canelas, como el periódico Gente, la Revista OH!, la revista H & M, y otras, como Facetas, que aparecieron en la década de los 80.
“Una tarea pendiente es digitalizar todo este material, empezando por las ediciones más antiguas, con el fin de hacer más accesible la información a través de una base de datos y de conservar los periódicos impresos, sobre todo las primeras ediciones”.
"Se crea el Centro Bibliográfico e Histórico de Los Tiempos, con el propósito fundamental de facilitar un instrumento de servicio a investigadores en particular y al público en general"
“VOLUNTAD DE SERVICIO”
*Juan Cristóbal Soruco, director de Los Tiempos.
Pese a los varios ataques que a lo largo de su vida ha sufrido Los Tiempos, siempre los accionistas y ejecutivos han hecho esfuerzos por mantener una biblioteca de consulta tanto como apoyo a los periodistas –hombres y mujeres—en su labor cotidiana, como para la ciudadanía interesada en acceder a documentos y libros.
Gracias a ese esfuerzo es que hoy contamos con el Centro Bibliográfico e Histórico Carlos Canelas Canelas, ubicado en el último piso del Edificio Los Tiempos, y que nos permite, este año y gracias a su responsable, Carlos Arce, publicar la Guía Bibliográfica sobre la Guerra del Chaco.
Se trata de una iniciativa que expresa, también en este campo, nuestra voluntad de servicio a la comunidad cochabambina no sólo como un acto de responsabilidad social sino de reciprocidad a su lealtad y confianza, lo que es posible por la asunción de este compromiso por parte de los accionistas de Editorial Canelas S.A.
Cuestionan al comité que elegirá los mejores libros
Diversos criterios se han generado a partir del anuncio del Gobierno de crear la Biblioteca del Bicentenario, un proyecto que tiene por objetivo seleccionar los 200 libros más representativos en los dos siglos de vida independiente del país.
Esta iniciativa surge a partir de la Agenda del Bicentenario 2025, que es una política de Estado para mirar la siguiente década en el ámbito económico y social. “Estos libros son imprescindibles, necesarios, obligatorios para que estén en la biblioteca de un estudiante, un profesional, un ciudadano boliviano”, indicó el vicepresidente Álvaro García Linera durante el anuncio realizado el viernes.
La lista
La conformación de un comité editorial para la selección de estas obras se concluyó en mayo y, según la autoridad, ya están trabajando en algunos temas de vital importancia, como los diferentes criterios de selección, los formatos de publicación y el tiraje.
El comité editorial en un principio está conformado por: Alba María Paz Soldán , Ana María Lema, Claudia Rivera, Diego Machicao, Eduardo Trigo, Elías Blanco, Esteban Ticona, Eugenia Bridikhina, Fernando Mayorga, German Choquehuanca, Godofredo Sandoval, Gustavo Rodríguez, Hans van den Berg, Dunia Sandoval (en representación de su padre, Isaac Sandoval), José Antonio Quiroga, Roberto Arce, Laura Escobari, Luis Oporto, María Luisa Soux, Pablo Quisbert, Pedro Querejazu, Ramón Rocha Monroy, Roberto Choque, Rubén Vargas, Verónica Cereceda y Carlos Mesa.
Estos nombres han sido observados por gente del área editorial, que alegan que no representan a todos los sectores del país. Al respecto, recuerdan la experiencia vivida durante el Encuentro de la Novela Fundamental, en la que se convocó a escritores, editores y académicos en 2009. En la oportunidad, también se cuestionó la ausencia de representantes de la literatura del oriente boliviano. En esta ocasión se teme que se dé una figura similar.
Por su parte, el ministro de Culturas, Pablo Groux, dijo que no deben existir susceptibilidades “ya que el comité es muy plural y diverso porque está conformado por personas que vienen de distintas áreas del conocimiento”. Asimismo, invitó a todos a apoyar este emprendimiento
Esta iniciativa surge a partir de la Agenda del Bicentenario 2025, que es una política de Estado para mirar la siguiente década en el ámbito económico y social. “Estos libros son imprescindibles, necesarios, obligatorios para que estén en la biblioteca de un estudiante, un profesional, un ciudadano boliviano”, indicó el vicepresidente Álvaro García Linera durante el anuncio realizado el viernes.
La lista
La conformación de un comité editorial para la selección de estas obras se concluyó en mayo y, según la autoridad, ya están trabajando en algunos temas de vital importancia, como los diferentes criterios de selección, los formatos de publicación y el tiraje.
El comité editorial en un principio está conformado por: Alba María Paz Soldán , Ana María Lema, Claudia Rivera, Diego Machicao, Eduardo Trigo, Elías Blanco, Esteban Ticona, Eugenia Bridikhina, Fernando Mayorga, German Choquehuanca, Godofredo Sandoval, Gustavo Rodríguez, Hans van den Berg, Dunia Sandoval (en representación de su padre, Isaac Sandoval), José Antonio Quiroga, Roberto Arce, Laura Escobari, Luis Oporto, María Luisa Soux, Pablo Quisbert, Pedro Querejazu, Ramón Rocha Monroy, Roberto Choque, Rubén Vargas, Verónica Cereceda y Carlos Mesa.
Estos nombres han sido observados por gente del área editorial, que alegan que no representan a todos los sectores del país. Al respecto, recuerdan la experiencia vivida durante el Encuentro de la Novela Fundamental, en la que se convocó a escritores, editores y académicos en 2009. En la oportunidad, también se cuestionó la ausencia de representantes de la literatura del oriente boliviano. En esta ocasión se teme que se dé una figura similar.
Por su parte, el ministro de Culturas, Pablo Groux, dijo que no deben existir susceptibilidades “ya que el comité es muy plural y diverso porque está conformado por personas que vienen de distintas áreas del conocimiento”. Asimismo, invitó a todos a apoyar este emprendimiento
ALFAGUARA. EL ORGULLO DE HABER BEBIDO DE ESE MANANTIAL
Hemos tenido la noticia de que este mes Alfaguara, cuando ha cumplido medio siglo divulgando la mejor literatura, será transferida a una casa editora alemana y que, por tanto, perderemos a la primera editorial extranjera que imprimió literatura nacional en nuestro propio país. Publicar libros de autores bolivianos no era cosa sencilla hace pocos años si no se contaba con el mecenazgo o la buena voluntad de alguien que tuviera inclinación o amor por las letras. En mi caso, si no hubiera sido por entrañables amistades a quienes jamás dejo de agradecer, mi primera novela hubiera demorado mucho tiempo en aparecer o no hubiera sido leída nunca. Habría quedado archivada como alguno de los borradores amarillentos y escritos a máquina que tengo en carpetas viejas de mi escritorio.
Pero he ahí que editada Luna de locos en La Papelera en agosto de 1994 (¡van a ser 20 años!) y reeditada por las fundaciones José Bertero y Última Hora en mayo del año siguiente, me cayó del cielo la noticia de que Alfaguara se había instalado en Bolivia y que tenía interés en editar mi obra. Andrés Cardó, novel gerente de Alfaguara en La Paz por entonces, dinámico y bien relacionado como pocos, se encargó del asunto y apareció la novela, bellamente imprimida, en el mes de mayo de 1996. Tuve el privilegio, entonces, de ser, por azar, el primer autor boliviano publicado en esta editorial perteneciente al entonces grupo Prisa de España, que conducía el fallecido Jesús Polanco.
Novelas pioneras
No solo Alfaguara publicó Luna de locos en Bolivia, sino que también en Argentina (dos ediciones en 1998), Chile (agosto de 1998) y España (edición de bolsillo, febrero de 2002). Pero, además, antes, en febrero de 1997, la editorial se decidía a publicar mi segunda novela: Margarita Hesse. Fue también la segunda obra literaria de un autor nacional que Alfaguara entregaba a los lectores. Luna de locos y Margarita Hesse resultaron ser las dos novelas bolivianas pioneras que imprimió la empresa hispana, para que luego se lanzaran al encuentro del ávido pero escaso público amante, varias decenas de narradores nacionales que hoy son ampliamente conocidos.
Sandiablo no fue publicada en Bolivia por Alfaguara (lo hizo la editora cruceña La Hoguera recientemente) pero la publicó en Buenos Aires en julio del año 2000, de la mano de Fernando Estévez. Asimismo, Alfaguara lanzó la edición brasileña de Sandiablo para la Bienal de San Pablo el 2008. El águila herida fue el último de mis trabajos que editó Alfaguara cuando estaba a su cabeza Alberto Polanco. Luego, trasladado a Santa Cruz, mi relación con la casa editora española languideció hasta desaparecer y mis últimas novelas han sido producidas por La Hoguera, que me acogió magníficamente.
¿Cómo no ser reconocido con esta empresa que pasa a otro propietario y nos entristece? ¿Cómo no agradecer a Andrés Cardó, Isabel Polanco, Juan Cruz, Esteban Fernández, Carlos Calvo, Carlos Ossa y tantos otros? ¿Y a todos los buenos amigos del grupo Santillana en Madrid? Alfaguara significa, en árabe, algo así como manantial de agua muy abundante o vertiente que se renueva. No sé cuál será el significado exacto. Pero debemos coincidir en que el manantial que Alfaguara produjo en Bolivia fue copioso, renovado y cristalino. Fue agua que corrió hacia las huertas que la necesitaban para darle verdor a sus cultivos. El Premio Nacional de Novela Alfaguara – el más importante en el país del que no participamos nunca– había impulsado a muchos escritores bolivianos– a ser parte de ese manantial que lo hubiéramos deseado inagotable.
En el mundo hispano con solo citar a Saramago y Vargas Llosa tenemos dos referencias de espléndidos escritores, galardonados con el Nobel, ligados a la casa que ahora cierra sus puertas. Ellos dieron más lustre a esta lengua que siempre estuvo viva, que crece desmesuradamente, con casi 500 millones de personas que la hablan, y que se jacta de otros cientos de autores extraordinarios que sería ocioso citar, que hacen de la ficción y el pensamiento el vínculo fantástico que nos relaciona a los hispanoamericanos. La historia de Alfaguara, por tanto, estará presente en América como en España, y sus timoneles Jesús Polanco, y en especial su hija Isabel, fallecida tempranamente, tendrán un lugar destacado entre millones de lectores y entre quienes un día ya lejano entregamos nuestras páginas inciertas, con esperanza, para verlas finalmente convertidas en libros. No es poco lo que le debemos al manantial de agua clara que se renueva
Pero he ahí que editada Luna de locos en La Papelera en agosto de 1994 (¡van a ser 20 años!) y reeditada por las fundaciones José Bertero y Última Hora en mayo del año siguiente, me cayó del cielo la noticia de que Alfaguara se había instalado en Bolivia y que tenía interés en editar mi obra. Andrés Cardó, novel gerente de Alfaguara en La Paz por entonces, dinámico y bien relacionado como pocos, se encargó del asunto y apareció la novela, bellamente imprimida, en el mes de mayo de 1996. Tuve el privilegio, entonces, de ser, por azar, el primer autor boliviano publicado en esta editorial perteneciente al entonces grupo Prisa de España, que conducía el fallecido Jesús Polanco.
Novelas pioneras
No solo Alfaguara publicó Luna de locos en Bolivia, sino que también en Argentina (dos ediciones en 1998), Chile (agosto de 1998) y España (edición de bolsillo, febrero de 2002). Pero, además, antes, en febrero de 1997, la editorial se decidía a publicar mi segunda novela: Margarita Hesse. Fue también la segunda obra literaria de un autor nacional que Alfaguara entregaba a los lectores. Luna de locos y Margarita Hesse resultaron ser las dos novelas bolivianas pioneras que imprimió la empresa hispana, para que luego se lanzaran al encuentro del ávido pero escaso público amante, varias decenas de narradores nacionales que hoy son ampliamente conocidos.
Sandiablo no fue publicada en Bolivia por Alfaguara (lo hizo la editora cruceña La Hoguera recientemente) pero la publicó en Buenos Aires en julio del año 2000, de la mano de Fernando Estévez. Asimismo, Alfaguara lanzó la edición brasileña de Sandiablo para la Bienal de San Pablo el 2008. El águila herida fue el último de mis trabajos que editó Alfaguara cuando estaba a su cabeza Alberto Polanco. Luego, trasladado a Santa Cruz, mi relación con la casa editora española languideció hasta desaparecer y mis últimas novelas han sido producidas por La Hoguera, que me acogió magníficamente.
¿Cómo no ser reconocido con esta empresa que pasa a otro propietario y nos entristece? ¿Cómo no agradecer a Andrés Cardó, Isabel Polanco, Juan Cruz, Esteban Fernández, Carlos Calvo, Carlos Ossa y tantos otros? ¿Y a todos los buenos amigos del grupo Santillana en Madrid? Alfaguara significa, en árabe, algo así como manantial de agua muy abundante o vertiente que se renueva. No sé cuál será el significado exacto. Pero debemos coincidir en que el manantial que Alfaguara produjo en Bolivia fue copioso, renovado y cristalino. Fue agua que corrió hacia las huertas que la necesitaban para darle verdor a sus cultivos. El Premio Nacional de Novela Alfaguara – el más importante en el país del que no participamos nunca– había impulsado a muchos escritores bolivianos– a ser parte de ese manantial que lo hubiéramos deseado inagotable.
En el mundo hispano con solo citar a Saramago y Vargas Llosa tenemos dos referencias de espléndidos escritores, galardonados con el Nobel, ligados a la casa que ahora cierra sus puertas. Ellos dieron más lustre a esta lengua que siempre estuvo viva, que crece desmesuradamente, con casi 500 millones de personas que la hablan, y que se jacta de otros cientos de autores extraordinarios que sería ocioso citar, que hacen de la ficción y el pensamiento el vínculo fantástico que nos relaciona a los hispanoamericanos. La historia de Alfaguara, por tanto, estará presente en América como en España, y sus timoneles Jesús Polanco, y en especial su hija Isabel, fallecida tempranamente, tendrán un lugar destacado entre millones de lectores y entre quienes un día ya lejano entregamos nuestras páginas inciertas, con esperanza, para verlas finalmente convertidas en libros. No es poco lo que le debemos al manantial de agua clara que se renueva
RIVERO. EL ARTE DE SALIR DE CASA
¿Cuántas formas hay de salir de casa?, quizás sea una de las sugerencias que propone 98 segundos sin sombra (2013), la última novela de la boliviana Giovanna Rivero, entre otras más. Porque si bien la obra se desarrolla a través de la forma del diario de una adolescente llamada Genoveva, donde se observan los conocidos y angustiosos conflictos del paso a una nueva edad, el mayor deseo de la protagonista es la fuga, debido a la asfixia que le produce su ambiente familiar y social. Genoveva es una lúcida provinciana que, rabiosamente, quiere salir de casa y del pueblo donde vive, que, paradójicamente, tiene nombre de planeta recién descubierto, Thérox, alias el ‘Culo del Mundo’.
Pero ¿cómo puede fugarse una chica de 16 años, sin plata y sin muchos amigos, del culo del mundo? El sentimiento de inadaptación al horizonte impuesto por los padres y el colegio de monjas marca el registro descarnado, conmovedor y deslenguado de Genoveva. Ella denuncia la estrechez de las aspiraciones y los roles familiares demarcados en su casa al punto de pedir la muerte del padre, figura en la cual residirían la cobardía, el machismo y el conservadurismo: “No le deseo una muerte dolorosa, lenta, no es eso, bastaría con una soga en perfectas condiciones, estoy harta de que vivamos fingiendo”. Segunda paradoja: ese padre, que resumiría los males que oprimen a Genoveva, a la vez, es trotskista. Las dos contradicciones apuntadas son señales de una época donde conviven un desencanto por las utopías y la idea de progreso.
Honestidad
En este contexto, la voz de la adolescente actúa como una ácida máquina que desnuda las típicas hipocresías de una familia pequeño-burguesa; en el diario, donde hace un guiño con el de Anna Frank, ella no finge, suelta sus sentimientos y sus dudas sin pelos en la lengua. Pero el registro de Genoveva, además, tiene un rasgo bien particular: una tendencia por la hipérbole, no sabe de medias tintas, figura retórica que, al parecer, proviene de ese medio social que la oprime: “La monja se cree poeta y nos satura la mente de adjetivos paroxísticos, adjetivos infernales, como si vivir en este pueblo paroxismal no fuera suficiente”. Este rasgo, me atrevería a decir, es la marca que distingue a la narrativa de Rivero, propia de esos cuentos de gran altura poética como los de su libro Sangre dulce (2006), aunque, en vez de “paroxismo”, un término que le hace más justicia es el de un registro pasional o febril, donde hay lugar para los refranes, los dichos y las palabras soeces, y donde las acciones de los personajes tampoco son de medias tintas. En esta novela, Genoveva habla con el arrebato de una adolescente que ansía huir de su casa para sobrevivir, aunque quiere huir intensamente.
Pero, volviendo a lo anterior, ¿cómo puede fugarse una chica de esa edad? A este problema, Genoveva nos susurra: con la lectura. Porque, aunque en su casa las limitaciones monetarias reinan, hace tiempo que ella partió imaginariamente nutriéndose de toda esa cultura de las revistas científicas y esotéricas de los 80, en especial, la revista Duda, lo increíble es la verdad. Es decir, la protagonista conoce toda esa literatura hija de Madame Blavatsky (así como apuesta por los viajes siderales promovidos por la ingesta de hojitas lisérgicas), territorios llenos de ficción donde “todo es posible” porque se recibe eclécticamente a la ciencia, al budismo o la religión católica, y donde la pregunta por el ser, lo espiritual y los misterios del universo son las principales preocupaciones. Los únicos requisitos para sumergirse en ese mundo son la lucidez y la imaginación, ingredientes que Genoveva tiene de sobra, y le permiten llegar a esa hermosa escena con la que cierra la novela; de la cual solo daré unas pistas: una chica toma su último número de la revista Duda sobre su pecho, “como un escudo”, entre otros objetos valiosos, y sigue el rumbo de las estrellas
Pero ¿cómo puede fugarse una chica de 16 años, sin plata y sin muchos amigos, del culo del mundo? El sentimiento de inadaptación al horizonte impuesto por los padres y el colegio de monjas marca el registro descarnado, conmovedor y deslenguado de Genoveva. Ella denuncia la estrechez de las aspiraciones y los roles familiares demarcados en su casa al punto de pedir la muerte del padre, figura en la cual residirían la cobardía, el machismo y el conservadurismo: “No le deseo una muerte dolorosa, lenta, no es eso, bastaría con una soga en perfectas condiciones, estoy harta de que vivamos fingiendo”. Segunda paradoja: ese padre, que resumiría los males que oprimen a Genoveva, a la vez, es trotskista. Las dos contradicciones apuntadas son señales de una época donde conviven un desencanto por las utopías y la idea de progreso.
Honestidad
En este contexto, la voz de la adolescente actúa como una ácida máquina que desnuda las típicas hipocresías de una familia pequeño-burguesa; en el diario, donde hace un guiño con el de Anna Frank, ella no finge, suelta sus sentimientos y sus dudas sin pelos en la lengua. Pero el registro de Genoveva, además, tiene un rasgo bien particular: una tendencia por la hipérbole, no sabe de medias tintas, figura retórica que, al parecer, proviene de ese medio social que la oprime: “La monja se cree poeta y nos satura la mente de adjetivos paroxísticos, adjetivos infernales, como si vivir en este pueblo paroxismal no fuera suficiente”. Este rasgo, me atrevería a decir, es la marca que distingue a la narrativa de Rivero, propia de esos cuentos de gran altura poética como los de su libro Sangre dulce (2006), aunque, en vez de “paroxismo”, un término que le hace más justicia es el de un registro pasional o febril, donde hay lugar para los refranes, los dichos y las palabras soeces, y donde las acciones de los personajes tampoco son de medias tintas. En esta novela, Genoveva habla con el arrebato de una adolescente que ansía huir de su casa para sobrevivir, aunque quiere huir intensamente.
Pero, volviendo a lo anterior, ¿cómo puede fugarse una chica de esa edad? A este problema, Genoveva nos susurra: con la lectura. Porque, aunque en su casa las limitaciones monetarias reinan, hace tiempo que ella partió imaginariamente nutriéndose de toda esa cultura de las revistas científicas y esotéricas de los 80, en especial, la revista Duda, lo increíble es la verdad. Es decir, la protagonista conoce toda esa literatura hija de Madame Blavatsky (así como apuesta por los viajes siderales promovidos por la ingesta de hojitas lisérgicas), territorios llenos de ficción donde “todo es posible” porque se recibe eclécticamente a la ciencia, al budismo o la religión católica, y donde la pregunta por el ser, lo espiritual y los misterios del universo son las principales preocupaciones. Los únicos requisitos para sumergirse en ese mundo son la lucidez y la imaginación, ingredientes que Genoveva tiene de sobra, y le permiten llegar a esa hermosa escena con la que cierra la novela; de la cual solo daré unas pistas: una chica toma su último número de la revista Duda sobre su pecho, “como un escudo”, entre otros objetos valiosos, y sigue el rumbo de las estrellas
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