domingo, 23 de agosto de 2015
El libro, aún con tropiezos, da pasos adelante
¿Y con qué se come eso?
Una feria del libro siempre es un espacio de encuentro. O de desencuentro, según el punto de vista.
Wilmer Urrelo - escritor
Esta es la época del año en la cual con más gente me encuentro, en la cual más gente abrazo o bien aquella en la que más estrecho manos. Es la época, también, en la que hablo más en público y en la que aparezco más amable y sociable de lo que soy en realidad. En cambio no es la época cuando más libros compro. Es la época en la que debes autografiar libros y por lo tanto en la que, como diría Benito Pérez Galdós en Misericordia, no tienes más remedio que recurrir a “un penoso espurgo en los obscuros cartapacios de tu memoria”, para recordar el nombre de la persona que conoces de algún lado, pues justo se te fue en ese momento. O —mientras él paga las consumiciones de la cafetería— debes llamar a alguna amistad y preguntar: “che, ¿cómo se llama ese al que le decíamos el Bastardo?”.
Es la época de la feria de las vanidades —como dijo un amigo— y el que escribe se escurre a un costado de la foto para no ser muy evidente, aunque el que esté libre de vanidades que tire su fotografía con alguien realmente famoso.
Y también, sin duda, es el momento en que las ideas se repiten o a lo mejor ya se agotaron. Tiempo en que las famosas mesas de discusión parecen ser las mismas del año pasado. Lugar donde se hacen las mismas preguntas, donde salen las mismas respuestas y donde, seguro, se llegará a las mismas conclusiones. Este año, sin embargo, y para no pecar de mentiroso, mejoró en algo, sobre todo por la presencia de los “migrantes”.
Es la época de las quejas; unas con razón, otras sin ella. Que por qué los libros cuestan tanto. O bien: por qué había en el segundo nivel una chica —perteneciente sin duda a la dictadura naturalista— ofreciendo juguitos de algo a voz en cuello y diciendo: “es buenísimo para la próstata”. Lo raro es que las modelos de algunos stands corrieron a recibir su poquitito de salvación prostática.
También: que nunca encuentras algo que valga la pena. Eso es verdad en cierta medida, pues al fin pude hallar Pronuncio tu nombre hueco, de Cristina Zabala —me hablaron muy bien de la novela, a ver qué pasa—. Es la época donde todo el mundo anda de acá para allá viendo libros, la época en que los chiquillos y chiquillas de colegio van a la feria en tropel y lo que menos les interesa son los libros: mejor es correr y hacer renegar a los encargados de la feria. Estos últimos son unos jóvenes contemporáneos (por llamarlos de alguna manera) y pareciera que el puesto que ostentan está más bien destinado a un museo del municipio paceño: “no toquen, no hagan, no rían”. Qué bonita manera de “acercar” los libros al futuro de esta aldea. ¿No era mejor que los libros —tienen vida propia, les juro— los busquen a ellos y dejarlos en paz con sus profes para que éstos los domestiquen? Además, para eso les pagan. El que quiere leer lo hará tarde o temprano. Es como las drogas. O el amor. O la gastritis: te tocará alguna de ellas así te hagas el quite.
Y ya que hablamos del futuro: es la época, horrorosa, en que a alguien con espíritu administrativo (o agrónomo, eso no lo sé), se le ocurrió escribir unos cartelitos, imprimirlos y pegarlos en las puertas de los ascensores: “Prohibido el uso de estos ascensores a los estudiantes”. Entonces ahí me tienen, respetable público, subiendo bastón en mano las frías gradas del campo ferial, y cuando alguien me preguntó por qué lo hacía si seguro dejé de ser estudiante hace años, le respondí orgulloso: “es que soy estudiante de ciencias ocultas”. Es la época, de igual manera, donde más nervioso me pongo ante los halagos y no sé qué decir, y donde me quiero meter bajo las piedras —o mejor, y en estricto orden constructivo del campo ferial: bajo la delgada alfombra y luego el cemento— cuando me invitan a una farra, sabiendo que el suscrito es un aburrido y que solo toma notas para sus novelas.
La época, de igual manera, en que llevo a mis sobrinas a comprar libros y donde ninguna de ellas me hace caso, y es la época donde adquirimos algunas cosillas. A saber: las historias del Chavo del Ocho, un libro de Mariana Ruiz, los Beatles en fotografías o la que les debo porque me olvidé (sinceramente) por esperar al buen Carlos Yushimito para irnos a un almuerzo: Las aventuras del Capitán Calzoncillos. Es la época, para finalizar, que esperas que pase con rapidez para darle una calurosa bienvenida al hermoso anonimato: “ah, ¿usted escribe novelas?, ¿y con qué se come eso?”.
Cada escritor, con su barra brava
‘Repatriar’ a los migrantes y traer estrellas internacionales, lo más atinado de este año
Claudia Daza - periodista
El hombre se quebró en la lectura, y con él caímos, aquellos que lo vimos de un lado a otro durante años, escribiendo y vendiendo libros. Y es que Manuel Vargas, escritor reconocido por su trayectoria en la XX edición de la FIL, testimoniaba cómo comenzó su aventura por las letras. Mientras su relato transcurría, yo me preguntaba: ¿quiénes de los asistentes eran escritores, sus lectores o vendedores? ¿Éramos más los amigos o conocidos? Quizás dos o tres escritores, y muy amigos de Manuel, listo. En la sala de abajo, otro escritor presentaba su libro, junto a otro de su misma tanda; lo mismo, uno o dos escritores aplaudiendo, punto. Y es así cómo se han sostenido un sinfín de actividades en la feria: a base de pequeñas barras bravas.
No sé mucho de lenguaje de fútbol pero me encanta gritar “chuza” cuando están a punto de meternos gol. Y eso es lo que voy a hacer ahora, gritar goles, chuzas y sacar tarjetas a modo de relatar ciertos momentos del libro en esta pasión de multitudes.
Walkovers: Es preocupante venir a un partido sabiendo que casi el 50 por ciento de la barra brava boliviana no lee ni un libro al año. Veamos el lado positivo, la otra mitad sí lee, pero solo un libro. Seamos optimistas, algún crack pudo habernos sorprendido.
Nuestra selección: La configuración de jugadores para este año me pareció genial. Eso de que hayan repatriado a los cracks bolivianos, quizás, fue lo más atinado en la organización. Ver jugar de tan cerquita a Colanzi, Ferrufino-Coqueugniot, Rivero, Hasbún, Antezana y Villazón nos hizo sentir de nuevo un orgullo por la verde. Claro que hubiera sido más interesante que los filmen, para que se tenga un archivo y así recordar de aquí a unos próximos años los golazos que nos dedicaron.
Los 10: Hace mucho no se sentía la capacidad de traer tantas estrellas de la literatura internacional. Se agradece, se siente que hay un equipo más preocupado por conseguir algo mejor y no quedarse con la típica respuesta: “es lo que hay”. Además de haber dado talleres, conversado, haber leído parte de su obra, un buen número de escritores le prestó atención a lo nuestro. El mexicano Chimal se llevó una novela de Urzagasti y cuentos de Vargas, Viscarra y otros. Hasta se dio el gusto de aprender más sobre el verbo “ester” con uno de los libreros.
Las condiciones de la cancha: Pudo haber estado mejor. Puede estar mejor. Hay que reclamar por un mejor campo ferial. Un lugar donde todavía no se tienen cajeros de todos los bancos de la ciudad es imperdonable. Se trata de un lugar comercial, no es posible que sigamos llevando nuestra platita bien contada para ciertos libros. ¿Y si falta?, ¿de dónde sacar más dinero para algún libro que nos antojemos? Solo un banco se presta a hacerlo, y los otros brillan por su ausencia. ¿De quién depende eso? Por otro lado, aún se siente la obra bruta del lugar, ¿hasta cuándo vamos a ser el país del así nomás? Tarjetas rojas: De pronto una no puede escuchar una hermosa obra de títeres porque al lado una empresa habla de comida sana, cautivando a todo ese público que debería ser cautivado para leer, y no para comer. El show empresarial ajeno a la lectura no debería ni clasificar para este partido. Arruinan la fiesta del libro, le quitan protagonismo, no saben manejar la pelota en esta cancha, nos confunden, ¿hemos venido a comer o a buscar novelas?Tarjetas amarillas: Se siente la soledad de los escritores. Se siente la poca intervención de otras artes para hacer de la feria un performance en sí mismo.
Ya Urrelo declaró, sentado por ahí: “En las Jornadas de Literatura siempre hablan lo mismo, y los mismos, hay que hacer propuestas más cautivantes para otros”. No es que las jornadas estén mal pensadas, pero ¿cómo es posible que la sala más grande de la feria se haya llenado con 800 personas en una charla que no era de literatura, sino de autoayuda? ¡Chuza!
Golazos: Me alegra haber encontrado publicaciones nuevas, se siente la apuesta de algunas editoriales por lo nacional. Saber que Hasbún está haciendo furor alegra, saber que Espinal sigue vigente alegra. Encontrar la poesía completa de Matilde Casazola alegra, comenzar con la biblioteca bicentenaria alegra, ver partituras de boleros de caballería recopilados por Jenny Cárdenas alegra. Ese tipo de publicaciones merecen nuestros aplausos.
Fotos para el recuerdo: Que esta feria haya sido memorable para muchos. Que de aquí a veinte años recordemos qué libro nos compramos, a qué escritor escuchamos y sepamos quién dijo qué cosa, a cuánto estaba la entrada y qué mirada nos lanzó la caserita de anticuchos al salir de la feria. Así nomás uno se acuerda de un buen partido, la cosa es continuar con el juego, no vaya a ser que abandonemos nuestros libros en un stand: eso sería como fallar un penal…y en esta época, como vamos, hay que saber patear.
Un espejo de la realidad del rock boliviano
La idea de preservar el legado del rock and roll viene cuajando desde mediados de la década de 1980. El surgimiento del Rock and roll Hall of Fame, la constante publicación de reediciones, remasterizaciones y rarezas, viene acompañado de abundante oferta literaria dedicada a la narración de continuidades temáticas a lo largo de la corta historia del rock.
Esta postura posmoderna de documentación de la historia del rock and roll se ha expandido en todo el mundo, a tal punto de que ya no resulta extraño ingresar a una librería y encontrarse con alguno de estos volúmenes dedicados a esta fascinante saga musical, sin ir más lejos, países vecinos como Brasil y Argentina se han subido al carro hace mucho tiempo. Ingresar a sus librerías ofrece la grata posibilidad de encontrarse no con una, sino con varias opciones sobre un mismo tópico o sujeto.
La realidad en nuestro país dista mucho de lo descrito, sin embargo desde hace algunos años contamos con un compendio que de alguna manera saca cara por la labor pendiente de documentar el legado de nuestros rockeros nacionales. Es así que dentro de la reciente Feria Internacional del Libro en La Paz se presentó la obra Medio Siglo de Rock Boliviano. Una urgente actualización a la primera edición titulada Cuarenta Años de Rock Boliviano del periodista Marco Basualdo.
El libro ostenta un formato compacto y de diseño más atractivo que el anterior volumen. Dentro de sus páginas podemos encontrar una colección de ensayos transversales que reflexionan sobre el rumbo musical que tomó el rock hecho en Bolivia a lo largo de estos 50 años. A la par y casi en orden cronológico, estos ensayos vienen matizados por pequeñas monografías dedicadas a las bandas que forman y formaron parte de la construcción del rock boliviano.
La mayor virtud del trabajo reside en la voluntad de narrar, de alguna manera, el devenir del rock boliviano desde una perspectiva periodística a través de la agudeza del controvertido Marco Basualdo. A 50 años de producción más o menos constante, preocupa que ese libro todavía sea el único referente bibliográfico del rock hecho en Bolivia.
La imposibilidad de articular una narrativa que denote continuidades a lo largo de la historia del rock boliviano, deriva en un texto episódico e inconexo que sirve como espejo de la realidad del movimiento rockero en nuestro país. Esta falencia no es atribuible a la incapacidad periodística de construir un relato, sino al accidentado camino del rock boliviano que, más allá de producir un puñado de vacas sagradas, no ha podido articular un discurso constante o al menos consistente en función de la realidad de nuestro país.
Medio Siglo de Rock Boliviano, de Marco Basualdo, es una vez más un documento que refleja las carencias de un movimiento que 50 años después todavía se encuentra en proceso de consolidación. Es un texto que, como todo documento histórico, debe llamar a la reflexión a los artistas que son parte de esto que llamamos rock boliviano.
Guido Cabrerizo, el poeta doblemente salvo
"ANDAMIOS"| SE PRESENTARÁ ESTE PRÓXIMO 29 DE AGOSTO EN LA TROJE.
Conocí a Guido Cabrerizo hace algunas semanas, como conozco a mucha gente por mi oficio. Él iba a presentar su libro “Guadalupe” y acababa de presentar su obra “Andamios” en Cochabamba, la misma que, dado el éxito de la primera, se volverá a presentar este sábado 29 de agosto en La Troje.
Nos unía un amigo entrañable en común: el artista plástico José Bayro, por lo que el encuentro fue más bien una especie de reencuentro, algo extraño, como si ya nos hubiésemos conocido. Generosamente, compartió conmigo algo de su obra, haciéndome escuchar sus poemas de “Andamios” y leyéndome algunos de “Guadalupe”.
En ese primer encuentro y luego de una larga charla, le pedí me conceda una entrevista. El diálogo que sigue, es parte de ella.
Conocer su poesía fue una experiencia verdaderamente sanadora. Su visión, muy contagiosa por cierto, de la vida y sobretodo de la muerte, me ayudó a entender muchas cosas, como que los seres amados que nos preceden en ese camino que a todos nos toca, viven en nosotros cada instante... que somos algo de ellos y que la muerte no es más que “una ilusión”.
“Escribo para salvarme, y si en el intento soy capaz de salvar a otro, soy doblemente salvo”, dice el poeta.
Pienso que el arte en general hace eso con nosotros los espectadores, cuando nos emociona, nos toca, nos ayuda a descubrirnos, a entendernos y claro, por esa vía, por qué no, a salvarnos. Eso hacen por nosotros los artistas.
Luego de varios años de vivir en Estados Unidos, Guido regresó hace unos meses a vivir a Cochabamba, su tierra natal, donde dice, se siente tan pero tan acogido y a gusto, “que hasta se le dificulta escribir”.
“Es tan deliciosamente sencilla mi patria, tan complicada en sus amores y tan traumática en su política, que me cuesta escribirla. Es una madre que me acoge, que habla por mi, por mis penas y alegrías...”, dice.
¿Es más fácil escribir desde la nostalgia? pregunto.
No sé cuándo es más fácil escribir pero definitivamente ha fluido más en las soledades, en las soledades acompañadas, en las nostalgias, en el saber que era un padre a medio tiempo. Hay un poema que puede hablarte un poco de eso, “Soy lo que soy” y hay nostalgia. O este otro que acabo de encontrar, “Nostalgia Sur”:
Descifrar intentaré el invierno que no pasa.
Y tu, mujer que inventas con amor primavera,
verano, para aliviar las ausencias que
en mi vida esperan por mi.
Cubro la distancia con letras que del alma brotan,
y son tus ojos solidarios que con amor humedecen
y dejan caer lágrimas para arrullar con tibieza mi existencia;
manantial de termal agua son tus lágrimas,
que descuelgan el amor de madre, padre, hijos, hermanos, amigos,
que se quedaron en el invierno que del sur vienen.
Ese es el sur amada mía, ese es mi sur,
nostalgia que invierna en un pedazo de mi vida.
Siempre me faltó algo estando lejos, ahí es que ratifico que escribo para salvarme, dice.
Cuéntame más sobre tu vida.
Soy hijo de la dulce Elizabeth Barrientos y del ilustre Antonio Cabrerizo, un ser humano que ha dejado profunda huella. Es un poco difícil ser su hijo pero me siento privilegiado de haber tenido un padre así.
Me gusta parecerme a mis padres. Creo que los hijos, a lo largo del tiempo, nos vamos pareciendo más a nuestros padres, a todo aquello que impacta tu vida. Mi padre tuvo definitivamente un impacto grande en mi vida.
¿Cómo era don Antonio?
Como esos molles hermosos que tienen una gran sombra y bajo esa sombra estás tú. Creo que mi misma rebeldía... en el colegio las monjas siempre hacían alusión a mi padre, cuando intentaban corregirme por alguna travesura o mi pésima lectura. “Tu padre sí sabe leer...”. Un buen día, una de las monjitas del Loyola me dijo: por qué no eres como tu padre, y yo repliqué: “yo no soy hijo de don Antonio, don Antonio es mi padre.
¿Tu padre era muy estricto?
Mi padre era estricto con él mismo, por la infancia que tuvo, por las responsabilidades que tuvo desde muy niño. Él perdió a su padre cuando tenía once años. Creo que su actitud era disciplinada más que ser un hombre que te impone la disciplina, pero era muy alegre. Para muchas personas mi padre era un hombre serio, muy tranquilo, pero era un hombre alegre.
Lo que pasa es que la gente recurría mucho a mi padre cuando tenía problemas, entonces él tenía que tener una conducta de escucha, de solidaridad, era un hombre muy reflexivo y tenía la gran virtud de escuchar.
Ver a mis padres siempre juntos caminar por la vida, me llena el alma de profundos recuerdos, de imágenes que se me quedaron tatuadas en mi ser y la razón de ser, en la certeza de saber que estoy en el intento de estar donde tengo que estar.
Vienes de una familia grande, como las de antes...
Hermosas pues... De católicos profundos. Una de las cosas que admiro de mi padre, es su fe.
¿La has heredado?
Uno viene con la fe ya incorporada; yo creo que sí, que la he heredado, pero no te das cuenta, no te das cuenta cuán saludable se te va haciendo. Uno hereda y no sabe hasta que la vida misma te enfrenta a situaciones. A medida que vas creciendo a lado de tus padres, vas absorbiendo mucho, pero sobre los temas de fe en el caso de mis padres. Yo sí soy un hombre de fe, por supuesto. Pues aquel que cree en la luz, no puede no creer en la fe. Creo en un ser divino. Sin embargo, estoy consciente del daño que han podido causar las religiones en el buen desenvolver del ser humano. Pero también estoy consciente que mi padre fue un hombre que vivió su religión, su fe intensamente, y se esforzó mucho por ser un buen católico.
Mi madre sigue en ese esfuerzo y en su tarea de amor.
¿Te consideras un buen católico?
No lo sé, creyeras? Sin embargo, es algo que he heredado. Me gusta la Iglesia, me gustan los templos donde vamos los católicos a orar, se respira paz y tranquilidad.
¿En qué momento de tu vida te das cuenta de que tenías la fe incorporada?
Frente al hecho de la muerte.
“Conocí la muerte en otro cuerpo” dices en un poema. Y eso es lo más doloroso...
Sí, lo fue...
No tienes escapatoria, estás atada a mi poesía
y mira cómo son las cosas
es en el mismo verso
que te dejo inmensamente libre
y dulcemente mía
El día en que la vida continuó después de ti,
después de mi.
Yo aquí, tu, pedacito de universo en franca libertad.
Mi corazón sin ti, perdió el ritmo
Sístole, diástole, diástole sístole
Daba lo mismo, me dolía la vida, me dolía la muerte
Sístole, diástole, sístole, diástole
De pronto, mi corazón latía como Dios manda
Y tu, y tu ya te habías ido
Late soledad, late.
Arrúllame entre tus brazos
dame agua para mis ojos
no me dejes solo, soledad
regálame tinta para este último verso
Te dejé partir, te devolví tu dignidad.
En ese acto deposité todo el amor que tenía,
y me quedé sumido en el silencio
de tus ojos vencidos,
en tu último aliento
Me dejé ir.
Caminé, caminé y caminé.
Nadie. Nadie notó que estaba muerto.
Late soledad, late,
dame agua para mis ojos,
regálame tinta para este último, para este último Adiós.
¿Qué viene después del duelo, en tu caso?
Ese maravilloso encuentro con la Musa. Un encuentro de dos seres; con una mujer maravillosa que tiene una inmensa capacidad de amar. No nos buscamos, nos encontramos. De hecho, el 80 por ciento de “Andamios”, tiene que ver con nosotros...
Impaciente y dulce amor mío,
me receto amarte y dejar que me ames
en la impaciencia...
y en la paciencia de nuestro amor bueno,
descansar de nosotros mismos.
Ah! ¿Puedo aprovechar de este momento para dejarle un encargo?
pregunta Guido.
Por supuesto! Dale.
Que de mi quede, nuestras noches de sol y luna llena,
de mi aliento brisa que bajo tu falda juega.
de mis pasos la huella que me trajo entero a ti
de mis malos humores tus odios, tan llenos de amor
y claro, te dejo también mis demonios rebalsados
de ángeles bandidos, esos que se deslizan y te transitan.
En resumen y al grano, amor mío, te dejo dicho y sustentado
este batidito de palabras
sencillo, sin más pretensión
que un no me olvides...
y si me olvidas,
que sea el más dulce de tus olvidos
EL PROCESO DE RECONOCERSE POETA
Guido hizo la primaria en el colegio Loyola y la secundaria en el San Agustín; salió bachiller en California y estudió Ingeniería Electrónica en el Foot Hill College.
¿Ingeniería Electrónica? Pregunto. “¡Imagínate!”, dice él para explicar presuroso que sin embargo ya antes “el arte empezó a abrir su camino en su ser íntimo”.
“Esto de escribir empezó desde muy chico, pero era algo muy mío, que ni siquiera lo compartía con mi padre, aunque él sabía de mis inclinaciones”, asegura.
¿Cómo te veía tu padre? Como ingeniero?
No, jamás. Siempre supo...
¿Y por qué elegiste Ingeniería?
Quizá porque para mi las matemáticas y el razonamiento lógico eran lo más sencillo. Entonces era lo más cómodo y a veces lo más cómodo no es natural. Entonces cuando te empiezas a plantear sueños, a plantear lo que eres, surge un enfrentamiento necesario, un enfrentamiento con temas de mi ego...
¿Te ha costado encontrar y asumirte poeta?
Claro, mucho!
¿Tiene que ver con la imagen tan fuerte de tu padre?
No, creo que tiene que ver mucho con el entorno. Mi padre fue un hombre que nunca me obligó a nada. Una vez me dijo que yo podía ser un gran relacionar público, me lo dijo una sola vez. Pero yo viví en un entorno diferente, de médicos, ingenieros, entonces uno se va encasillando y auto etiquetando. Decidí ingeniería porque estaba muy de moda...
¿Pero cuándo te reconoces poeta?, insisto impaciente, y para responder, Guido prefiere leer un poema.
“Hablar de mis intimidades, siempre viene acompañado de un textillo”, explica, y es un verdadero placer escucharlo:
Así renací poeta,
con cicatrices frescas, ojeras en el alma,
poemas regados en el invisible papel
del poeta sin rostro, del poeta sin rostro y nombre cambiado.
Poeta sepulturero, autor de epitafios crueles,
guerrero implacable del día a día, vencedor
de jornadas vacías,
navegante de la noche, aniquilador de fantasmas
y poemas nuevos,
seductor de la tristeza, manipulador de la soledad,
dueño absoluto de su carne.
Tomó conciencia del dolor que le causaban estas interminables
jornadas de enfrentamientos,
se lanzó al fondo
y en el fondo, donde habita el ser íntimo, encontró al poeta y su vena
a punto de estallar en poesía nueva.
Soy yo, Guido Ernesto, y hoy comparto mi poesía.
“Este poema me hace entender quién soy”, dice; “quien soy entre comillas, porque mi proceso es la búsqueda de mi mismo. Como digo y lo repito, la búsqueda de mi mismo ya es demasiado, el resto, lo que suceda en mi entorno, ya es añadidura, una dulce añadidura por supuesto porque vas creciendo, pero creo que mi propósito es conquistarme a mi mismo”.
“Salvarte a ti mismo...”
Salvarme a mi mismo, sí. Pepe Bayro, en un encuentro en Nueva York en un momento en que ambos nos reconocíamos como artistas, me decía: América ya la descubrió Cristóbal Colón y todos esos gallos, ahora la lucha es descubrirnos a nosotros mismos.
Me imagino que es la búsqueda de todos los artistas.
El artista, el que se concibe y se reconoce artista, tiene que ser necesariamente honesto consigo mismo. No creo que haya poetas que no digan sus verdades, sus intimidades. Para mi la poesía es eso, llegar al fondo de ti mismo, y ser, desnudarte, y a través de la palabra, desnudar a los demás. Todos los poetas tienen su versión de la poesía pero yo creo que la poesía es eso. Yo no busqué al poeta en la estratósfera, que es lo que ha estigmatizado mucho al poeta; se piensa que somos seres de otro planeta... En mi caso y en muchísimos otros, nada más falso. Cuando uno toca el fondo, es porque en el fondo hay algo, en el fondo hay este cuerpo y en este cuerpo habitan miles de cosas reales. Ahí creo yo que entro a mi propio sótano, desde donde nace la poesía.
Háblame de “Andamios”.
Andamios es una obra sin fin, donde me construyo, me reconstruyo, por donde transito.
La obra Andamios, ¿es una lectura de poesía diferente?
Sí, es diferente porque interactúa con otras artes. Bernardo Franck, que es el director de Teatro Hecho a Mano y director de esta propuesta, prefiere llamarla una puesta en escena más que un performance. Para mi, es una lectura que interactúa con otras artes y que comparto con otros maravillosos artistas de Hecho a Mano y brillantes chicos artistas del Instituto Laredo. Acompañada de la magia de La Troje y escenografía del arquitecto y maestro Gustavo Tejerina, Andamios conversa con la obra del maestro José Bayro.
Conocí a Guido Cabrerizo hace algunas semanas, como conozco a mucha gente por mi oficio. Él iba a presentar su libro “Guadalupe” y acababa de presentar su obra “Andamios” en Cochabamba, la misma que, dado el éxito de la primera, se volverá a presentar este sábado 29 de agosto en La Troje.
Nos unía un amigo entrañable en común: el artista plástico José Bayro, por lo que el encuentro fue más bien una especie de reencuentro, algo extraño, como si ya nos hubiésemos conocido. Generosamente, compartió conmigo algo de su obra, haciéndome escuchar sus poemas de “Andamios” y leyéndome algunos de “Guadalupe”.
En ese primer encuentro y luego de una larga charla, le pedí me conceda una entrevista. El diálogo que sigue, es parte de ella.
Conocer su poesía fue una experiencia verdaderamente sanadora. Su visión, muy contagiosa por cierto, de la vida y sobretodo de la muerte, me ayudó a entender muchas cosas, como que los seres amados que nos preceden en ese camino que a todos nos toca, viven en nosotros cada instante... que somos algo de ellos y que la muerte no es más que “una ilusión”.
“Escribo para salvarme, y si en el intento soy capaz de salvar a otro, soy doblemente salvo”, dice el poeta.
Pienso que el arte en general hace eso con nosotros los espectadores, cuando nos emociona, nos toca, nos ayuda a descubrirnos, a entendernos y claro, por esa vía, por qué no, a salvarnos. Eso hacen por nosotros los artistas.
Luego de varios años de vivir en Estados Unidos, Guido regresó hace unos meses a vivir a Cochabamba, su tierra natal, donde dice, se siente tan pero tan acogido y a gusto, “que hasta se le dificulta escribir”.
“Es tan deliciosamente sencilla mi patria, tan complicada en sus amores y tan traumática en su política, que me cuesta escribirla. Es una madre que me acoge, que habla por mi, por mis penas y alegrías...”, dice.
¿Es más fácil escribir desde la nostalgia? pregunto.
No sé cuándo es más fácil escribir pero definitivamente ha fluido más en las soledades, en las soledades acompañadas, en las nostalgias, en el saber que era un padre a medio tiempo. Hay un poema que puede hablarte un poco de eso, “Soy lo que soy” y hay nostalgia. O este otro que acabo de encontrar, “Nostalgia Sur”:
Descifrar intentaré el invierno que no pasa.
Y tu, mujer que inventas con amor primavera,
verano, para aliviar las ausencias que
en mi vida esperan por mi.
Cubro la distancia con letras que del alma brotan,
y son tus ojos solidarios que con amor humedecen
y dejan caer lágrimas para arrullar con tibieza mi existencia;
manantial de termal agua son tus lágrimas,
que descuelgan el amor de madre, padre, hijos, hermanos, amigos,
que se quedaron en el invierno que del sur vienen.
Ese es el sur amada mía, ese es mi sur,
nostalgia que invierna en un pedazo de mi vida.
Siempre me faltó algo estando lejos, ahí es que ratifico que escribo para salvarme, dice.
Cuéntame más sobre tu vida.
Soy hijo de la dulce Elizabeth Barrientos y del ilustre Antonio Cabrerizo, un ser humano que ha dejado profunda huella. Es un poco difícil ser su hijo pero me siento privilegiado de haber tenido un padre así.
Me gusta parecerme a mis padres. Creo que los hijos, a lo largo del tiempo, nos vamos pareciendo más a nuestros padres, a todo aquello que impacta tu vida. Mi padre tuvo definitivamente un impacto grande en mi vida.
¿Cómo era don Antonio?
Como esos molles hermosos que tienen una gran sombra y bajo esa sombra estás tú. Creo que mi misma rebeldía... en el colegio las monjas siempre hacían alusión a mi padre, cuando intentaban corregirme por alguna travesura o mi pésima lectura. “Tu padre sí sabe leer...”. Un buen día, una de las monjitas del Loyola me dijo: por qué no eres como tu padre, y yo repliqué: “yo no soy hijo de don Antonio, don Antonio es mi padre.
¿Tu padre era muy estricto?
Mi padre era estricto con él mismo, por la infancia que tuvo, por las responsabilidades que tuvo desde muy niño. Él perdió a su padre cuando tenía once años. Creo que su actitud era disciplinada más que ser un hombre que te impone la disciplina, pero era muy alegre. Para muchas personas mi padre era un hombre serio, muy tranquilo, pero era un hombre alegre.
Lo que pasa es que la gente recurría mucho a mi padre cuando tenía problemas, entonces él tenía que tener una conducta de escucha, de solidaridad, era un hombre muy reflexivo y tenía la gran virtud de escuchar.
Ver a mis padres siempre juntos caminar por la vida, me llena el alma de profundos recuerdos, de imágenes que se me quedaron tatuadas en mi ser y la razón de ser, en la certeza de saber que estoy en el intento de estar donde tengo que estar.
Vienes de una familia grande, como las de antes...
Hermosas pues... De católicos profundos. Una de las cosas que admiro de mi padre, es su fe.
¿La has heredado?
Uno viene con la fe ya incorporada; yo creo que sí, que la he heredado, pero no te das cuenta, no te das cuenta cuán saludable se te va haciendo. Uno hereda y no sabe hasta que la vida misma te enfrenta a situaciones. A medida que vas creciendo a lado de tus padres, vas absorbiendo mucho, pero sobre los temas de fe en el caso de mis padres. Yo sí soy un hombre de fe, por supuesto. Pues aquel que cree en la luz, no puede no creer en la fe. Creo en un ser divino. Sin embargo, estoy consciente del daño que han podido causar las religiones en el buen desenvolver del ser humano. Pero también estoy consciente que mi padre fue un hombre que vivió su religión, su fe intensamente, y se esforzó mucho por ser un buen católico.
Mi madre sigue en ese esfuerzo y en su tarea de amor.
¿Te consideras un buen católico?
No lo sé, creyeras? Sin embargo, es algo que he heredado. Me gusta la Iglesia, me gustan los templos donde vamos los católicos a orar, se respira paz y tranquilidad.
¿En qué momento de tu vida te das cuenta de que tenías la fe incorporada?
Frente al hecho de la muerte.
“Conocí la muerte en otro cuerpo” dices en un poema. Y eso es lo más doloroso...
Sí, lo fue...
No tienes escapatoria, estás atada a mi poesía
y mira cómo son las cosas
es en el mismo verso
que te dejo inmensamente libre
y dulcemente mía
El día en que la vida continuó después de ti,
después de mi.
Yo aquí, tu, pedacito de universo en franca libertad.
Mi corazón sin ti, perdió el ritmo
Sístole, diástole, diástole sístole
Daba lo mismo, me dolía la vida, me dolía la muerte
Sístole, diástole, sístole, diástole
De pronto, mi corazón latía como Dios manda
Y tu, y tu ya te habías ido
Late soledad, late.
Arrúllame entre tus brazos
dame agua para mis ojos
no me dejes solo, soledad
regálame tinta para este último verso
Te dejé partir, te devolví tu dignidad.
En ese acto deposité todo el amor que tenía,
y me quedé sumido en el silencio
de tus ojos vencidos,
en tu último aliento
Me dejé ir.
Caminé, caminé y caminé.
Nadie. Nadie notó que estaba muerto.
Late soledad, late,
dame agua para mis ojos,
regálame tinta para este último, para este último Adiós.
¿Qué viene después del duelo, en tu caso?
Ese maravilloso encuentro con la Musa. Un encuentro de dos seres; con una mujer maravillosa que tiene una inmensa capacidad de amar. No nos buscamos, nos encontramos. De hecho, el 80 por ciento de “Andamios”, tiene que ver con nosotros...
Impaciente y dulce amor mío,
me receto amarte y dejar que me ames
en la impaciencia...
y en la paciencia de nuestro amor bueno,
descansar de nosotros mismos.
Ah! ¿Puedo aprovechar de este momento para dejarle un encargo?
pregunta Guido.
Por supuesto! Dale.
Que de mi quede, nuestras noches de sol y luna llena,
de mi aliento brisa que bajo tu falda juega.
de mis pasos la huella que me trajo entero a ti
de mis malos humores tus odios, tan llenos de amor
y claro, te dejo también mis demonios rebalsados
de ángeles bandidos, esos que se deslizan y te transitan.
En resumen y al grano, amor mío, te dejo dicho y sustentado
este batidito de palabras
sencillo, sin más pretensión
que un no me olvides...
y si me olvidas,
que sea el más dulce de tus olvidos
EL PROCESO DE RECONOCERSE POETA
Guido hizo la primaria en el colegio Loyola y la secundaria en el San Agustín; salió bachiller en California y estudió Ingeniería Electrónica en el Foot Hill College.
¿Ingeniería Electrónica? Pregunto. “¡Imagínate!”, dice él para explicar presuroso que sin embargo ya antes “el arte empezó a abrir su camino en su ser íntimo”.
“Esto de escribir empezó desde muy chico, pero era algo muy mío, que ni siquiera lo compartía con mi padre, aunque él sabía de mis inclinaciones”, asegura.
¿Cómo te veía tu padre? Como ingeniero?
No, jamás. Siempre supo...
¿Y por qué elegiste Ingeniería?
Quizá porque para mi las matemáticas y el razonamiento lógico eran lo más sencillo. Entonces era lo más cómodo y a veces lo más cómodo no es natural. Entonces cuando te empiezas a plantear sueños, a plantear lo que eres, surge un enfrentamiento necesario, un enfrentamiento con temas de mi ego...
¿Te ha costado encontrar y asumirte poeta?
Claro, mucho!
¿Tiene que ver con la imagen tan fuerte de tu padre?
No, creo que tiene que ver mucho con el entorno. Mi padre fue un hombre que nunca me obligó a nada. Una vez me dijo que yo podía ser un gran relacionar público, me lo dijo una sola vez. Pero yo viví en un entorno diferente, de médicos, ingenieros, entonces uno se va encasillando y auto etiquetando. Decidí ingeniería porque estaba muy de moda...
¿Pero cuándo te reconoces poeta?, insisto impaciente, y para responder, Guido prefiere leer un poema.
“Hablar de mis intimidades, siempre viene acompañado de un textillo”, explica, y es un verdadero placer escucharlo:
Así renací poeta,
con cicatrices frescas, ojeras en el alma,
poemas regados en el invisible papel
del poeta sin rostro, del poeta sin rostro y nombre cambiado.
Poeta sepulturero, autor de epitafios crueles,
guerrero implacable del día a día, vencedor
de jornadas vacías,
navegante de la noche, aniquilador de fantasmas
y poemas nuevos,
seductor de la tristeza, manipulador de la soledad,
dueño absoluto de su carne.
Tomó conciencia del dolor que le causaban estas interminables
jornadas de enfrentamientos,
se lanzó al fondo
y en el fondo, donde habita el ser íntimo, encontró al poeta y su vena
a punto de estallar en poesía nueva.
Soy yo, Guido Ernesto, y hoy comparto mi poesía.
“Este poema me hace entender quién soy”, dice; “quien soy entre comillas, porque mi proceso es la búsqueda de mi mismo. Como digo y lo repito, la búsqueda de mi mismo ya es demasiado, el resto, lo que suceda en mi entorno, ya es añadidura, una dulce añadidura por supuesto porque vas creciendo, pero creo que mi propósito es conquistarme a mi mismo”.
“Salvarte a ti mismo...”
Salvarme a mi mismo, sí. Pepe Bayro, en un encuentro en Nueva York en un momento en que ambos nos reconocíamos como artistas, me decía: América ya la descubrió Cristóbal Colón y todos esos gallos, ahora la lucha es descubrirnos a nosotros mismos.
Me imagino que es la búsqueda de todos los artistas.
El artista, el que se concibe y se reconoce artista, tiene que ser necesariamente honesto consigo mismo. No creo que haya poetas que no digan sus verdades, sus intimidades. Para mi la poesía es eso, llegar al fondo de ti mismo, y ser, desnudarte, y a través de la palabra, desnudar a los demás. Todos los poetas tienen su versión de la poesía pero yo creo que la poesía es eso. Yo no busqué al poeta en la estratósfera, que es lo que ha estigmatizado mucho al poeta; se piensa que somos seres de otro planeta... En mi caso y en muchísimos otros, nada más falso. Cuando uno toca el fondo, es porque en el fondo hay algo, en el fondo hay este cuerpo y en este cuerpo habitan miles de cosas reales. Ahí creo yo que entro a mi propio sótano, desde donde nace la poesía.
Háblame de “Andamios”.
Andamios es una obra sin fin, donde me construyo, me reconstruyo, por donde transito.
La obra Andamios, ¿es una lectura de poesía diferente?
Sí, es diferente porque interactúa con otras artes. Bernardo Franck, que es el director de Teatro Hecho a Mano y director de esta propuesta, prefiere llamarla una puesta en escena más que un performance. Para mi, es una lectura que interactúa con otras artes y que comparto con otros maravillosos artistas de Hecho a Mano y brillantes chicos artistas del Instituto Laredo. Acompañada de la magia de La Troje y escenografía del arquitecto y maestro Gustavo Tejerina, Andamios conversa con la obra del maestro José Bayro.
Auge en Latinoamérica Las escritoras se hacen 'visibles'
La onda de silencio que ha cubierto a las escritoras latinoamericanas se ha roto del todo. Sus voces, diversas y de todas las generaciones avanzan por el umbral de una época dorada para la literatura al abrirse paso contra las etiquetas, el machismo, la discriminación, los tópicos, los prejuicios, la incultura o la inercia del ninguneo del mundo del libro, la sociedad y los medios de comunicación. Aunque la visibilidad y el reconocimiento de esas autoras es mayor en España que en su propio continente.
Con nombre propio. Piedad Bonnett, Leila Guerriero, Sofía Segovia, Aurora Venturini, Yolanda Arroyo, Zoé Valdés, Laia Jufresa, Flavia Company, Marbel Sandóval Ordóñez.
Son algunos de los nombres de narradoras que ya tienen un lugar en la memoria de los lectores, unas cuantas empiezan abrirse paso y muchas más que no cesan en su empeño de publicar. Pertenecen a una estirpe de creadoras de un continente que la gente relaciona sobre todo con grandes poetisas como Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Rosario Castellanos, Blanca Varela o Ida Vitale...
Entre los 75 nombres que aportan a esta época dorada de las escritoras femeninas de la región, el diario El País de España cita entre ellas a la boliviana Giovana Rivero, que presentó esta semana su última obra "Para comerte mejor", una recopilación de cuentos publicados en revistas o antologías y otros inéditos.
¿Quiénes escriben?. “La suerte es que hablamos de mujeres de generaciones muy diversas: De Hebe Uhart (1936) o Griselda Gambaro (1928), pasando por Laura Restrepo (1950) hasta llegar a Gisela Leal (1987), por dar solo unos pocos nombres. Están ubicadas a lo largo de toda la geografía de la lengua, es decir, no es un fenómeno que se da solo en tal o cual país. Visitan todos los géneros: el teatro, la poesía y la novela por supuesto. Y sus temas son tan amplios como nombres hay. Me parece que sienten la libertad de contar cualquier cosa y de hacerlo sin responder a ningún deber ni estereotipo”. Este es el mapa descrito por Pilar Reyes, que lleva dos décadas oteando y analizando la literatura latinoamericana en su condición de lectora y editora, primero en Alfaguara Colombia y desde hace unos años en España.
Con nombre propio. Piedad Bonnett, Leila Guerriero, Sofía Segovia, Aurora Venturini, Yolanda Arroyo, Zoé Valdés, Laia Jufresa, Flavia Company, Marbel Sandóval Ordóñez.
Son algunos de los nombres de narradoras que ya tienen un lugar en la memoria de los lectores, unas cuantas empiezan abrirse paso y muchas más que no cesan en su empeño de publicar. Pertenecen a una estirpe de creadoras de un continente que la gente relaciona sobre todo con grandes poetisas como Gabriela Mistral, Alfonsina Storni, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Rosario Castellanos, Blanca Varela o Ida Vitale...
Entre los 75 nombres que aportan a esta época dorada de las escritoras femeninas de la región, el diario El País de España cita entre ellas a la boliviana Giovana Rivero, que presentó esta semana su última obra "Para comerte mejor", una recopilación de cuentos publicados en revistas o antologías y otros inéditos.
¿Quiénes escriben?. “La suerte es que hablamos de mujeres de generaciones muy diversas: De Hebe Uhart (1936) o Griselda Gambaro (1928), pasando por Laura Restrepo (1950) hasta llegar a Gisela Leal (1987), por dar solo unos pocos nombres. Están ubicadas a lo largo de toda la geografía de la lengua, es decir, no es un fenómeno que se da solo en tal o cual país. Visitan todos los géneros: el teatro, la poesía y la novela por supuesto. Y sus temas son tan amplios como nombres hay. Me parece que sienten la libertad de contar cualquier cosa y de hacerlo sin responder a ningún deber ni estereotipo”. Este es el mapa descrito por Pilar Reyes, que lleva dos décadas oteando y analizando la literatura latinoamericana en su condición de lectora y editora, primero en Alfaguara Colombia y desde hace unos años en España.
sábado, 22 de agosto de 2015
Presentan segunda edición de "La Serranía Sagrada de los Urus"
"La Serranía Sagrada de los Urus" es un libro de Carlos Condarco Santillán, cuya segunda edición se presentó el reciente jueves por la noche, en el Salón Rojo del Gobierno Autónomo Municipal de Oruro (GAMO), como parte del programa Invierno Cultural y convirtiéndose en un aporte importante a la literatura de la región.
El encargado de presentar el libro fue el gerente general de Latinas Editores, Iván Canelas, quien aseguró estar orgulloso de que su empresa presente esta segunda edición, que espera aportar en la preservación de la cultura orureña.
"Esta es una obra de índole espiritual, una investigación de la espiritualidad del hombre urus, seguramente no es completa y por su lenguaje sencillo puede pecar de ligera, pero es un excelente estudio, por lo menos nos mueve un poco el piso para entender que estamos poblando un espacio geográfico, que muchísimos investigadores esoteristas y espirituales han calificado como sagrado", enfatizó.
Por su lado el secretario de Cultura del Municipio de Oruro, Fabrizio Cazorla, explicó que esta obra es un referente importante para empezar a entender el legado ancestral que dejaron los pueblos urus. "A través de esta obra viene a confirmarse una de importantes teorías y desarrollos conceptuales sobre la interpretación de este espacio natural que tenemos en la ciudad de Oruro y es producto de una relación y de una importante referencia al pueblo de los urus", subrayó.
Quien realizó el comentario del libro, impreso en formato pequeño, fue el etno-historiador e investigador, Genaro Huarita Choque, quien destacó la magnífica simplicidad con que se escribió el texto, entendible para todas las personas, que inicien el proceso de investigación de los pueblos urus.
"Reúne una gran erudición interpretativa y simbólica de lo que es el pensamiento cosmológico andino, desde tiempos muy arcaicos, estructurada en seis capítulos, abarcando desde la concepción del origen del hombre uru, la configuración simbólica, la sobreposición divina de los mitos en base al dios Huari, el tiempo de las arreas y la configuración en este espacio de la Serranía Uru como origen del mundo", enfatizó.
El encargado de presentar el libro fue el gerente general de Latinas Editores, Iván Canelas, quien aseguró estar orgulloso de que su empresa presente esta segunda edición, que espera aportar en la preservación de la cultura orureña.
"Esta es una obra de índole espiritual, una investigación de la espiritualidad del hombre urus, seguramente no es completa y por su lenguaje sencillo puede pecar de ligera, pero es un excelente estudio, por lo menos nos mueve un poco el piso para entender que estamos poblando un espacio geográfico, que muchísimos investigadores esoteristas y espirituales han calificado como sagrado", enfatizó.
Por su lado el secretario de Cultura del Municipio de Oruro, Fabrizio Cazorla, explicó que esta obra es un referente importante para empezar a entender el legado ancestral que dejaron los pueblos urus. "A través de esta obra viene a confirmarse una de importantes teorías y desarrollos conceptuales sobre la interpretación de este espacio natural que tenemos en la ciudad de Oruro y es producto de una relación y de una importante referencia al pueblo de los urus", subrayó.
Quien realizó el comentario del libro, impreso en formato pequeño, fue el etno-historiador e investigador, Genaro Huarita Choque, quien destacó la magnífica simplicidad con que se escribió el texto, entendible para todas las personas, que inicien el proceso de investigación de los pueblos urus.
"Reúne una gran erudición interpretativa y simbólica de lo que es el pensamiento cosmológico andino, desde tiempos muy arcaicos, estructurada en seis capítulos, abarcando desde la concepción del origen del hombre uru, la configuración simbólica, la sobreposición divina de los mitos en base al dios Huari, el tiempo de las arreas y la configuración en este espacio de la Serranía Uru como origen del mundo", enfatizó.
CARLOS YUSHIMITO PRESENTÓ "RIZOMA" EN LA FERIA DEL LIBRO
En el marco de la Feria Internacional del Libro, la Embajada del Perú auspició la presentación del libro "Rizoma", relatos y cuentos del escritor peruano Carlos Yushimito.
Según la crítica, es uno de los más notables narradores peruanos jóvenes, que tiene en su haber ocho libros de cuentos que han sido en parte traducidos al inglés, italiano, francés y portugués.
La consejera del Perú, Liliana Trelles, dijo que el trabajo de Yushimito ha sido incluido en diversas antologías.
La reedición de Rizoma cuenta con ilustraciones serigrafiadas a mano.
La noche de la presentación, los asistentes tuvieron la oportunidad de compartir con el escritor peruano y llevarse un ejemplar autografiado.
Según la crítica, es uno de los más notables narradores peruanos jóvenes, que tiene en su haber ocho libros de cuentos que han sido en parte traducidos al inglés, italiano, francés y portugués.
La consejera del Perú, Liliana Trelles, dijo que el trabajo de Yushimito ha sido incluido en diversas antologías.
La reedición de Rizoma cuenta con ilustraciones serigrafiadas a mano.
La noche de la presentación, los asistentes tuvieron la oportunidad de compartir con el escritor peruano y llevarse un ejemplar autografiado.
Registran 2.809 bolivianismos en Diccionario de la Lengua Española
“El estudio de Raúl Rivadeneira, fuera de dar cuenta del número de bolivianismos consignados en el Diccionario de la lengua española (DILE) y de hacer su respectivo registro, ofrece atinados comentarios sobre cuestiones tan importantes como la redacción de las definiciones de bolivianismos, señalando las deficiencias e inexactitudes de que en no pocos casos adolecen”, refiere el director de la Academia de la Lengua, Mario Frías en el prólogo de la obra bolivianismos en el Diccionario de la lengua española Raúl Rivadeneira Prada que contiene 2809 palabras propias del país.
Esta obra registra y estudia los bolivianismos contenidos en la vigesimotercera edición del Diccionario de la lengua española (DILE/2014), publicada en octubre delm mismo año. Para el acopio de voces bolivianas, con o sin el acompañamiento de otras marcas, así como para la verificación de adiciones, omisiones y supresiones, ha seguido un procedimiento comparativo del DILE/2014 con la 23.ª edición del DRAE/2001.
Dicho trabajo de incorporación de bolivianismos al DILE/2014 estuvo a cargo de la Comisión de Lexicografía de la Academia Boliviana de la Lengua integrada en los últimos diez años por los académicos Raúl Rivadeneira Prada (Coordinador), Carlos Coello Vila y Mario Frías Infante.
El estudio registra 134 palabras de origen quechua, 26 de origen aimara, 17 de origen guaraní, y 1 de origen tupí, por ejemplo: acullico, aguayo, alasita, amancay, amauta, apacheta, aparapita, api, ara, capiguara, chala, challar, choclo, chuño, chuspa, colla, cuñapé, guabirá, guaraná, guagua, guasca, huaiño, huairuro, huiro, huminta, ispi, lagua, llajua, llocalla, locro, macurca, ojota, opa, pacay, pajla, pasancalla, pascana, patasca, picana, quinua, quiñar, quirquincho, sirvinacu, surubí, tacurú, tambo, tapera, tara tatú, tauca, tincar, tipoi,tunta, yacaré, yarará.
Asimismo, se hallan los llamados “orientalismos” (palabras más usuales en Santa Cruz, Beni y Pando), tales como: achachairú, aribibi, buri, camba, chirapa (de étimo quechua), curucusí, empanizao, guapomó, guapurú, horneado, -ingo, ga (sufijo diminutivo o afectivo), motacú, pacumutu, saó, sepe, tarechi, toborochi, y varias decenas más en actual uso.
Esta obra registra y estudia los bolivianismos contenidos en la vigesimotercera edición del Diccionario de la lengua española (DILE/2014), publicada en octubre delm mismo año. Para el acopio de voces bolivianas, con o sin el acompañamiento de otras marcas, así como para la verificación de adiciones, omisiones y supresiones, ha seguido un procedimiento comparativo del DILE/2014 con la 23.ª edición del DRAE/2001.
Dicho trabajo de incorporación de bolivianismos al DILE/2014 estuvo a cargo de la Comisión de Lexicografía de la Academia Boliviana de la Lengua integrada en los últimos diez años por los académicos Raúl Rivadeneira Prada (Coordinador), Carlos Coello Vila y Mario Frías Infante.
El estudio registra 134 palabras de origen quechua, 26 de origen aimara, 17 de origen guaraní, y 1 de origen tupí, por ejemplo: acullico, aguayo, alasita, amancay, amauta, apacheta, aparapita, api, ara, capiguara, chala, challar, choclo, chuño, chuspa, colla, cuñapé, guabirá, guaraná, guagua, guasca, huaiño, huairuro, huiro, huminta, ispi, lagua, llajua, llocalla, locro, macurca, ojota, opa, pacay, pajla, pasancalla, pascana, patasca, picana, quinua, quiñar, quirquincho, sirvinacu, surubí, tacurú, tambo, tapera, tara tatú, tauca, tincar, tipoi,tunta, yacaré, yarará.
Asimismo, se hallan los llamados “orientalismos” (palabras más usuales en Santa Cruz, Beni y Pando), tales como: achachairú, aribibi, buri, camba, chirapa (de étimo quechua), curucusí, empanizao, guapomó, guapurú, horneado, -ingo, ga (sufijo diminutivo o afectivo), motacú, pacumutu, saó, sepe, tarechi, toborochi, y varias decenas más en actual uso.
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